Esa frase milenaria se la atribuye a muchos de los grandes filósofos griegos y yo se la hubiera puesto como subtítulo al libro de Osvaldo Hurtado, Las costumbres de los ecuatorianos, pero en plural. Publicado hace más de una década, ahora se presenta en una décimo cuarta edición revisada, lo que motiva una entrevista con el expresidente (pág. 26) y la columna de opinión de Hernán Pérez sobre la importancia que tiene este libro en la actualidad.