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E especial

Edificio obra del arquitecto René Bravo en la Escuela Superior Politécnica del Litoral.

Obras que no caducan
El mes próximo se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento del arquitecto René Bravo, quien dejó un profundo legado en el ambiente académico.

Arquitecto René Bravo
Dicen que los visionarios son aquellas personas que consiguen adelantarse a su tiempo y crear objetos con una proyección futurística que trasciendan a su propia existencia. El arq. René Bravo Espinoza fue uno de ellos.

Desde su proyecto de tesis para obtener su título de Arquitecto en la Universidad de Guayaquil, se destacó de entre sus compañeros. Su proyecto Plan General Urbano de Durán se hizo acreedor a un reconocimiento.

Desde entonces, se vinculó con varios proyectos arquitectónicos en Guayaquil, muchos de los cuales aún permanecen en la urbe con diseños que siguen siendo modernos, pese al paso del tiempo.

Logró combinar su actividad profesional con la académica; fue profesor y subdecano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil y ejerció la cátedra de Dibujo Técnico en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

En la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil fue profesor principal en varias asignaturas de Diseño desde 1963 y se desempeñó como director del Área de Diseño Arquitectónico y Urbanístico. En 1973 se asoció con el arquitecto Gonzalo Robalino Patiño realizaron obras que ganaron premios. Dos de los más importantes son los edificios de Actos Culturales y la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica. Este último “lleva nombre de mi papá por su valiosísima trayectoria académica y profesional. Lo diseñó junto con el Arq. Robalino y mi tío el Arq. Marcelo Bravo Espinoza. Esa obra ganó el premio de la Bienal de Arquitectura del año 1982 y tiene una mención en la Bienal de Bulgaria de 1993”, comenta su hijo René. “Él fue mi profesor durante los dos primeros años cuando estudié Arquitectura en la Universidad Católica. Luego al graduarme, me pidió que fuera su ayudante en el proyecto del colegio Normal Católico, que se encuentra detrás del colegio Nuestra Madre de la Merced. Y lo hice gustosamente porque lo admiraba”, recuerda Robalino.


Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica.

Esta sociedad se formalizó a fines de 1981 con la constitución de la compañía Bravo y Robalino Arquitectos Displan C.Ltda., bajo cuyo nombre continuaron una intensa actividad profesional. Además juntos desarrollaron el proyecto urbanístico y diseño de los edificios del Campus Politécnico de la Espol en el campus Prosperina en Guayaquil. El Consejo Politécnico resolvió darle un reconocimiento por este trabajo. También tuvo otra mención a nivel mundial, por su arquitectura amigable, según su hijo. “Mi papá tenía un gran respeto a la naturaleza y al hombre como parte del entorno”.

La Espol es la décimo tercera universidad a nivel mundial con un campus amigable con el ecosistema. “Recién ahora, se habla de que las casas deben adecuarse al clima, pero él ya analizaba hacía un estudio del entorno y sus condicionantes físicas”. Es así que dentro del plano del campus de la Espol se mantuvo el respeto de cada árbol considerado representativo.
No se tumbó ni un solo ceibo por lo que al recorrer el campus se pueden encontrar árboles en patios interiores.

Y es que aún cuando en esa época nadie hablaba de las construcciones bioclimáticas, el arq. Bravo ya incluía estos conceptos en todos sus proyectos algo que también se pude observar en la “Capilla de Data”, en la vía Data-Posorja, otro de sus proyectos. Desde el sitio donde está ubicada esta iglesia se puede ver el mar. “La gente que estaba en misa tenía de fondo el mar”, detalla su ex socio.

El arquitecto también manejaba a la perfección muchos materiales. en especial la madera, que es un rasgo representativo en la mayoría de sus obras. También fue pionero en el uso de materiales de construcción a la vista como el hormigón, la piedra y el ladrillo.

El último proyecto en que trabajó fue el campus de la Universidad Casa Grande, que ahora está a cargo del arq. Robalino. Y aunque su vida se extinguió en mayo del 2010 su legado y sus obras continúan en pie para el beneficio y aprendizaje de todos. “Más que la arquitectura mi papá era una persona de principios, que no comercializaba con su carrera. Ese es el legado que me dejó a nivel personal”, destaca su hijo.