Malafaia un líder evangélico

29 de Enero de 2012
  • Silas Malafaia, un evangelista de televisión, en uno de sus eventos ‘Cruzadas’, en Fortaleza, Brasil.
  • Como evangelista de televisión, Malafaia llega a televidentes en docenas de países, incluido EE.UU.
  • Malafaia movilizó este año a miles para marchar en la capital, Brasilia, contra una iniciativa de ley pro orientación sexual.
Simon Romero - The New York Times

Salas Malafaia es considerado uno de los hombres más poderosos de Brasil. Con millones de seguidores, arremete contra grupo minoritarios y hasta se inmiscuye en asuntos políticos. ¿Hasta dónde querrá llegar?

Los libros de Silas Malafaia, que se venden por millones en Brasil, tienen títulos como Cómo derrotar las estrategias de Satanás y Lecciones de un ganador. El jet privado Gulfstream en el que viaja tiene inscrita en el fuselaje la frase Favor of Dios.

Como evangelista de televisión, Malafaia llega a televidentes en docenas de países, incluido EE.UU., donde los canales Daystar y Trinity Broadcasting Network transmiten sus sermones sobredoblados. Durante 30 años, Malafaia, de 53 años, ha reunido iglesias y empresas florecientes en torno a sus prédicas pentecostales.

No obstante, no podría haber obtenido poca atención más allá de sus seguidores, si no se hubiese hundido en la versión brasileña de las guerras culturales. Después de todo, Brasil tiene dirigentes evangélicos que comandan imperios mayores, como Edir Macedo, cuya Iglesia Universal del Reino de Dios controla Rede Record, una de las televisoras más grandes de Brasil. A otros, como Romildo Ribeiro Soares, de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, se les conoce por un mayor entusiasmo misionero.

Ataques verbales

Sin embargo, es Malafaia quien ha atraído recientemente la mayor atención, con sus ataques verbales mordaces contra un conjunto amplio de enemigos, incluidos los líderes del movimiento por los derechos de los gays en Brasil, defensores del derecho al aborto y partidarios de la despenalización de la marihuana.

“Soy el enemigo público número uno del movimiento gay en Brasil”, dijo Malafaia en una entrevista en Fortaleza, una ciudad en el noreste brasileño, donde llegó a liderar una de sus autodefinidas ‘cruzadas’, un acto que mezcla religión y canciones frente a unas 200.000 personas. Lágrimas rodaron por el rostro de algunos asistentes vehementes, mientras otros bailaban con las interpretaciones que abrieron el acto.

Antes de subir al púlpito, habló de cuán codiciado se ha vuelto en programas de entrevistas en televisión como compañero de discusiones de dirigentes gays. Sin embargo, solo es una pequeña parte de su repertorio, y la televisión es solo uno de muchos medios a disposición de Malafaia. En Twitter tiene casi un cuarto de millón de seguidores y fustiga no solo a enemigos liberales, sino también a periodistas y dirigentes evangélicos rivales en videos distribuidos en YouTube.

Como es lógico, su cada vez mayor prominencia lo ha convertido en fuente tanto de admiración como de descontento. Movilizó este año a miles para marchar en la capital, Brasilia, contra una iniciativa de ley orientada a ampliar la legislación contra la discriminación para incluir la orientación sexual.

“Es como Pat Robertson en el sentido de ser un pionero en la movilización de la derecha evangélica de Brasil hacia el reino político nacional”, comentó Andrew Chesnut, un experto en religiones latinoamericanas en la Virginia Commonwealth University, comparando a Malafaia con el evangelista conservador de la televisión estadounidense.

¿Celebridad religiosa?

La élite de Brasil trata de comprender el ascenso de semejante personaje polarizador y cómo podría influir en la política del país. Piaui, una revista que es el equivalente aproximado de The New Yorker en EE.UU., publicó un artículo largo este año sobre el ascenso de Malafaia desde la oscuridad en Río de Janeiro, donde creció en una familia de militares, al poder que hoy detenta.

Más allá de Malafaia, la amplia expansión de las creencias evangélicas, en particular la Pentecostés, en las últimas décadas está alterando la política brasileña. (Si bien el pentecostalismo varía mucho, sus principios en Brasil incluyen sanación por fe, profecías y exorcismo). Ahora, dirigentes en Brasilia deben consultar a una camarilla evangélica de legisladores con gran influencia sobre una gama de asuntos.

Se piensa que cerca de uno de cada cuatro brasileños pertenece ahora a congregaciones protestantes evangélicas, y pentecostales como Malafaia están a la vanguardia de este crecimiento. En una asombrosa transformación religiosa, académicos dicen que mientras que Brasil aún tiene la mayor cantidad de católicos romanos en el mundo, ahora también rivaliza con EE.UU. en tener una de las poblaciones más grandes de pentecostales. No todos son entusiastas de este cambio en Brasil.

“El Papa vuela en un jet jumbo... Pero si un pastor viaja en un jet viejo,  se le considera un ladrón”, Silas Malafaia.

 

De grueso calibre

En un ensayo publicado en noviembre, la periodista Eliane Brum escribió sobre la intolerancia que muestran algunos adeptos de las creencias de los nacidos de nuevo en el país hacia los ateos, al describir lo que denomina “una disputa (entre las grandes iglesias) cada vez más agresiva por una cuota del mercado”.

El ensayo de Brum desató una ola de reacciones por parte de los pentecostales. Las palabras de Malafaia estuvieron entre las más cáusticas.

Durante una entrevista llamó a Brum ‘golfa’, y repitió su argumento de que los “ateos comunistas” de la ex Unión Soviética, Camboya y Vietnam fueron responsables de más asesinatos de los que “se hayan producido en cualquier guerra por cuestiones religiosas”.

Ya sea deliberadamente o por omisión, su lenguaje agresivo se ha convertido a menudo en un espectáculo. La revista Época informó en noviembre que al hacer acalorados comentarios, Malafaia dijo que ‘fornicaría’ a Reis, un prominente defensor de los derechos de los gays.

Malafaia lanzó la explicación de que en realidad dijo que ‘funicaría’ a Reis. Investigadores no pudieron encontrar la palabra en ningún diccionario, y él dijo que era jerga que se traduce más o menos como ‘derrotar’.

La proyección que logra Malafaia con tales incidentes ha planteado preguntas sobre sus ambiciones políticas. No desea contender por un cargo porque podría comprometerlo con un partido político específico, y, por tanto, contendría la visibilidad de la que hoy goza. “Dios me llamó a ser un pastor y no cambiaré eso para ser un político”, dijo.

En la política

Sin embargo, la influencia política es otro asunto. Malafaia contó que votó dos veces por el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, y durante años tuvo acceso a los corredores del poder en Brasilia. Sin embargo, también relató una anécdota sobre la sucesora de Da Silva, la presidenta Dilma Rousseff, que indica cuán importantes se están volviendo los personajes evangélicos en las elecciones nacionales.

Dijo que ella habló con él por teléfono durante 15 minutos en la campaña presidencial del año pasado para tratar de conseguir su apoyo. Sin embargo, se negó debido a diferencias ideológicas con algunas secciones del Partido de los Trabajadores de Da Silva, un exdirigente laboral, y de Rousseff, una exguerrillera urbana.

“Le dije: No tengo nada en contra suya. Creo que es una mujer inteligente y calificada”, contó. “Pero, ¿cómo puedo votar por usted si pasé cuatro años luchando con el grupo de su partido que apoyaba la iniciativa de ley para beneficiar a los gays, lo que me dañaba a mí?”.

Malafaia apuñalaba el aire con dedos adornados con anillos de oro e incrustaciones de diamantes mientras contaba esas anécdotas en un portugués retumbante, con marcado acento carioca.

Su imagen le ha dado un estatus casi de estrella de rock entre sus seguidores. “No lo reconocí sin bigote”, dijo Erineide Mendonca, de 39 años, una empleada del hotel Fortaleza, donde Malafaia se hospedaba, al referirse a su característico vello facial que se rasuró hace no mucho. “Pero reconocí su voz”, continuó, y pidió que se la fotografiara con el evangelista al que adora. A Malafaia y a su esposa Elizete los capacitaron psicólogos, y cuando sube al púlpito, su voz resuena con sermones cargados de lecciones de autoayuda y perseverancia.

Un tema favorito tiene que ver con el éxito y cómo lograrlo. Aunque sostiene que aún vive en forma relativamente humilde y ni siquiera es millonario, no se disculpa por su propio ascenso material. De hecho, lo celebra promocionando, por ejemplo, su Mercedes Benz; un regalo, explica, de un amigo próspero.

También está el Gulfstream, adquirido de segunda mano en EE.UU., dijo, no por él, sino por su organización religiosa sin fines de lucro a un precio razonable. “El Papa vuela en un jet jumbo”, notó, refiriéndose al avión alquilado a Alitalia para transportar al obispo de Roma, irritado por lo que percibe como una doble moral a la que deben enfrentarse los dirigentes evangélicos en ascenso. “Pero si un pastor viaja en un jet viejo, se le considera un ladrón”.

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