El cerebro musical y la salud

08 de Enero de 2017

Esta cualidad incluso podría ayudar a superar situaciones de daño neurológico grave.

Su gusto por la música no solo lo diferencia de ciertas personas mientras le permite identificarse con otras; podría ayudarlo en situaciones de gravedad, como disfunciones cognitivas, motoras y del lenguaje, a consecuencia de un traumatismo cerebral, accidente cerebrovascular, enfermedades neurodegenerativas, lesiones medulares, trastornos del espectro autista, estado vegetativo y de confusión, informa Cecilia Jurado Noboa, especializada en musicoterapia neurológica (NMT, por sus siglas en inglés).

Se trata de un modelo de neurorrehabilitación que se integra a la fisioterapia, terapia de lenguaje y terapia ocupacional. “Se diferencia”, explica Jurado, “de la musicoterapia tradicional enfocada en el bienestar emocional, social y psicológico de la persona, pues se basa en recientes estudios neurocientíficos que demuestran los efectos de la música en el funcionamiento cerebral”.

Hay evidencias de que las intervenciones musicales mejoran la atención, la memoria, funciones ejecutivas y adaptación emocional, dicen los doctores Gardiner y Horwitz, del sistema de salud del Departamento de Veteranos de Black Hills, de Estados Unidos. “Los principios de la NMT afirman que después de una lesión o enfermedad, el cerebro por lo general retiene la capacidad de reaccionar y beneficiarse de la música”, escriben. “Se ponen en acción estructuras paralelas del cerebro que, sin música, normalmente no estarían involucradas”.

Observación multidisciplinaria

Jurado detalla que estudios como el anterior indican que:

-La música es procesada en todas las áreas del cerebro y tiene la capacidad de acceder a aquellas afectadas por una lesión.

-Es una actividad compleja que impulsa la neuroplasticidad y estimula la formación de nuevas conexiones neuronales cuando existe daño cerebral.

-Ciertos elementos de la música comparten conexiones neuronales con actividades que realizamos a diario, por eso ayuda a recuperar funciones perdidas.

-Todas las personas nacemos con un cerebro musical y procesamos el ritmo de manera subconsciente. El cerebro utiliza el ritmo para regular nuestras funciones vegetativas, como la respiración y la frecuencia cardiaca.

Los neurocientíficos han estado investigando cómo la música apoya los procesos cerebrales en casi cada esfera de la actividad humana. Han desarrollado sofisticada tecnología de neuroimágenes para tener evidencia biomédica objetiva de cómo la música favorece la neuroplasticidad, y han concluido que influye en la recuperación y rehabilitación del accidente cerebrovascular. Y han visto el potencial terapéutico de la actividad musical con métodos neurocientíficos en áreas comunes de procesamiento de lenguaje, memoria, atención y actividad motora, y en la modulación de actividad neuroquímica involucrada en estrés, inmunidad, afiliación social y recompensa, según un artículo publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience en noviembre de 2016.

Todo esto, afirma el reporte basado en el trabajo de 115 autores de 18 documentos, es consecuencia de la información compartida entre terapeutas musicales, psicólogos, neurocientíficos y otros profesionales médicos.

Esto no excluyó la actividad musical que se hace fuera del ámbito clínico, en la vida diaria. Por ejemplo, dice Human Neuroscience, uno de los estudios revisados propone que aunque usted no haga musicoterapia, si se decide a cantar en coro o en un grupo, le resultará efectivo para reducir el estrés y la tensión.

Sobre gustos y ritmos

¿Cómo explican las neurociencias que esto funcione a pesar de las diferencias en gustos musicales? Utilizando datos de sondeos, mediciones conductuales y psicofisiológicas e imágenes por resonancia magnética con tensores de difusión, se ha encontrado que la conectividad entre las áreas de procesamiento sensorial y las áreas de procesamiento social explican los diferentes gustos y sensaciones de recompensa que la música genera en cada uno, y sugiere que la comunicación social-emocional a través del canal auditivo es lo que hace que la función estética de la música sea tan placentera a los humanos, escribe la investigadora en neurociencias y psicología Psyche Loui, de la Universidad Wesleyana en Middletown, Connecticut.

Y por esos gustos dispares es que no hay recetas definitivas para la composición musical, menciona el productor musical Christian Valencia. Pero sí hay varios aspectos favorecedores, y uno está en el tiempo. “El estribillo, por ejemplo, debe ir antes del primer minuto. Si esperas después de eso, te arriesgas a que la gente cambie”.

Otro factor es la repetición, indica Valencia, que ayuda a que las canciones ‘peguen’. “La repetición del estribillo, pero también la repetición en los medios. Es más fácil que una canción te guste si la escuchas mucho”.

Sin embargo, no son reglas inquebrantable. “Hay canciones que se hacen conocidas sin obedecer a la ley del primer minuto y sin la fórmula repetitiva del coro”, afirma, poniendo como ejemplo Bohemian Rhapsody (Queen) y Chao, Lola (Juan Fernando Velasco).

Por tanto, un valor importante es la identificación. “Mientras más pueda asemejarse el oyente con la música, a lo que él o ella viven, más fácil vas a llegar a ellos”. La música que se convierte en un canal de actualidad, dice Valencia, es mucho más accesible. “Estamos viviendo un tiempo de cantautores. Hace 20 o 30 años vivimos la era de los intérpretes de canciones ajenas. Hoy la gente canta sus propias canciones, y tienen un acercamiento más real con los oyentes”.

Valencia hizo un experimento hace algunos años con la Universidad San Francisco sobre la influencia de la música en el estado de ánimo. “Genera vibraciones –que pueden ser armoniosas o no– y tiene una importancia trascendental por razones físicas y emotivas”.

Además, están los recuerdos. “Ciertos intervalos de notas o acordes determinados que la persona escucha en momentos específicos de la vida pueden quedarse con ella durante años, hasta que encuentre una canción en la que otro compositor ha utilizado las mismas fórmulas, que le generarán recuerdos condicionados y lo afectarán emocionalmente, llevándolo al pasado y haciéndolo rememorar algo o a alguien”.

Canciones ‘fáciles’

“Respeto muchísimo la música”, sostiene Valencia. “No creo que un producto musical muy trabajado o estudiado sea necesariamente la mejor canción. Hay piezas espectaculares con dos acordes y muy pocas notas. El éxito depende más de la creatividad, el momento, la circunstancia, la emoción del compositor”.

Volviendo a la cuestión de los gustos, no cree en la ‘buena’ o ‘mala’ música. “Existe música que le gusta a unos y otra que le gusta a otros. Es un tema personal e instintivo. El productor, en lugar de ponerse arriba y halar, tiene que ponerse a la par con la gente y desde ahí impulsar, mejorar y hacer un público más exigente.

Pero si aún quiere superar una canción infecciosamente pegajosa, en la que detecta facilismo en la composición, el productor recomienda como ideal buscar y escuchar otras canciones que le permitan descubrir algo, que lo sorprendan. “La música es infinita. Busco sensaciones y dependiendo de eso, voy escogiéndola”. (D.V.) (F)

El musicoterapeuta

Se entrena en musicoterapia tradicional, psicología, fisiología, percepción de la música e instrumentos, refiere Jurado. “Y se especializa en musicoterapia neurológica para aprender sobre patologías neurológicas, neurorrehabilitación, disfunciones de origen neurológico y técnicas específicas para problemas de atención, memoria, función ejecutiva, negligencia espacial, producción y recepción del lenguaje, fonación, planificación y coordinación motora, iniciación, hemiparálisis, entre otros”.

 

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