Efectos del masaje infantil

07 de Mayo de 2017

Esta práctica oriental que llegó a Occidente hace casi 40 años empieza a afianzarse en Ecuador, promoviendo el vínculo entre el niño y sus padres y reduciendo niveles de estrés para todos.

El tacto nutritivo, estimulación cutánea o masaje infantil promueve la estimulación del desarrollo sensorial, emocional y físico de bebés y niños. Su pionera en Occidente es la estadounidense Vimala Schneider McClure, quien tiene el crédito de haber traído este antiguo arte que observó en la década de 1970, mientras trabajaba en un pequeño orfanato al norte de India.

A pesar de las numerosas necesidades de los niños y las familias, McClure descubrió que las madres conservaban la costumbre de masajear a sus bebés, y conectó esto con el hecho de que los niños permanecían cariñosos, cálidos y juguetones a pesar de las múltiples desventajas durante su crecimiento.

Años más tarde, incorporando a esto técnicas del masaje sueco, la reflexología y el yoga, experimentó con su primer bebé, y empezó a tomar nota de los cambios. Puso nombre a cada movimiento, armó un curso de cinco semanas y empezó a enseñar en su casa. Escribió el libro Masaje infantil: Guía práctica para el padre y la madre (1977) y recibió las primeras invitaciones para dar charlas. Pronto, educadores para el parto acudieron a ella, a pedirle que los entrenara. La Asociación Internacional de Instructores de Masaje Infantil, formada por estos practicantes, se fundó en 1981, dirigida por Audrey Downes.

Tacto, vínculo y efectos

“La piel es uno de los primeros órganos que se desarrollan en el vientre materno; el tacto cutáneo es uno de los últimos que perdemos justo antes de morir”, dice la educadora inicial Ana Marina Andrade, quien recuerda que el niño que se siente amado por el contacto con su madre y padre podrá tener una mejor relación con los demás.

“El masaje infantil favorece el vínculo mamá y bebé, evitando retrasos en el desarrollo motor, social y emocional”. Alivia estrés, da seguridad y ayuda a la maduración del sistema digestivo, inmune, respiratorio y circulatorio”, argumenta Andrade, añadiendo que estudios de la Universidad de Colorado han puesto en evidencia que los niños cuyas madres tuvieron dificultades para acariciarlos y abrazarlos, por miedo u otros motivos, sufrieron retrasos del desarrollo o del crecimiento.

Además, ayudaría a los bebés a calmarse aun en situaciones estresantes. El nivel de cortisol, la ‘hormona del estrés’, decrece en madres y bebés que reciben el masaje infantil, según ha compartido la Librería Nacional de Medicina de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos.

En niños prematuros, señala Andrade, se ha visto que ayuda a que ganen peso. Esto está contemplado en revistas como Conducta y Desarrollo Infantil, la cual hizo una recopilación de estudios al respecto en 2010 y concluyó que esto es así “cuando se provee un masaje con presión moderada”. Además, la publicación destacó que el rol de la madre como terapista es más efectivo que el de la enfermera, y que el uso de aceites ayuda. Todo esto se asocia con estadías hospitalarias más cortas.

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Exclusivo de mamá y papá

Andrade, entrenada en la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI) y máster en Atención Temprana, Diagnóstico y Tratamiento, ofrece en el Nest Early Learning Center (vía Samborondón) un curso de cinco sesiones para enseñar a los padres a dar el masaje a bebés de entre 1 y 7 meses.

“Instruimos en masaje de piernas, de pies, cólicos y gases, pecho, brazos, espalda y cara, para ayudar a liberar tensiones, regular el sueño y aliviar los dolores del crecimiento”. Por ejemplo, usted podría ayudar a su niño a sobrellevar las molestias de la dentición, si sabe qué puntos masajear y qué movimientos realizar.

¿Quién lo puede dar? “Papá y mamá, nadie más”, precisa Andrade. No es transferible a abuelos, tíos u otros cuidadores. “El niño tiene que conocer y diferenciar el tacto de sus progenitores, para aprovechar todos los beneficios de la terapia”.

Los niños pueden recibir la terapia desde recién nacidos; y continuar mientras pasan a ser gateadores, preescolares, escolares y adolescentes. “La idea es que sea constante, y los bebés lo reciban tres veces al día” y que continúe a lo largo de las etapas del crecimiento. “El niño que se siente amado y respetado podrá relacionarse mejor con su entorno y con el mundo”. (D.V.) (F)

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