La paloma y su mensaje

06 de Enero de 2013

Guayaquil es la ciudad ecuatoriana con mayor organización en la colombofilia, deporte relacionado con las palomas mensajeras de carrera.

Las palomas, aunque han sido relacionadas con la paz y el Espíritu Santo, también han cumplido un papel fundamental como herramientas de comunicación en tiempos de guerra.

Desde hace siglos, los ejércitos han llevado consigo palomas mensajeras entre los batallones, las cuales podían ser soltadas en los momentos más álgidos del combate para advertir a los cuarteles sobre el avance del enemigo.

Por ello, en plena confrontación podía haber soldados atentos a que ningún ave levante el vuelo desde el lado contrario, procurando detenerla a golpe de municiones para así evitar que cumpla su cometido.

Una estrategia especialmente famosa ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, previo al desembarco en Normandía (Francia), el 6 de junio de 1944 (Día D), que dio inicio a la recuperación de ese territorio ocupado por el Tercer Reich.

Semanas antes, las tropas aliadas habían enviado aviones para arrojar con paracaídas pequeñas canastas con palomas mensajeras. Los pobladores también recibían instrucciones sobre qué hacer con ellas: anotar en un papel detalles de la posición y fuerza de combate de los alemanes, para luego amarrarlo en la pata del ave y soltarla a volar. El pájaro estaba entrenado para regresar a cuarteles en Gran Bretaña u otro punto estratégico de los aliados, donde recibían tan valiosa información.

Tales hechos históricos enorgullecen a César Aguado-Benítez Castellanos, argentino-ecuatoriano considerado toda una eminencia entre los practicantes de la colombofilia en el continente, quien, además, ha mantenido un estrecho contacto con el desarrollo de esta actividad en Guayaquil, ya que viene a menudo a esta ciudad por tener una hija casada con un guayaquileño, y también porque su esposa es de esta urbe porteña.

“Son las aves con el vuelo más veloz del mundo, pudiendo llegar hasta los 200 km/h. El halcón peregrino puede superar eso solo en picada, lo cual no es propiamente volar... Es difícil de entender la real importancia que han tenido las palomas mensajeras. Recuerdo haber asistido a un homenaje realizado en Francia a una de esas aves, que había entregado un mensaje importante en la Primera Guerra Mundial. Allí observé cómo un hombre soltaba lágrimas mientras ocurría el acto, tras lo cual le pregunté del porqué de su emoción. Me dijo: ‘Yo estoy vivo gracias a esa paloma. Yo pude casarme y tener mis hijos por ella’. Ocurría que ese animal había logrado llevar un mensaje para solicitar apoyo a soldados indefensos ante un ataque que recibirían de manera inminente. Esa ave logró que les enviaran la ayuda que necesitaban”, indica el experto, quien destaca que estos pájaros de raza son muy distintos a aquellos que revolotean por las ciudades, y que incluso pueden causar enfermedades. “Una paloma mensajera es un animal muy especial, muy bien criado y libre de virus o bacteria. Una puede costar miles de dólares... Esas aves pueden volar más de mil kilómetros en un día de competencia”.

Herencia junto al río Guayas

Aguado-Benítez ha ocupado todas las dignidades de este deporte en Argentina, además de haber sido juez en competencias realizadas en toda América y en Europa. También es un estudioso de la actividad. Por eso conoce que la colombofilia como deporte nació en Bélgica, cuando varios practicantes comenzaron a competir entre ellos por dinero, porque esas aves habían perdido vigencia en las comunicaciones debido a la aparición del telégrafo.

En Argentina, en 1870, el presidente Bartolomé Mitre, como dueño del diario La Nación, empleaba a las palomas como medio de información para lograr una ventaja competitiva ante otros medios de comunicación, aunque tal actividad comenzó a desarrollarse como deporte en ese país a partir de 1884, cuando dos ingenieros belgas, Emilio Duvivier y Pierre van den Zander, llegaron a trabajar a la localidad de Zárate, en la provincia de Buenos Aires. “Ambos trajeron palomas mensajeras de carrera y difundieron este deporte”.

En los años posteriores, la actividad se esparció por Sudamérica. Gabriel Rodríguez, presidente de la asociación Alas del Ecuador, dedicada a la colombofilia, señala que tal deporte nació en Guayaquil hace unos cincuenta años, y ahora tienen unos veinte miembros, quienes iniciaron con esa pasión desde jóvenes.

“Desde pequeño fui apasionado por las aves. Compraba pollitos de gallinas de raza en la Avícola Descalzi, ubicada en Sucre y Boyacá; luego conocí al señor Luciano Thoret Crow, quien entre otras cosas criaba palomas mensajeras, y entablé una buena amistad”, indica este experto, quien así recibió los primeros conocimientos en esta especialidad.

“Me inicié con mensajeras y terminé criando más de 40 razas de palomas ornamentales de gran tamaño y deportivas. De una simple afición terminé de juez de aves ornamentales por más de 20 años en la Feria Agropecuaria de Tuluá (Colombia)”, agrega.

Los miembros de Alas del Ecuador suelen tener mayor actividad deportiva desde mayo, cuando las lluvias de invierno terminan y ellos enfrentan sus aves en carreras que definen a las más rápidas de la ciudad.

¿Cómo funcionan estas competencias? Pues los criadores de palomas mensajeras reúnen a todas en cierto punto, donde son embarcadas en un bus especial que las lleva de viaje muy lejos de la urbe porteña.

“Puede ser a Esmeraldas. Allá las sueltan y comienza la carrera, porque cada paloma busca regresar a su respectivo palomar, que suele estar en la casa de su dueño en Guayaquil. Así que, si vienen de Esmeraldas, las aves vuelan unos 360 kilómetros hasta llegar a su palomar”, explica el experto.

Cada ave tiene un anillo que, al ingresarse a un reloj constatador, registra el tiempo que requirió para cumplir el recorrido. “Si la competencia es un sábado, todos los competidores nos reunimos el lunes para comparar los tiempos y determinar al ganador de la competencia”, dice Rodríguez. “Los resultados dependen del buen cruce de líneas de sangre, de la buena crianza, de la excelente alimentación y de un adecuado entrenamiento”.

Pero, ¿cómo sabe la paloma hacia dónde volar para llegar a su palomar? Esta es una pregunta que ha provocado debates entre criadores de palomas, expertos y científicos. César Aguado-Benítez Castellanos considera que la mejor explicación apunta a que estas aves logran percibir la energía geoelectromagnética que emite el magma del planeta, la cual es distinta en cada punto de la geografía.

“Por ello, las palomas buscan regresar al punto donde se encuentra su palomar, lo cual hacen leyendo la energía del interior del planeta a través de su aura, porque cada ser vivo tiene un aura”, indica Aguado-Benítez sobre esta teoría, que es muy respetada entre los colombófilos de Argentina y de otros países que ha visitado.

Esta teoría alaba el poder de estos animales de “leer” el planeta, con lo cual han ayudado a “escribir” capítulos trascendentales en la historia de la humanidad. (M.P.)

 

  Deja tu comentario