Britten a los 100: Legado de originalidad

21 de Julio de 2013
Anthony Tommasini - The New York Times

Este año se celebra el centenario del nacimiento de Benjamin Britten, el compositor inglés más célebre y representado del siglo XX.

Aprender a olvidarse de experiencias irritantes es una habilidad de vida valiosa. Sin embargo, en este año de extensas festividades internacionales por el centenario del compositor inglés Benjamin Britten, me he vuelto a enojar por una conversación que sostuve con algunos compañeros y maestros en la Escuela de Música de Yale al inicio de los años setenta, cuando fui refutado por argumentar que Peter Grimes, de Britten, es una ópera grandiosa y que él era un compositor importante.

La reacción contra el posmodernismo ya había comenzado. Durante mi último año en Yale yo estaba entre un grupo de compositores y ejecutantes que ofreció una interpretación de la obra minimalista precursora de Terry Riley, In C. Sin embargo, aunque el apego a los procedimientos de doce tonos ya no era absoluto, en los departamentos de música de muchas universidades estadounidenses solo las piezas escritas en los complejos estilos modernistas eran tomadas en serio.

Alguien desdeñó a Britten. Yo defendí a Peter Grimes, opinando que es una de las óperas contemporáneas más asombrosas. Mi declaración produjo algunas risitas condescendientes. ¿Pero por qué el minimalismo de Riley era considerado fascinante, mientras Britten era considerado un conservador al que se podía desestimar? Su gran pecado, al parecer, era tocar a la segura en la parte media.

Hay muchos argumentos que formular a favor del logro de Britten durante su año del centenario. Quizá el tributo más revelador es que para muchos compositores jóvenes hoy, Britten, que murió en 1976, no es solo un maestro del cual aprender, sino un modelo de rol al cual imitar al forjar una carrera significativa.

En estos días, muchos compositores jóvenes están adoptando enfoques de emprendedores en sus carreras e involucrándose en todos los aspectos de hacer música, incluidos la interpretación, la organización y el relacionamiento. En esto Britten les puso el ejemplo.

Fue un músico completo: no solo un compositor prodigioso, sino un pianista consumado y un director intuitivo. Cuando tenía veintitantos años, encontró trabajo escribiendo partituras para películas británicas y música para el teatro. Consideraba esto no como un compromiso artístico, sino como experiencia invaluable.

Y hablando de relacionamiento y la creación de una plataforma: en 1948, después de que el éxito de Peter Grimes lo hiciera famoso en Inglaterra, Britten, junto con el tenor Peter Pears (la pareja de toda la vida de Britten) y el libretista y director Eric Crozier, fundó el Festival de Aldeburgh.

Naturalmente, Aldeburgh está ofreciendo una temporada ambiciosa de actuaciones en este 2013 para conmemorar el nacimiento de Britten el 22 de noviembre. La producción principal en Aldeburgh, que comenzó el 17 de junio, es una puesta en escena al aire libre de Peter Grimes en la playa, con cantantes (amplificados) en vivo, pero una pista de orquesta pregrabada. La idea es llevar a los artistas y al público justo a la atmósfera salada y las neblinas de la costa de Suffolk, que son evocadas tan poderosamente en la música de Britten.

Los inicios de Britten

Britten desarrolló su admirable pragmatismo a temprana edad. Fue el último de los cuatro hijos de una pareja de Lowestoft, una localidad en la costa de Anglia Oriental. Su padre era cirujano dental; su madre, una buena cantante aficionada.

Britten empezó a estudiar piano en serio a los 7 años y avanzó rápidamente. Para cuando tenía 10 estaba produciendo “montones y montones” de composiciones, como recordó posteriormente. Unos años después conoció al respetado compositor inglés Frank Bridge. Al darse cuenta de que Britten era excepcional, Bridge se convirtió en su mentor. El joven Britten continuó viviendo en casa, pero hacía frecuentes viajes en tren a Londres para estudiar con Bridge. A los 17 años había dejado la escuela y se había inscrito en el Real Colegio de Música en Londres.

Al leer Benjamin Britten, la excelente biografía escrita por Humphrey Carpenter, me asombra en qué medida Britten valoraba la ayuda pragmática que recibió de Bridge. Bridge “realmente me enseñó”, dijo Britten en una entrevista de 1960, “a ponerle la mayor dificultad posible a cada fragmento, a cada progresión, a cada línea”.

Y en reveladores comentarios en una entrevista de 1942, Britten recordó haber escuchado una interpretación de la Cuarta Sinfonía de Mahler durante sus días de estudiante. Se había quejado, dijo, esperando una sinfonía de 45 minutos. Pero lo que escuchó, pese a la mala preparación de la orquesta, lo asombró, especialmente la partitura. “Fue principalmente ‘soloísta’, y totalmente clara y transparente”, dijo. “Los colores parecían calculados hasta la más mínima variación tonal, y el resultado fue maravillosamente resonante”.

Sobre todo, añadió Britten, “el material era notable, y las formas melódicas, altamente originales, con esa tensión rítmica y armónica de principio a fin”.

Presente en la radio

Britten desarrolló un fuerte interés en crear instituciones para fomentar la música en Inglaterra. Mucho antes de que el acercamiento se volviera al principio guía de las orquestas y compañías de ópera estadounidenses, Britten la estaba poniendo en práctica. Escribió obras para coros infantiles y ensambles de aficionados.

Desde fines de los años noventa, BBC Music ha lanzado una serie valiosa llamada Britten, el artista, con grabaciones de transmisiones de radio, muchas del Festival de Aldeburgh, incluyendo algunas actuaciones reveladoras, como la dirección que hizo Britten de la Cuarta de Mahler en 1961 con la Orquesta Sinfónica de Londres.

Si hay una obra para voces y orquesta del siglo XX más original, conmovedora y efectiva que Serenata para tenor, corno y cuerdas, de Britten, no la conozco. O tomemos una pieza como el ciclo cantado Winter Words, desoladamente hermoso, en ocasiones satírico e imponentes arreglos de ocho poemas de Thomas Hardy.

El tenor estadounidense Nicholas Phan ofrece una ardiente y juvenil interpretación de Winter Words con la pianista Myra Huang en una grabación del 2011 en el sello Avie. Dio seguimiento a ese álbum con otro aventurero y distintivo lanzamiento de Britten en Avie el año pasado, Still Falls the Rain.

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