Nueva Puná

03 de Junio de 2012
  • La hostería ecológica de Cauchiche cobra $ 10 por persona.
  • La comuna Bellavista nos recibió con esta nueva vista, por un puente de singular forma.
  • La zona de comedores de este poblado parece una terraza.
  • La playa de Subida Alta motiva paseos. Atrás, la saliente de Punta Brava, donde se hallan restos de un cementerio de los antiguos punáes.

La mayor isla del Golfo de Guayaquil se está transformando en un destino cada vez más atractivo, con obras que acompañan sus bellos escenarios.

Hace año y medio, el paisaje que se asoma en las comunas de la costa oeste de la isla Puná era distinto. En ese entonces no había el impresionante puente de doble media luna de metal que sobresale desde la comuna de Bellavista, pareciendo dar la bienvenida a los turistas que llegan en bote a motor desde el poblado de Posorja, tras 40 minutos de travesía contemplando aves marinas y delfines nariz de botella.

Hace un año tampoco nos habría recibido la hostería ecológica que opera en la playa de Cauchiche, que puede alojar hasta 40 huéspedes en cinco cabañas con hasta tres habitaciones cada una, sala de estar y baño privado con agua caliente
($ 10 por persona, $ 5 niños). Y luce más agradable por el espejo de agua que aloja en su interior, adornado también por un puente de madera y vegetación abundante.

Allí juntito, en plena playa, se observa que el Ministerio de Turismo, que apoya a esta isla, está construyendo un parador turístico con comedores, puestos de artesanía y el ansiado muelle, que por años esta comuna ha solicitado a las autoridades. “Todo estará listo para finales de año”, dice Francisco Parrales, presidente de la asociación turística Pelícano, de Cauchiche, comuna de 700 habitantes que se asoma tierra adentro tras unos 20 minutos de caminata desde la playa.

La hostería ecológica se suma a otra opción también responsable con el ambiente: un ecocampamento que con tiendas de campaña, bolsas de dormir y baños opera en una amplia zona cercada, próxima a las hileras de palmeras que siempre han formado parte del panorama costero de la isla. Otro campamento similar hay en la cercana comuna Bellavista ($ 5).

Vamos a Subida Alta

Al sur de Cauchiche está Subida Alta, que después de quince minutos de navegación a motor nos recibe con su espigada colina en forma de punta que sobresale en el océano, en cuya cumbre funciona desde hace seis meses un mirador embellecido por faroles, jardines y balconcitos que parecen coquetearle al océano.

Los turistas pueden pasar agradables momentos en ese amplio mirador, que invita a las familias a reencontrarse, a los solitarios a buscarse y a las parejas a enamorarse. Todo esto dejándose envolver por un paisaje marino de azules intensos que parece cómplice de sus visitantes.

Para almorzar están los comedores allí próximos, que permiten disfrutar de platos a base de mariscos encaramados en una terraza natural que se abre al océano. Los precios: desde $ 4 el plato. O también para morder la roja pulpa de las sandías que allí crecen como uno de los cultivos favoritos de los pobladores.

Y para disfrutar de la playa se recomiendan las costas de la zona norte, abrazada por una ensenada que impide los oleajes fuertes. Otra opción lleva al sur del poblado, bajando desde el mirador por un sendero que lleva a un largo brazo de arena que por lo solitario incluso ha convocado a uno que otro bañista nudista, dice un habitante.

Esa playa de oleajes agresivos invita a caminar apaciblemente por sus arenas, que en la misma ruta sureña lleva, después de una hora y media, a la llamada Punta Brava, una saliente que aloja un bosque que guarda el misterio de su pasado. “Allí se hallan los restos arqueológicos de un cementerio de los punáes, antiguos pobladores de la isla”, señala María Isabel Magallán, una de la guías nativas que ha sido capacitada por el Gobierno Provincial del Guayas.

Este mismo escenario hace siglos era invadido por piratas. Elsie Quinde, tesorera de la comuna, indica que su madre le ha dicho que en una ocasión dos piratas se peleaban por un cofre con tesoro. “El cofre cayó al mar y se convirtió en una serpiente”, indica.

Historias así acompañan este momento que invita a relajarse sobre la arena y escuchar las olas. También a observar las gaviotas que dibujan formas en el cielo.

Todo está cambiando en la isla Puná. Y a la vez conserva el encanto de siempre. (M.P.)

Precios: El cruce en lancha desde Posorja (ida y regreso) cuesta $ 50 a Cauchiche y $ 60 a Subida Alta (hasta 10 personas). Tours de avistamiento de delfines y aves desde Posorja $ 30 (una hora).  Informes: Cauchiche: Francisco Parrales (09) 710-3462. Guías nativas de Subida Alta: Isabel Magallán (06) 941-5860, Pilar Quinde (09) 331-3391, Marilú Cruz (08) 817-4306, Lupe Rodas (08) 292-7291, Verónica Magallán (08) 262-1261. Hay hospedaje comunitario ($ 10).

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