Espacio Dalí de Montmartre

29 de Enero de 2012
  • Un visitante observa Perfil del tiempo, uno de los relojes blandos de Dalí.
  • Para Dalí, el caracol incorpora la idea de lo blando (el animal) y lo duro (la concha). Este molusco está ligado a un acontecimiento del artista: su encuentro con Sigmund. Freud.
  • El barrio de Montmartre es una colina de 130 metros de altura situada en la orilla derecha del río Sena. Al fondo la Basílica del Sagrado Corazón vista desde el Boulevard Haussmann. En primer plano, el campanario de la iglesia de la Santísima Trinidad.
  • Espacio Dalí Montmartre es la única exposición permanente en Francia dedicada al pintor catalán.
  • La visión del ángel (1977), escultura elaborada en bronce que forma parte de la muestra temporal dedicada a Dalí en París.
  • La mujer en llamas combina el fuego y la figura femenina.
Teresa Gutiérrez Chávez, desde París - latitud-0-grados@wanadoo.fr

En pleno Montmartre, escondido en una callecita contigua a la plaza de Tertre, el famoso sitio parisino donde retratistas y pintores exponen y pintan sus obras al aire libre, se encuentra un museo dedicado por completo al maestro del surrealismo.

Este espacio inaugurado en 1991 se erigió sobre el emplazamiento de un antiguo museo de cera que contaba la vida del poblado de Montmartre. De ese pasado se conservó una capilla en cartón piedra que parece más profunda de lo que realmente es, pues se trata de una construcción en trompe l’oeil (que engaña al ojo). Al fondo de la misma pasa en continuo un video sobre Dalí.

Entrar al Espacio Dalí es entrar a un universo sorprendente e insólito, no tanto por las ilustraciones de obras literarias (Alicia en el país de las maravillas, Tristán e Isolda o Romeo y Julieta), sino por las esculturas: relojes blandos, caracoles, un piano que en lugar de patas tiene piernas de bailarina de cancán, una Venus con cuello de jirafa, un inmenso dedo pulgar de ennegrecida uña...

Sin embargo, entrar a este museo no significa entrar en la obra de Dalí. Al menos eso fue lo que me ocurrió la primera vez que lo visité. Me detuve ante cada escultura, admiré la desbordante fantasía que de ellas se desprendía, me reí, por ejemplo, del cuello de jirafa de la Venus, pero pasé al lado de lo esencial por desconocer el significado de los símbolos recurrentes del artista catalán.

En mi segunda visita dejé mi horror de los audioguías y alquilé uno por 3 euros. ¡Una maravilla! Descubrí un Dalí con un sentido del humor que iba más allá de su propia extravagancia. La Venus con cuello de jirafa había sido modelada sobre la base de la Venus de Milo, de ahí que careciera de brazos –detalle que no había observado-; de su vientre salía un cajón cuyo extremo se apoyaba en una muleta. Solté una carcajada solitaria, pues había ido muy temprano al museo para evitarme la horda de turistas: ¡Dalí había embarazado a la diosa del amor!

Dalí y el tema del doble

¿De dónde viene ese espíritu de provocación? Seguramente de las circunstancias excepcionales de sus primeros años. Dalí nació el 11 de mayo de 1904 en Figueras, una ciudad catalana de España. Salvador, su hermano mayor, había muerto a los 2 años de edad, unos nueve meses antes de que él llegara al mundo. Los desconsolados padres, considerando que el recién nacido venía a reemplazarlo, le pusieron el mismo nombre, lo hicieron llevar su ropa y jugar con sus juguetes. Cuando Dalí comprendió el lugar que ocupaba en el seno de la familia, se rebeló y se dedicó a llamar la atención a fin de que lo percibieran como único.  Su sentido de la provocación lo llevó a orinarse todos los días en la cama, pero también a buscar otros lugares incluso menos apropiados para hacerlo: el interior de los zapatos, los cajones, las macetas...

El tema del doble aparecerá sistemáticamente en su obra. En Homenaje a Terpsícore, la musa de la danza, observamos dos bailarinas. La una es lisa, dorada, de aspecto femenino; la otra, un poco cubista, plateada, de gestos más masculinos.

Dalí y la religión

En 1921, su madre murió a consecuencia de un cáncer de seno; su padre contrajo matrimonio poco después con la hermana de su fallecida esposa. Dicha boda no le afectó, por cuanto amaba entrañablemente y le tenía un gran respeto a su tía, pero la muerte de su progenitora lo alejó de la religión. Años más tarde volvió a ella. Lo que en mi primera visita vi como un inmenso dedo pulgar con una uña negra y ramitas que le salían de la parte superior, en la segunda adquirió un sentido religioso.

Mediante ese grueso pulgar dirigido hacia arriba y del que brota la vida (las ramitas), Dalí quiso expresar la unidad divina. El hombre a la derecha enraizado en el soporte de la obra (la Tierra) simboliza a Jesús y el ángel sentado a la izquierda, en la actitud reflexiva de El Pensador de Rodin, al Espíritu Santo. Dios: Uno y trino.

Dalí y el tiempo

El artista expuso por primera vez Persistencia de la memoria, su cuadro más célebre, en 1931. Aquí aparecen sus relojes blandos, símbolos de la fluidez del tiempo. Al parecer, Dalí los concibió después de haber observado unos pedazos de camembert expuestos al sol un caluroso día de agosto.

En el Perfil del tiempo, el reloj que se está derritiendo apoyado sobre una rama seca es, créanlo o no, un autorretrato del artista. Si inclinamos un poco la cabeza hacia la izquierda, podemos distinguir su perfil –de ahí el título de la obra-: el 10 forma su ojo y ceja derechos y el 9, su bigote. La lágrima que cae de su ojo izquierdo expresa el miedo a la muerte y al tiempo que pasa inexorablemente.

Dalí y el psicoanálisis

A fines de los años veinte, Dalí empezó a interesarse en las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud. Sus cuadros se poblaron de elementos simbólicos como el caballo, el huevo, las hormigas, los elefantes, los caracoles, las muletas, los cajones, entre muchos otros.

El elefante espacial, por ejemplo, se inspira en el cuadro La Tentación de San Antonio, del propio Dalí. Sus patas de araña ilustran el deseo que sube hasta convertirse en tentación y el obelisco encima de su lomo puede interpretarse como el poderío del faraón o el progreso de la tecnología. En La Venus espacial observamos un huevo, símbolo de la esperanza y del amor; muy cerca de él hay dos hormigas, imagen de la muerte y la descomposición de la carne.

Uno de los reiterados motivos del artista es el caracol, dado que incorpora la idea de lo blando (el animal) y lo duro (la concha). Dicho molusco está ligado a un acontecimiento al que Dalí le concedía suma importancia: su encuentro con Freud. Cautivado por la visión de uno sobre una bicicleta en el jardín del psicoanalista, había establecido un vínculo entre este y la cabeza humana, particularmente la de Freud.

La mujer en llamas combina dos de sus mayores obsesiones: el fuego y una figura femenina con cajones. La bella mujer sin cara simboliza a todas las mujeres. Las llamas a su espalda representan la intensidad escondida del deseo inconsciente, mientras que los cajones, el misterio de sus recónditos secretos.

Espace Dalí Montmartre, 11 rue Poulbot, 75018 París. Metro: Anvers o Abbesses

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