De papel a perlas: Manos que ayudan

Por Paula Tagle
25 de Octubre de 2015

“Si no alimentamos esta sensibilidad, no nacerá la solidaridad con los demás humanos y con la naturaleza misma...”.

Existen diferentes maneras de relajarse, de hacer un paréntesis del medio circundante. Una de ellas es el arte, incluso si se carece de talento o educación formal.

Simplemente basta con sumergirse en la dulce tarea de crear, en trabajar con las propias manos, intentando captar la naturaleza, o reproduciendo colores del espectro o confeccionando cuentas de papel para armar el más bello collar de material reciclado. De esta manera también se perciben otros detalles de Galápagos, sin necesidad de andar muy lejos ni de contar con grandes instrumentos. Basta un pedazo de papel, un lápiz y un par de ojos.

Es un privilegio desembarcar con la primera luz del día en una playa desierta, sentarse junto a los mangles y observar la vida vibrando a su propio ritmo, que luego entendemos es el mismo nuestro, de todos los seres sobre el planeta.

Capturamos la forma y cuerpo del sujeto con una línea, intentamos darle tridimensionalidad a través de las sombras, añadimos texturas y tal vez luego, color. Importan las proporciones, importa el detalle. Y vamos desarrollando un talento: la observación.

Y si con la fotografía podemos captar al instante un animal, una planta, un paisaje, no es precisamente nuestra mente la que retiene el objeto. Dibujando recordamos, aprendemos y gozamos.

Recomiendo a quien visite cualquier lugar natural que se tome el tiempo de hacer un pequeño dibujo, para guardarlo no solo en el papel, pero a detalle, en los recuerdos, y sobre todo, en el corazón.

Nada lo describe mejor que la siguiente frase de William Blake: “Mirar el mundo en un grano de arena y el paraíso en una flor silvestre. Atrapar el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora”.

Pero crear no es únicamente pintar. Una tarea muy entretenida es la de confeccionar, de papel reciclado, cuentas en forma de barril, o cónicas, o tubulares, que luego se enlazan para armar collares, aretes y pulseras que llegan a ser bastante preciadas por su belleza. Además, esto se ha convertido en una fuente adicional de ingresos para varias artesanas de Galápagos.

En 2011, Sarah Akot, refugiada de Uganda y cabeza de la cooperativa Gulu, llegó al archipiélago a dirigir talleres para enseñar tanto a adultos como niños el arte de hacer perlas de papel. Esto fue coordinado por el Fondo para los Artesanos de Lindblad con el fin de proporcionar oportunidades económicas, en especial a las mujeres, a través del reciclaje y las manualidades.

Hoy se pueden encontrar perlitas de papel en varias tiendas de Galápagos, pero también es posible aprender la técnica fácilmente, y pasar agradables momentos de creatividad y relajamiento.

Unos pintan, otros trabajan en manualidades. Son maneras dulces y apacibles de dedicar un tiempo a nuestro mundo interior, creando un nexo entre lo que llevamos dentro y lo que nos rodea. Un vínculo que es necesario rescatar, para recuperar la sensibilidad.

Las Escuelas de Galápagos, y por qué no, las de la Tierra, deben enviar a sus niños al campo, a dibujar, a pintar, a sentir y a conectarse. Si no alimentamos esta sensibilidad, no nacerá la solidaridad con los demás humanos y con la naturaleza misma, y no podremos ocuparnos como es debido del planeta y sus habitantes. (O)

nalutagle@yahoo.com

  Deja tu comentario