Dura lección en horas de sueño

28 de Diciembre de 2014
The New York Times

Los investigadores informan que el adolescente promedio necesita de 8,5 a 9,5 horas de sueño cada noche.

A la semana de que mis nietos hubieran empezado el primer año de bachillerato, dormir suficiente ya se había vuelto un problema.

Su preocupada madre dudaba que apagar la luz a medianoche o a la 01:00 y despertar a las 07:00 o 07:30 para llegar a la escuela a tiempo fueran suficientes horas de sueño para que los jóvenes, de 14 años, superaran un exigente día escolar.

Por supuesto, los niños decían “sí”, particularmente debido a que podían “ponerse al parejo” durmiendo hasta tarde los fines de semana. Sin embargo, la literatura profesional sobre las necesidades de sueño de los adolescentes dice lo contrario.

En últimos tiempos, pocos estadounidenses duermen las horas óptimas para su edad, pero los expertos coinciden en que los adolescentes tienen mayores probabilidades de no dormir lo suficiente que cualquier otro grupo.

Los investigadores informan que el adolescente promedio necesita de 8,5 a 9,5 horas de sueño cada noche. Sin embargo, en una encuesta levantada en 2006 por la Fundación Nacional del Sueño, menos de 20 por ciento informó que durmiera tanto en noches entre semana.

Con la profusión de aparatos electrónicos personales, se cree que el porcentaje actual es incluso peor. Un estudio en Fairfax, Virginia, arrojó que solo 6 por ciento de los niños en el 10º grado y solo tres por ciento en el 12º grado duerme las horas recomendadas. Se descubrió que dos de cada tres adolescentes estaban severamente privados del sueño, perdiendo dos o más horas de sueño cada noche. Las causas pueden ser biológicas, conductuales o ambientales. Además, el efecto en el bienestar de adolescentes –en su salud y potencial académico– puede ser profundo, con base en una declaración de política emitida en agosto por la Academia Estadounidense de Pediatría.

Riesgos para la salud

“El sueño no es opcional. Es un imperativo de salud, como comer, respirar y la actividad física”, dijo la Dra. Judith A. Owens, la principal autora de la declaración, en una entrevista. “Esto es de gran importancia para los adolescentes”.

La falta de sueño en la adolescencia incrementa los riesgos de hipertensión arterial y enfermedad cardiaca, diabetes tipo 2 y obesidad, dijo Owens, especialista pediátrico del sueño en el Sistema Nacional de Salud Infantil de EE.UU., en Washington. La falta de sueño también se ha relacionado con conducta en que se corren riesgos, depresión e ideación suicida, aunado a accidentes automovilísticos.

“La falta de sueño puede ser fatal”, destacó, “El nivel de daño asociado con conducir privado de sueño equivale a conducir borracho. ¿Permitiría usted que un niño condujera después de haber bebido tres o cuatro cervezas? Bien, ¿sabe qué? Los jóvenes lo hacen todos los días”.

Ella recomienda que los padres condicionen el permiso de manejo a que ellos duerman suficientes horas.

Los horarios en las escuelas tampoco son de ayuda en esta situación. En un estudio del 2008 en Virginia Beach, donde las clases empiezan de las 07:20 a las 07:25, la tasa de choques de jóvenes entre 16 y 18 años de edad era 41 por ciento mayor que la de la contigua Chesapeake, Virginia, donde las clases empiezan entre 08:40 y 08:45. El autor principal del estudio, Dr. Robert Vorona, de la Facultad de Medicina de Virginia Oriental en Norfolk, sugirió que empezar más tarde el día escolar podría dar como resultado menos privación del sueño y más motoristas alerta.

La falta de sueño también incide sobre el juicio, las habilidades para la toma de decisiones y la capacidad de controlar impulsos, los cuales están “en una etapa crucial del desarrollo en la adolescencia”, dijo Owens.

Media hora más tarde

Y con la presente e intensa inquietud sobre elevar el logro académico, vale la pena notar que un estudio de Kyla Wahlstrom entre 9.000 estudiantes en ocho bachilleratos públicos de Minnesota demostraron que empezar la escuela media hora más tarde daba como resultado una hora más de sueño por la noche y un aumento en los promedios de los alumnos y resultados de pruebas estandarizadas.

“Cuando los estudiantes estaban más alerta, fueron capaces de hacer su trabajo más rápidamente y, por tanto, ir a la cama más temprano”, dijo Owens. “A un estudiante somnoliento le toma cinco horas hacer una tarea de tres horas”.

La privación del sueño también puede tener un efecto negativo sobre el humor. La falta de sueño incrementa el riesgo de depresión, en tanto dormir menos de ocho horas por noche se ha vinculado a un aumento casi de tres veces en el riesgo de intentos de suicidio, después de haber considerado otras causas potenciales. El riesgo de obesidad también aumenta con la privación del sueño. En un estudio del 2002 se estimó que por cada hora de sueño perdido, las probabilidades de que un adolescente fuera obeso subían 80 por ciento.

Pediatras, padres de familia y escuelas necesitan prestarle mucha más atención a las necesidades de sueño de adolescentes de lo que hacen actualmente. Cuando los niños llegan a la pubertad, un cambio en el ritmo circadiano les dificulta quedarse dormidos a una hora suficientemente temprana para obtener el número de horas que requieren y aún llegar a tiempo a la escuela.

El ciclo de sueño y estar despierto puede cambiar hasta en dos horas, dificultando que se queden dormidos antes de las 11 p.m. Si la escuela empieza a las 8 u 8:30 (y muchas empiezan una hora antes), no es posible dormir lo suficiente. Con base en necesidades biológicas del sueño, un adolescente que va a dormir a las 11 de la noche (¡ja!) debería estarse levantando alrededor de las 8 a.m.

Maestros de secundaria y preparatoria comúnmente dicen que muchos estudiantes están medio dormidos o totalmente dormidos durante el primer periodo del día.

Profusión de distracciones

Sumándose al cambio adolescente en el ritmo circadiano hay una profusión de distracciones que consumen incluso más horas de sueño, como los teléfonos inteligentes, iPods, computadoras y televisores. Un arroyo de mensajes de texto, tuits y publicaciones en Facebook e Instagram mantiene despiertos a muchos ya entrada la noche. Tan solo la luz de una pantalla puede suprimir la melatonina, la hormona en el cerebro que da la señal del sueño.

Los padres de familia deberían considerar la aplicación de un toque de queda electrónico y quizá, incluso prohibir aparatos que distraen del sueño en la habitación, dijo Owens. Si bien mis nietos, entre muchos otros, usan un teléfono inteligente como despertador, un verdadero reloj que no tenga Twitter podría reemplazarlo con facilidad.

Más allá de la habitación, muchos adolescentes llevan vidas saturadas por tareas que pueden conducir a noches cortas. Deportes, clubes, trabajo voluntario y empleo remunerado pueden menoscabar seriamente el tiempo que ellos necesitan para trabajos escolares y dan como resultado demoras para ir a la cama.

La presión de los padres para que se desempeñen bien en la escuela también puede ser un factor. Por ejemplo, un estudio del 2005 entre más de 1.400 adolescentes en Corea del Sur, donde se da gran énfasis en el éxito académico, arrojó que ellos promediaban 4,9 horas de sueño por noche.

Están también en riesgo adolescentes de bajos ingresos y familias de minorías, donde el hacinamiento, ruido excesivo e inquietudes de seguridad pueden dificultar que el individuo duerma bien y suficiente, leía la declaración de la academia.

Intentar compensar la privación del sueño los fines de semana puede comprometer incluso más el ciclo de sueño y vigilia de un adolescente al inducir un desfase permanente. Dormir tarde los fines de semana cambia su reloj interno, dificultando incluso dormirse por la noche del domingo y despertarse a tiempo para la escuela por la mañana del lunes. (I)

 

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