¿Serán ventajas o desventajas?

Por Ángela Marulanda
10 de Febrero de 2013

Podría pensarse que la vida de los niños hoy es mucho más fácil, más entretenida y, por ende, mejor de la que tuvimos sus padres en la infancia. Pero no creo que sea tal porque, aunque hoy ellos tienen todo lo que quieren y mucho más... no tienen lo fundamental: unas circunstancias de vida que les garanticen las condiciones que necesitan para crecer sanos, felices y tranquilos.

A pesar de que nosotros tuvimos menos oportunidades y muy pocos privilegios en la infancia, hoy los niños tienen mucho más, pero carecen de lo imprescindible: les falta la seguridad de que sus padres sí estarán a su lado, casados y “juntos hasta que la muerte los separe” y no hasta que el divorcio los separe. Les falta la garantía de que están a salvo en su colegio porque allá corren el riesgo de ser intimidados o agredidos por cualquiera de sus compañeros; les falta la solidaridad de los demás miembros de su equipo deportivo porque, como lo importante es ser el mejor, ya no se consideran amigos sino rivales y no tratan de ayudarse sino de derrotarse; les falta la compañía de sus hermanos y vecinos porque viven tan ocupados que nunca se ven y cuando están juntos todos están aislados “texteando”....

Y también les faltan sueños e ilusiones porque tienen tanto que ya nada los entusiasma; les falta compañía porque sus padres están demasiado ocupados, sus parientes ya no viven a la vuelta de la esquina y aunque tienen miles de amigos en las redes, no son de carne y hueso sino virtuales; les falta empuje porque están tan saturados de cosas que sus aspiraciones no van más allá de tenerlo todo y pasarla bien; les falta la ilusión y el deseo de establecerse y casarse con su enamorado porque hoy pueden vivir con él cuando quieran... y dejarlo cuando quieran.

Podría decir que hoy la desventaja es tener demasiadas ventajas. Y por eso vivimos en la pobreza del consumismo, luchando por tener más, parecer más, comprar más... para convencernos de que estamos felices y no ver la pobreza de una vida en la que perdimos el norte. Me atrevo a creer que la sobreabundancia es otro camino para llegar a la pobreza de ideales, de sueños, de sentido, de una buena razón para vivir.

www.angelamarulanda.com

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