De la tiranía… a la anarquía

Por Ángela Marulanda
13 de Octubre de 2013

Parece que las teorías sobre la igualdad en las relaciones entre padres e hijos, si bien han contribuido a evitar muchos abusos, nos han llevado al otro extremo: el permisivismo. Al vivir confundidos por toda suerte de nuevas ideas respecto de la crianza, así como ahogados en la culpa y el temor a que no nos amen porque poco nos ven, en muchas familias ya los tiranos no son los padres sino los hijos.

Uno de los factores que más ha contribuido a que sean los hijos los que mandan en el hogar es que la democracia se ha hecho extensiva a la familia y por eso los padres los complacemos en todo o, en el mejor de los casos, les damos miles de explicaciones para convencerlos “por las buenas” de que nos obedezcan. Pero como para ellos lo importante no es hacer lo correcto sino lo divertido y agradable, no nos hacen caso.

Lo grave es que, como los niños necesitan ver a sus padres como personas capaces de protegerlos y de guiarlos mientras ellos aprenden a hacerlo por sí mismos, durante la infancia necesitan idealizarnos y percibirnos como seres todopoderosos. Sin embargo, cuando nos ven tan confundidos y que hasta les consultan a los hijos qué hacer con ellos, a qué horas se irán a acostar o qué les provoca comer, no pueden inculcarles el respeto y la admiración en sus mayores que les urge.

Parece que por suprimir el autoritarismo también abolimos la autoridad. Es hora de dejar de ser tan “buenos”, (mejor dicho, débiles), y asumir el mando que nos corresponde en el hogar. Ser un buen padre o madre no exige grandes conocimientos sino sentido común así como una buena dosis de sensibilidad a las necesidades de los hijos. Y lo más importante es que ejerzamos el mando con firmeza y decisión, para que nuestros hijos desarrollen el carácter que les permita ser buenas personas y triunfar en la vida.

www.angelamarulanda.com

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