Adolescencia y suicidio

Por Lenín E. Salmon
02 de Junio de 2013

Son dos palabras que no deberían aparecer juntas. La primera representa una de las manifestaciones más extraordinarias de la vida (la dinámica transformación de un niño en adulto), la otra, la voluntaria y súbita finalización de esta. No tiene sentido que un joven, con toda la vida por delante, se prive de la oportunidad de vivirla y disfrutarla, justamente cuando recién comienza a tener la capacidad para hacerlo. Nadie podrá encontrar una explicación coherente para esta decisión, aunque después del hecho muchos dirán que era algo que se pudo haber anticipado. Pero ¿de qué forma?

La mente del adolescente está en continuo cambio, sobre todo en el área emocional, y se afecta por cualquier cosa. Es muy preocupado por su apariencia y por su cuerpo, y por la opinión que sobre él o ella tengan los demás adolescentes. La inclusión social es vital y no hay término medio, o se siente “in” o se siente marginado. Tal vez se enamora de alguien que no le corresponde, o siente dudas sobre su sexualidad. Tal vez siente que necesita orientación o consuelo, y no lo obtiene porque no sabe cómo pedirlo. Tal vez su creciente capacidad intelectual le permite analizar, aunque no resolver, su realidad familiar, que le puede causar mucha vergüenza, estrés o depresión. Es muy probable que se sienta solo, que desarrolle más depresión, que se sienta débil ante una vida que se ha convertido en una carga muy pesada. Hay chicos que no lo pueden soportar, y muchos llegan a la conclusión de que su cuerpo es lo único sobre lo que tienen poder, y su cuerpo es el símbolo tangible de sus sentimientos de fracaso. Es un razonamiento equivocado, pero puede terminar trágicamente. Debe poder evitarse.

La más importante, si no la única, forma de prevención es la comunicación. El adolescente necesita ser escuchado, comprendido, interpretado, no solo en lo evidente sino también en lo que expresa entre líneas (muchos son de pocas palabras). Hay que motivarlo a “abrirse”. La cercanía emocional con los padres es vital. Ayudarlo a despejar sus dudas, haciéndolo sentir apoyado, es la base de la confianza que permitirá estar en continua sintonía con él. Es lo que podría marcar la diferencia.

lsalmon@gye.satnet.net

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