Tiene que ser expreso: ¿Cómo conseguirlo?

Por Epicuro
31 de Agosto de 2014

“En Guayaquil, la mayoría de las cafeteras sencillas permiten precios bajos, pero no consiguen el auténtico expreso, sino un café algo regular. Encontré en Guayaquil una Bondolfi Boncaffe”.

Un abultado correo esperándome después de tocar el tema del café no me ha permitido contestar aquí tantas preguntas, avancé hasta donde pude en respuestas personales. De sus correos saqué una evidente conclusión: ustedes no están satisfechos con el café que beben en casa, sueñan con el aromático, concentrado, que se saborea en ciertos restaurantes.

Siendo un fanático del recién molido opté por tener dos máquinas: la una es Rancillo, casi profesional con molino independiente graduado que permite obtener la intensidad deseada en cada taza a partir del café en grano, el inconveniente es su elevado precio. Pude observar la otra opción en hogares de mis amigos en Francia. Simplemente utilizan cápsulas de excelente calidad. Se obtiene la quintaesencia del sabor con la deliciosa espuma, el inolvidable aroma del auténtico café italiano; pueden añadir un toque de leche o crema. Es una máquina de tamaño reducido que logra, sin embargo, elaborar un perfecto expreso. Su valor en Europa según la marca debe estar en alrededor de $ 280, aunque a veces se disparen los precios.

En Ecuador, al menos hasta donde pude investigar se venden cafeteras de precios muy módicos que hacen café, pero de ninguna manera un expreso como Dios manda o un capuchino cremosito aunque lo proclame su publicidad. Se trata de hacer pasar durante unos treinta segundos un chorro de agua caliente a presión a través de una capa de café molido y prensado. Muchos restaurantes echan todavía a perder un almuerzo bueno, una cena bien lograda por no poder servir un café decente.

La historia remonta al año 1901 cuando el inventor milanés Luigi Bezzera, siguiendo los pasos de Ángelo Moriondo (1851-1914) presentó su enorme caldera de bronce calentada con carbón. Ciertos cafés de París o de Roma presentan todavía como trofeos unas de estas imponentes máquinas de deslumbrante belleza, tremendo tamaño.

La industria de Italia del café genera como un billón de euros de los cuales 700.000 corresponden al café tostado, 200.000 a las máquinas. De las 170.000 fabricadas anualmente el 70% son producidas por compañías italianas. En Guayaquil, la mayoría de las cafeteras sencillas permiten precios bajos, pero no consiguen el auténtico expreso, sino un café algo regular. Encontré en Guayaquil una Bondolfi Boncaffe. La suelo usar cuando deseo muy rápidamente un sabroso expreso. Es asequible para quienes disponen de un presupuesto apretado, cuesta $ 327 (IVA incluido).

En Roma muy cerca del Vaticano se hizo famosísima la cafetería restaurante Bondolfi-Boncaffe, donde, además de los mejores sándwiches y bocaditos, sirven el mejor expreso, el más exquisito capuchino. Bondolfi es uno de los principales exportadores de café, me sorprendió verlo llegar a Ecuador con sus productos y sus máquinas que funcionan con cápsulas llenas de sus mismos productos. He tenido también hace unos años una máquina Jura, pero es complicada, computarizada, con la que tuve problemas.

Podrán escoger cápsulas de café intenso, ligero, descafeinado. La Bondolfi se vende donde D’Matilde en todos sus locales, Savoretti en Los Ceibos, Piazza Gourmet (Aventura Plaza), Il Bucco, Mariposa Gift Shop y Candyland (Samborondón). Epicuro bebe cinco tacitas diarias desde que leyó en Google que beber café prolonga la vida.

epicuro44@gmail.com

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