Sorpresivo restaurante: El chef es clave

Por Epicuro
15 de Abril de 2012

“Él (chef F. Arévalo) no buscó platos complicados, pero lo que pude probar resultó de mi total agrado. No puedo comentar obviamente toda la carta, sino basarme en lo que consumí”.

Muchos piensan que poner un sitio de buen comer es sencillo, razón por la que fracasan tantos. Unos meses logran mantenerse unos. Quien hace y deshace es el público; el crítico gastronómico puede sugerir, canalizar, mas no imponer. Eduardo Carrasco hizo varios intentos para lanzarse.

El primer restaurante Mochika no alcanzó el éxito. Mal ubicado, casi escondido en Dátiles y la 5ª, resultaba difícil que llamara la atención. La segunda tentativa tampoco fue un acierto. Poner un News Café en la galería del hotel Sonesta (junto al Mall del Sol) era casi un suicidio. Eduardo recapacitó, rehusó abandonar la idea de Mochika, pero esta vez lo ubicó totalmente remodelado en la misma galería Sonesta.

Epicuro había aconsejado poner un letrero a la entrada de este corredor que lleva a tantos restaurantes: felizmente le hicieron caso. Empezó el movimiento que iría creciendo muy pronto. Bien es cierto que La Alameda de Chabuca sigue llevando la batuta, porque Chabuca oficia personalmente con sus hijos en la cocina y ve por todo con exigencia; Mariscos Azul tiene éxito por la misma razón con Beatriz Osorio frente a las hornillas.

Creo que Mochika encontró un chef adecuado: Fernando Arévalo. Él no buscó platos complicados, pero lo que pude probar resultó de mi total agrado. No puedo comentar obviamente toda la carta, sino basarme en lo que consumí. Tuve una buena impresión con el pisco sour que pedí ($ 7,50).

Si bien es cierto que existen variaciones con maracuyá (lo piden mucho) o fresa, Epicuro piensa que el pisco sour (como el Martini para los verdaderos aficionados) debe apegarse a la receta original para que se pueda disociar de inmediato los tres elementos perfectamente equilibrados: un buen pisco generosamente utilizado, azúcar, limón, ni demasiado dulce, ni demasiado agresivo, jamás aguado. Una onza de jarabe de azúcar, una onza de limón y tres de pisco quebranta pueden ser indicadas. La clara de huevo permite simplemente obtener espuma. Se usa licuadora o la coctelera, algo más poética. Se puede añadir una gota de angostura, espolvorear una pizca de canela.

Los tiraditos de pescado me gustaron por su buen aliño. Sin embargo, el pescado trompeta, sabroso y económico, bueno para cebiche, no desplaza una buena corvina de roca.

Volvería a Mochika para saborear la corvina a lo macho. El chef tiene buena sazón para los mariscos, su tacutacu fue irreprochable (Arévalo siguió la receta al pie de la letra).

El postre es sutil si se les ocurre escoger la espuma de lúcuma, una fruta peruana de sabor especial. Supongo que no se cultiva en Ecuador porque no tenemos el terreno adecuado. Denme, como siempre, su opinión al respecto, porque me intriga. El capitán Andrés Mazo ha formado un personal reducido pero efectivo. Cindy y Carolina aportan la sonrisa.

Martín Dorador, administrador, tiene entusiasmo, quiere innovar poniendo los fines de semana música muy suave en vivo. Inauguró un interesante menú ejecutivo de $ 8,99, un menú infantil con dedos de pollo, pescadito empanado y papas fritas. Hay una carta de vinos pequeña pero suficiente. Hace falta una parihuela, espero verla pronto en el menú.

Bien por la promoción eventual de 2x2 en tragos y piqueos. Cocina moderna, baños muy limpios. Recomendable.

epicuro44@gmail.com

 

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