Restaurante ‘con todo’: Opción económica

Por Epicuro
30 de Noviembre de 2014

“Encontré un sitio adecuado para quienes no disponen de un presupuesto que les permita frecuentar establecimientos de lujo”.

Epicuro no tiene prejuicios, escucha los comentarios positivos y negativos, solo confía en su paladar. En un restaurante miro y pruebo lo que hay en mi plato, no tengo amigos ni enemigos, me sucedió tener que criticar fuertemente lugares cuyos dueños eran allegados míos. Tantas veces me habían dicho “no vayas a Grand Chef porque hay cantidad, pero mala calidad”. Me acerqué un día miércoles de noche en un horario tranquilo, pues no quería toparme con una multitud que logra muchas veces ocupar las 450 sillas disponibles. La impresión que uno tiene al ingresar no deja de asombrar, tal es la inmensidad del lugar: algo como más de mil metros cuadrados (una cancha de fútbol tiene diez mil).

Aquella fórmula de comer todo lo que a uno se le antoja por un precio que desafía la imaginación no es nada nueva. Es lo que los gringos anuncian con su all you can eat (todo lo que pueda comer); tuve la oportunidad de visitar a unos cuantos de ellos en Estados Unidos. En las autopistas de Europa, cada veinte kilómetros uno encuentra este tipo de bufé donde uno se sirve lo que quiere. El llamado self service (eso de servirse uno mismo) se encuentra en las mismas gasolineras, donde se abastece uno mismo y cancela directamente con tarjetas de crédito.

Desde luego, Grand Chef no es un sitio para pelucones de despiadado paladar que deseen comer lo más exquisito o refinado ni encontrarán allí los mejores sushis de la ciudad (los que sirven aquí pueden cubrirse con salsa de anguila que los mejora mucho: sin ser malos no son nada extraordinarios, es evidente que existen muchos sitios en la ciudad donde podemos encontrar mejores), pero si sabe escoger entre los 130 platos propuestos, estoy seguro de que encontrarán algo que les guste.

Personalmente comí langostinos, un lomo fino extremadamente tierno, cebiche, pavo. El pato a la pekinesa no ofrece mayor interés. El pastelero Freddy Naranjo propone una gama muy simpática de postres, desde la torta mojada de chocolate, otra de manzana, los flanes, quesos de coco o de leche, espumas de frutas, pastelitos y otros manjares. Hay helados de varios sabores, el de chocolate me agradó mucho.

A pesar de la afluencia, el personal es atento y amable. Junto a los barcos de sushi están las diversas ensaladas con variedades en champiñones, vegetales y salsas. En el sector de la parrilla hay lomo fino, pollo, costillas y bife, pero también langostinos a la plancha, camarones apanados con salsa tártara o golf, calamares y pescados cocinados sin aceite. La comida italiana está presente, pero prefiero comer canelones o lasaña donde Luigi o Carlos desde luego. Para el pollo y la carne, Grand Chef se abastece en Pronaca y Fernández.

Pregunté a Juan Carlos Baúl, atento y muy caballeroso administrador, lo que hacían con la comida restante al final de cada día, me contestó que estaban muy acostumbrados al eventual consumo y dejan de mandar comida desde las cocinas a medida que disminuye la clientela.

Unos comen poco: ensaladas y frutas, vienen vegetarianos, otros se empachan hasta no poder, eso permite un promedio que explica los precios. Mi planilla fue de $ 29,97 para dos personas, pero pagamos aparte una jarra de sangría ($ 18,03).

En resumidas cuentas encontré un sitio adecuado para quienes no disponen de un presupuesto que les permita frecuentar establecimientos de lujo. Las 450 personas que llenan el local desafían cualquier tipo de crítica. Me alegra recomendarlo a quienes cuidan su peculio.

epicuro44@gmail.com

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