Cuando conocí a la Guga

21 de Abril de 2013
  • La Guga siempre era solicitada para hacer predicciones.
  • Guga hacía predicciones acerca de lo que podría pasar en el país e incluso a nivel latinoamericano.
Mariquita Noboa de Bonilla, especial para La Revista - mtnoboa@hotmail.com

“Ella era energía pura”, decía el fotógrafo Manuel Tama. La involvidable Guga Ayala vive en estos recuerdos.

Estaba concentrada frente a mi vieja IBM cuando sonó el teléfono. Era mi amiga Chechi, que me llamaba para pedirme que la acompañe porque se iba a hacer leer las cartas.

– ¿Cómo es eso?, le pregunté.

– Después te cuento, me dijo. Pero ahora dime si me puedes acompañar.

La Chechi, que es una mujer previsiva, también llamó a Angie, de manera que cuando llegó a recogerme, ya estaban las dos.

Entonces llegamos las tres a una casa de color verde, en el barrio Orellana. Chechi dijo que ya tenía separado su turno y que no demoraríamos nada. En efecto, así fue. Ingresamos a una sala acondicionada con muebles de madera y respaldo de mimbre. Había muchos gatos, de todas las edades, bonitos, graciosos…

De pronto salió una señora de cabellera color café, sus rizos vaporosos le caían sobre los hombros, lustrosos, como los de las portadas de revistas, miraba con un aire señorial, vestía un caftán largo con flores de color intenso, calzaba zapatos de tacones y toda ella tenía un aire especial. Era alta, de aspecto saludable; nos recibió con cordialidad y al invitarnos a pasar caminó hacia el interior con la misma seguridad de una modelo en la pasarela. Punta, talón, punta, talón; izquierda, derecha, izquierda, derecha. Lucía elegante, distinguida, sin llegar a ser arrogante.

Tenía una extraordinaria habilidad para manejar todo ese mazo de cartas manteniendo siempre un cigarrillo prendido, que sujetaba con firmeza entre sus dedos índice y corazón”.

Después supe que había sido la modelo favorita de don Jorge Sotomayor Marín, el modista que marcó una época y que, en la práctica, abrió el camino de la alta costura en la ciudad y el país.

La Chechi nos pidió a Angie y a mí, que la acompañáramos hacia el sitio que la señora nos guiaba. Ella ocupó una silla y con gesto de evidente cortesía nos hizo ubicar en las sillas que estaban frente a la mesa.

– ¿En qué las puedo ayudar?, preguntó la señora.

Mi amiga Chechi dijo que quería saber si se iba a divorciar.

Veamos, dijo la señora, al tiempo que comenzó a barajar unos naipes que eran muy extraños, grandes y que tenían otras figuras muy diferentes a los que yo había visto en casa, cuando mi papá y los amigos se reunían a jugar “cuarenta”.

Tenía una extraordinaria habilidad para manejar todo ese mazo de cartas manteniendo siempre un cigarrillo prendido, que sujetaba con firmeza entre sus dedos índice y corazón. Sus largas, encorvadas, pero bien cuidadas uñas lucían un rojo carmesí igual que sus carnosos labios; las bocanadas de humo casi inundaban el ambiente. Su voz no se hizo esperar: No, no se va a divorciar, dijo la señora, con una seguridad que desconcertó a mi amiga.

Pero es que el abogado ya me llamó y me dijo que todo está listo, que prácticamente ya estamos divorciados, insistió la Chechi.

No, usted no está divorciada, aseguró la señora, al tiempo que mi amiga volvía a insistir que su abogado…

¡Pues me cago en su abogado!, dijo con voz más firme al tiempo de sacar otra carta. ¡Usted no está divorciada, ni se va a divorciar!

Trémulas, asustadas, quietecitas como estábamos, Angie y yo nos mirábamos en un silencio obligado.

– Pero... usted cree que...

– No, no. Yo no creo nada, las cartas dicen que usted no está divorciada.

‘¿Dónde está mi grabadora?’

Nunca más volví a saber nada de aquella pintoresca y especial señora cartomántica, hasta que en mis funciones de directora regional de noticias de Gamavisión, se me perdió una grabadora que había comprado en uno de mis viajes a Nueva York.

Mi director de entonces, don Diego Oquendo, me había pedido que haga una investigación sobre las irregularidades en Aduana, tema que no me gustaba en absoluto, pero con la ayuda de mi minigrabadora estaba recabando la información necesaria. En vista de la incertidumbre y ante la premura de entregar el trabajo solicitado, decidí volver a la casa verde del barrio Orellana, no sin antes llamar a mi amiga Chechi para que me diga cómo era exactamente el procedimiento.

A la hora del almuerzo, y a escondidas de mi esposo, le pedí a mi compañero camarógrafo que me dejara en aquella casa.

¡Ah! Usted va donde la Guga, me dijo Serafín.

Sí, le respondí, con un tono de esperanza. Hoy voy a saber quién tiene mi grabadora.

Los mismos muebles, los gatos ya creciditos, la misma sala estaba llena de señoras. Curiosamente todas leían. Luego me di cuenta que ocultaban sus rostros con el periódico o con revistas. Fueron tres largas e interminables horas pero me abrazaba la ilusión de encontrar mi grabadora.

Cuando me tuvo frente a ella, con ese mismo donaire y seguridad que la caracterizaba y sin mediar palabra alguna me preguntó:

¿Y tú qué haces, niña? Andas buscando una pendejadita así de chiquitita, que crees que alguien se te la ha robado y la tienes metida entre un poco de papeles.

Me dejó perpleja. Yo ni siquiera había articulado palabra alguna y ella ya lo había decidido todo. Desde luego, salí desilusionada, porque en mi afán de búsqueda yo había llegado a todos los resquicios de mi escritorio, oficina, dormitorio, biblioteca y todo lugar que me parecía.

Perro encontrado

Furiosa y desconsolada, no creía ya en la señora Guga cuando me tocó escuchar a mi amigo Henry, a quien se le había perdido su adorado Astro, un pastor alemán, con no sé cuántas cadenas de pedigrí. Tanta era la ilusión de encontrar a su perro que este hombre de cultura diferente, tan parco y nada creyente en estos asuntos, había ido “donde una mujer que me dijo que mi perro está amarrado en una villa grande, pero que va a regresar a mi casa el día 1 de septiembre, cuando nadie esté en mi casa”. Era la noche del 31 de agosto cuando a este alemán le brillaban sus intensos ojos azules frente a la esperanza de volver a ver a su perro.

Los meses pasaron y yo acepté la conducción y dirección de un magazine televisivo en Teleamazonas. El programa ‘Entre Ud. y Yo’ tenía frecuencia diaria y se presentaba en horario vespertino. A las 3 de la tarde se prendía el foquito de la cámara y yo anunciaba que “los mejores momentos de la tarde estaban por venir…” Así que un día, en búsqueda de situaciones diferentes me fui personalmente a invitar a aquella señora del barrio Orellana.

Los niveles más altos de sintonía se registraban cuando la presentaba a ella: doña Guga Ayala. Después la seguía el doctor Eduardo Manrique, quien por sus niveles didácticos y gran capacidad de comunicación, logró tener también altos niveles, pero “la Guga” dominaba el espectro televisivo a esa hora de la tarde.

Aciertos

Un día me llamó mi amigo Henry y me dijo en un español que no abandonó nunca el acento alemán: “Usted ha entrevistado a la mujer que me dijo que mi perro aparecería. Mi perro llegó solito, cuando nadie estaba en mi casa, en la fecha que ella dijo, casi me caigo cuando lo ví a mi perro, esa señora no se equivocó”.

Mi amiga Chechi no se divorció y yo encontré, finalmente, mi grabadora en una estantería de la biblioteca.

La última vez que la vi fue en diciembre del 2004. Evidentemente, los años no habían pasado en vano. Le fui a pedir que me diera las predicciones para el año siguiente, de Ecuador, las cuales se publicarían en un enfoque latinoamericano.

Esto no me gusta nada, fue lo primero que dijo, con cara de notable preocupación.

¿Qué significa eso?, pregunté con curiosidad.

Un hombre de poder, de gran poder, sale volando por el aire, se lo llevan, es como que si se lo llevaran los extraterrestres, lo agarran y se lo llevan…

Pero, ¿quién se lo lleva?, requerí.

Se va, sí, se va por el aire, no se cómo pero se va por el aire. Es un asunto político. Es una traición. Aquí tienen que ver las altas esferas, ¡ay, no, no, no! esto está muy feo. Al país le esperan días aciagos.

Explíquese mejor, le pedí.

No, yo no te he dicho nada. Borra eso, borra todo eso, yo no te he dicho nada. No quiero meterme en esto, todo está muy confuso, al Presidente de la República lo defenestran.

¿Otro cambio presidencial?

Sí, pero este hombre no es político, está ligado a la medicina y nuestro pobre país… No, no, no, no va más…

En un gesto casi de desesperación, doña Guga recogió todas las cartas que había dispuesto sobre el mapa del país.

Yo no te he dicho nada. A mí no me metas en líos, esto va a tener repercusiones feas… Y tú, no te metas en política, esto es sucio, utilizan a la gente y hay muchos intereses de por medio, me advirtió.

El 20 de abril del 2005, el ingeniero Lucio Gutiérrez, a la sazón Presidente de la República, abandonaba su cargo, abordando un helicóptero del Ejército nacional desde la terraza del Palacio de Carondelet.

En la otra dimensión, la Guga no va a necesitar cartas... que descanse en paz.

 

Amigo y fotógrafo

Manuel Tama Gianni no solo era el fotógrafo de Guga, sino su amigo. Se conocieron por el año 1972 e hicieron muy buena amistad, de esas que jamás se olvidan.

Con ella, dice, “se podía conversar por horas, era un coloso de energía y clarividencia; su risa, un sol de amanecer. Una mujer generosa y fuerte que ayudaba a todo el mundo, además nunca la escuché quejarse de nada ni de nadie”.

“Guga modelaba para Jorge Sotomayor y practicaba el espiritismo con su papabu, tenía un poder especial como médium. Sentados, en ese entonces en la cafetería del Hotel Palace, a veces me mostraba cómo viraba el rostro de alguna persona con su energía”.

“Un día que me visitó en mi estudio de Luque decidimos hacer estas fotografías de su rostro y ojos mientras conversábamos sobre temas esotéricos. Incluso, cuando modeló en una de las primeras ferias de Durán, en el stand del modisto Jorge Sotomayor, aproveché y le hice varias tomas durante el desfile”.

"Su fallecimiento me llenó de enorme tristeza y un vacío muy profundo me embargó. Como algo curioso de su paso por esta vida, mi buena amiga Katia Icaza me acaba de hacer notar de que Guga nació el 7 de octubre de 1939 y falleció el domingo 7 de abril, que este año cayó el día de la Divina Misericordia, de la cual era devota.

Para mí, Guga ha entrado por la puerta grande del conocimiento a la sabiduría del Universo, siempre supo dónde estaba y cómo estaba, ella ahora está libre y es energía pura”.

 

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