Los pasos de Harold Fry

Por Clara Medina
27 de Enero de 2013

Harold Fry acaba de jubilarse. Siempre fue un hombre correcto. Medido. Entre el trabajo y el hogar transcurrieron sus años. Es un adulto mayor que vive con su esposa, una mujer por la que sintió amor en su juventud y con la que tuvo un hijo, que reside lejos de sus padres. Con su esposa, Harold apenas cruza palabras. El tiempo hizo que la relación cambiara. Habitan bajo el mismo techo y son extraños.

Una mañana, a casa llega una carta para Harold. Nadie le escribe a este hombre. Tiene pocos amigos. La firma Queenie Hennessy. Le cuenta que está enferma de cáncer, en etapa terminal. Está en un hospital en el norte del país, lejos de allí. Harold se sorprende. Luego se conmueve. Hace más de veinte años que no sabe nada de Queenie y, de pronto, esa misiva. Esa revelación. Escribe una escueta respuesta y decide salir al buzón de correo más cercano para depositarla. Llega al primer buzón y decide seguir caminando para depositarla en el siguiente. Y en el siguiente, hace lo mismo. Mientras camina empieza a sentir que es muy fría su carta de respuesta. Queenie se ha tomado el tiempo de escribirle en medio de su enfermedad. Y de recordarlo. Así que opta por llevar él mismo el mensaje. A pie.

Lleva ropa y zapatos de estar en casa. Va sin celular. No está preparado para una caminata. Menos aún para tan larga distancia. Pero no le importa. Avanza a paso firme y seguro. Algún día llegará donde Queenie. Ojalá la encuentre aún con vida.

A medida que camina, que transcurre el tiempo, a medida que sus pies se ampollan, Harold revisa su pasado, su historia de amistad con Queenie, sus silencios, lo no dicho, su monótono matrimonio. Su vida anodina. Y en ese recordar, en esa revisión, hace como un balance de su existencia.

Al leer esta novela, la primera de la escritora británica Raquel Joyce (es actriz de teatro y televisión y guionista de la BBC), no podemos sino de alguna forma sentirnos identificados. Al principio, la de Harold parece una acción pueril (qué es eso de caminar en lugar de ir en carro o avión y llegar rápido), pero la autora, con pericia, logra remontar esta visión, para convertir ese hecho en un viaje interior, de búsqueda y de verdad. Y de valor. Muchas veces no indagamos en nosotros mismos por el temor de hallar recuerdos o hechos que nos duelen. O porque nos instalamos en la comodidad de lo conocido. La caminata de Harold es una metáfora y es a la vez una reivindicación de la vida, de los afectos, de la amistad, de los detalles. Es una invitación a que hagamos un alto y nos preguntemos si estamos satisfechos con la vida que vivimos. Si la respuesta es no, estamos a tiempo, como Harold, de emprender la caminata.

claramedina5@gmail.com

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