El rey David

20 de Diciembre de 2015

Este ancestro de Jesús, según la Biblia, mostró su humanidad en actos heroicos, pero también vileza en otros oscuros.

Su historia funciona perfectamente como una inspiración para el ser humano, porque personifica la gran victoria del débil ante el poderoso, del joven desvalido ante el guerrero violento, del alma sencilla ante el músculo arrogante.

El pastor David logra derrotar al gigante Goliat de una pedrada lanzada con una honda, indica el primer libro de Samuel, capítulo 17. El mensaje es que todos, con fe, tenemos la posibilidad de salir vencedores frente a los goliats que nos imponga la vida.

Según la Biblia, David era “el amado”, “el elegido de Dios”, por ello después de haber conocido la gloria como vencedor del gran soldado filisteo (referencias apócrifas indican que Goliat medía 2,9 m), el destino del pastor fue convertirse en un gran guerrero, suceder a Saúl como segundo rey de Israel, y ganarse la simpatía de todo su pueblo.

Su gran caída

Pero la vida de David también muestra actitudes de vileza, según el pasaje narrado en el libro 2 de Samuel, en la Biblia, capítulo 11, versículo 5.

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: “Estoy encinta”.

El rey David quiso encubrir su falta tratando dos veces de que el general Urías tuviera intimidad con su esposa para que él “fuera el padre” del bebé que esperaban, pero Urías permaneció célibe esos días por respeto a sus compañeros que estaban en guerra. Al final, y para evitar el problema que venía llegar, David lo mandó al frente de la batalla para que lo mataran los enemigos.

Al final relata la Biblia: “Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová”. 2 Samuel, 11, 27.

David y Betsabé (1562). Pintura del artista belga Jan Massys.

Sucesor y hombre

Estos hechos han sido elementos de productos audiovisuales hechos para el cine y la televisión (la más reciente es la película cristiana David & Goliat, del director estadounidense Tim Chey).

La literatura contemporánea también ha tomado la historia. La escritora estadounidense Geraldine Brooks, premio Pulitzer 2006 en la categoría ficción, es la autora del reciente libro The secret chord (El acorde secreto), título que sugiere el talento de David para tocar el arpa.

Brooks, quien fue periodista, es conocida por su habilidad de darle vida al pasado, impregnando la historia con personajes que permiten entender las muy difíciles encrucijadas y dilemas éticos que enfrenta el ser humano.

La historia que escribe Brooks es contada por Natán (Nathan), un profeta que es a la vez vidente y consejero. Él se muestra como muy cercano a David, a pesar de que su relación comienza en la violencia horrorosa: David lo conoce tras haber asesinado al padre de Natán, por negarles víveres, pero en lugar de buscar futura venganza, se convierte en su aliado.

Natán se transforma en el observador y cronista del rey, y trata de explicar cómo un hombre con errores tan viles puede convertirse en un rey amado. “Ellos lo conocían. Conocían sus defectos”. “Sin duda, creo que lo amaban sobre todo porque no era un hombre perfecto, tal como cualquier ser humano, y no escondía su naturaleza apasionada y débil”, narra el profeta en el libro, según una crítica del diario The New York Times.

El rey David, aquel pastor que se convirtió en la metáfora del triunfo del desvalido, también es el símbolo de la arrogancia del poder y la pasión carnal. También de la injusticia que puede traer la autoridad. Una crítica del diario británico The Guardian indica que, según el libro de Brooks, David mostró su mayor debilidad al negarse a castigar a su hijo mayor, Amnón, cuando este violó a su media hermana, Tamar. Él mostraba gran indulgencia hacia los pecados de sus familiares. Su excusa: de ellos nacería la progenie que tanto ansiaba.

Ya sea en la Biblia, o acompañada de los matices de la literatura, la historia de David evoca aquella cualidad del ser humano de acertar en sus decisiones, pero también de equivocarse terriblemente.

Pero en esas condiciones es cuando observamos la capacidad que el hombre y la mujer tienen para redimirse y escapar de su capítulo oscuro.

David entendió eso; se dio cuenta de lo grave que estaba haciendo y es ahí donde encuentra la misericordia de Dios y escribe estas palabras que salieron de lo más profundo de su ser: “Dios mío, por tu gran misericordia, ¡ten piedad de mí!; por tu infinita bondad, ¡borra mis rebeliones!”. Es una oración que puede salir de los labios de cualquier creyente. (M.P.) (I)

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