Huasteca Potosina: Donde nacen las aguas

07 de Junio de 2015
  • La cascada de Tamul es el salto de agua más alto de la Huasteca Potosina.
  • Para llegar a las cascadas de Tamul se viaja por 40 minutos en lanchas a remo guiadas por ejidatarios.
  • Tambaque es un río de agua cristalina y helada, ideal para descansar.
  • El sótano de las Golondrinas, abismo subterráneo.
  • La artesanía huasteca se caracteriza por los diseños simétricos y coloridos.
  • El jardín surrealista de Edward James en Xilitla.
Texto y fotos: Connie Hunter, para La Revista.

Un idílico rincón natural escondido al norte de la capital mexicana. Un paraíso que representa parte de la belleza ecológica de México.

Juan David, llamado por sus compañeros de escuela como Ferrocarril, nos condujo hacia la cascada de Tamul. Este niño de 10 años recorre cada día el río Tampaón junto a algún miembro de su familia y, con ellos, guía a los turistas que quieren conocer el salto de agua más alto del estado de San Luis Potosí.

En lancha a remo, para no contaminar las aguas cristalinas, llega hasta el lugar más cercano y se detiene a mostrar con orgullo los 105 metros de caída de agua. En su trayecto cuenta historias que ha escuchado repetidas veces en su comunidad, la que se rige por el sistema ejidal y por tanto es la dueña y administradora de las tierras que habitan.

Tamul es uno de los destinos a visitar en la Huasteca Potosina, una pequeña región ubicada a 449 km al norte de México D.F. y que está conformada por 20 municipios ejidales. Esta forma parte de la región Huasteca que se extiende por el norte de Veracruz, el sur de Tamaulipas, la Sierra Gorda de Querétaro y parte de Hidalgo.

La grandeza de un país se evidencia cuando su capacidad de sorprender es incesable. Eso es lo que ocurre con México. Escuchamos acerca de su arquitectura, su música, su gastronomía, su historia prehispánica y colonial, pero poco sabemos, por ejemplo, de estas tierras llenas de una peculiar diversidad donde los habitantes herederos de la cultura maya, mantienen vigente sus lenguas indígenas náhuatl, tenek y pame.

Ellos guían a los visitantes por rutas aparentemente poco exploradas. Vías sinuosas y angostas cruzan Ciudad Valles, donde letreros y transeúntes nos conducen a la laguna de la Media Luna, el Puente de Dios, las cascadas de Tambaque y Tamul, el sótano de las  Golondrinas o el jardín escultórico de Edward James en Xilitla.

Los sitios web www.huaxteca.com y www.yotellevo.mx explican las rutas más recomendadas para recorrer toda la zona en carro o en bus, mientras que otros sitios como www.huastecatours.com ofrecen paquetes turísticos completos. Lo importante es ir preparado para el calor, el agua, la aventura y con los sentidos dispuestos a captar la riqueza del lugar y notar, por ejemplo, que entre el verdor de la ribera del río Tambaque revolotean grandes mariposas azules o que otras más pequeñas portan en sus alas diseños que insinúan un número 88. Sus tonos rojo y blanco contrastan en las paredes de piedra del castillo de Edward James, junto a la cascada El General en Xilitla.

Sótano peculiar

Parada obligatoria en el municipio de Aquismón es el sótano de las golondrinas, un abismo natural de 512 metros de profundidad  declarado Área Natural Protegida bajo la modalidad de Monumento Natural, de tal forma que se pueda frenar cualquier intento de destrucción del lugar.

Luego de que el bus deja a los turistas en la vía pública, se desciende a pie hacia el borde del abismo por más de 600 escaleras muy bien construidas con materiales propios de la zona. El café recién colado que venden los comuneros es una grata compañía para este trayecto, así como los palos de madera que alquilan para usarlos como bastones en la exploración.

El camino concluye con un mirador desde donde se puede apreciar un enorme y profundo orificio. Al amanecer, miles de aves dejan sus nidos instalados en las paredes de piedra caliza y salen del sótano

formando un enorme remolino. Por la tarde vuelven y, volando en círculo alrededor del sótano, caen en picada uno a uno a las profundidades del abismo.

Este espectáculo natural dura varios minutos cada día y puede ser observado desde diferentes puntos alrededor del abismo. Son los ejidos quienes cuidan y ayudan a los visitantes a sostenerse mientras hacen fotografías o videos. Los que quieren contemplar esta danza sincronizada de las aves al amanecer pueden acampar en un lugar cercano y seguro.

El efecto mágico que evoca el sótano es solo un aviso de lo que viene después, en la zona de Xilitla. Tener la suerte de encontrar como guía a Carlos Carranza, hijo de uno de los hombres que construyeron el castillo del intelectual escocés Edward James junto a Las Pozas de Xilitla, lo vuelve todo más creíble o, mejor dicho, más increíble y surrealista. Sus historias de primera fuente nos aclara que no se trata de unas ruinas antiguas, sino de una obra construida en el siglo XX.

Carlos ha dedicado sus años a estudiar muy de cerca la historia de la Huasteca y ha confrontado la información que su padre le dio de Edward James, el millonario intelectual que llegó a México con la meta de situar el jardín del Edén.

Carlos explica que James contrataba mano de obra del lugar y les pagaba más de lo usual, por lo que todo el pueblo prefería trabajar con él. Cada rincón está lleno de elementos que evocan tiempos, historias y reflexiones personales. Cuando algo no salía a su gusto lo hacía derrumbar y lo volvía a construir. Su excentricidad no tenía límites.

Condición física

Caminos inconclusos, estructuras y elevaciones, puertas angostas y detalles extraños  se encuentran erguidos aún en la montaña. Un microclima especial, húmedo pero fresco, vuelve el paseo más placentero.

Llegar a la cascada de El General es como encontrar el tesoro del cual James se enamoró. Flores exóticas, musgo y vegetación prehistórica invaden el castillo y no pueden ser cortadas ni removidas pues, como explica Carlos, James no quería que se tocara la vegetación ni que se reconstruyera nada de lo construido para que con el tiempo su obra pareciera ruinas.

No se puede negar que visitar la Huasteca requiere de mucho esfuerzo físico. Es necesario ir preparado para largas caminatas, subidas, bajadas, remadas  y mojadas. Sin embargo, esa energía se recupera con la alegría que provoca una buena comida. La madre de Ferrocarril, por ejemplo, nos recibió luego del trayecto a Tamul con elotes enchilados (choclo picante) y tacos de papa. Y así, en cada paseo una exquisitez nos hace recuperar el aliento.

Pero hay algo de este viaje que realmente conmueve e impresiona, algo que lo hace único y lo deja con ganas de volver. Se trata de la sensación que queda de haber conocido los orígenes de la creación, pues cada lugar de esta región es un escenario paradisiaco que tiene la virtud de hacernos sentir como si nunca antes hubiera sido descubierto. (I)

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