El pulso de Baños

22 de Abril de 2012
Moisés Pinchevsky - Fotos : Victor Álvarez

El volcán ya no espanta a los turistas en este poblado andino. Ahora se ha convertido en imán de aventureros.

El velo de nubes blancas no se disipa. Se mantiene cubriendo el volcán como si fuera un paño de seda fina dedicado a proteger un tesoro.

Pero eso no desanima a Benoit Schumacher, viajero nacido en Bruselas (Bélgica) hace 38 años, quien junto con su novia, la japonesa Naoko Yamabe, de 35 años, caminó durante dos horas montaña arriba, siguiendo el zigzag de una vía carrozable de adoquines y piedras, hasta llegar al elevado mirador Ojos del Volcán, en el sector conocido como las Antenas.

“En Bélgica no tenemos montañas. Un país con montañas tiene paisaje muy especial”, indica exhausto y sentado en una rústica banca de madera, esperando que los minutos despejen las nubes para admirar un Tungurahua humeante que considera un premio inapreciable de su visita a Baños. “¿En qué otro país puedes tener tan cerca un volcán activo?”.

A esa espera se suma el japonés Tetsuo Mitamura, de 43 años de edad y siete de recorrer el mundo. “En Colombia, un viajero francés me dijo del volcán. Tenía que venir a verlo”, indica en un español que aprendió en Guatemala, y sin temor a que una erupción violenta encienda su curiosidad con cenizas y lava. “No se siente peligro, solo admiración”.

El europeo y el asiático no se conocían, pero el camino los junta en ese mirador para compartir esa magnífica espera.

Visitas volcánicas

María del Carmen Freire, propietaria del hotel La Floresta, en el centro de Baños, indica que el volcán ha dejado de ser considerado una amenaza. “Casi todos mis huéspedes llegan preguntando cómo ver mejor el volcán. ¿Dónde vamos, qué hacemos?, me dicen siempre”.

Y ella les explica la ubicación de los miradores y que la mejor hora para verlo es entre 06:00 y 07:00, y al atardecer. “Aunque también les advierto que muchas veces pasa tapado (con nubes)”.

Este momento del turismo baneño es considerado una recuperación a la crisis que nació en 1999 con el inicio del proceso eruptivo del volcán y que provocó la evacuación obligatoria del poblado desde el 17 de octubre de ese año, hasta el retorno a la fuerza motivado por los pobladores el 5 de enero del 2000.

Los meses y años posteriores fueron de picada para el turismo de Baños, hasta que una nueva erupción producida en el 2006 generó otro fenómeno: “los turistas comenzaron a darse cuenta de que el volcán es un atractivo. Y llegaron más viajeros, sobre todo extranjeros”, señala Freire, cuyo hotel mantiene un 50% de ocupación, especialmente los fines de semana. Esa cifra se reporta en la mayoría de hospedajes, que suman unas 4.000 camas, con tarifas que van entre $ 8 y $ 20 por persona en el 90% de la oferta hotelera, indica Guido Calderón, propietario del hotel Monteselva.

Más recursos

Calderón considera que Baños debería aprovechar mejor la presencia del Tungurahua. “Los pobladores hemos aprendido a convivir con el volcán activo, y lo mismo está ocurriendo ahora con los turistas, que deberían vernos como un paraíso geológico y destino científico. Baños debería tener un centro de interpretación del volcán, un museo relacionado al volcán, con geólogos que expliquen este fenómeno”, dice el empresario, que aplaude la iniciativa del Gobierno de proponer a Baños como Geoparque Turístico de la Unesco.

Este programa internacional busca integrar territorios que tengan patrimonios geológicos en una estrategia de conservación y desarrollo sostenible socioeconómico y cultural. En Sudamérica ya existe uno: Araripe en Brasil, y Baños apunta a convertirse en el segundo. La Red Mundial, hasta septiembre del 2011, sumaba 87 geoparques en 27 países.

Esa declaratoria elevaría la imagen turística de Baños, afianzado hoy exclusivamente como destino de aventura y deportes extremos.

Esa fama atrajo a la española Itxaro Solar, maestra de 32 años que a las 09:10 del viernes anterior desayunaba en una cafetería en la calle principal del poblado. “Muchos amigos me dijeron que venga por las caminatas y los paisajes”. A pocos metros cruza la calle el argentino Yair López, agente de seguros de 24 años, acompañado de cuatro compatriotas. “Con mis amigos vinimos desde Buenos Aires por los deportes extremos. Luego iremos a Montañita y Quito”.

Ninguno de ellos conocía sobre la erupción del volcán Tungurahua. Pero es distinto con Luis Aguirre, guayaquileño de 48 años, que llegó a Baños con su esposa, tres hijos y suegros. A eso de las 10:00 contrataban un tour en chiva que por $ 5 por persona los llevaría por la Ruta de las Cascadas (vía a Puyo) para pasar por túneles en la montaña, cruzar por sobre el río Pastaza en tarabita ($ 1,50, opcional), volar en los cables de las tirolinas ($ 10) o realizar un salto de péndulo desde el puente del río Blanco ($ 10). Ellos eran unos de los pasajeros de las diez chivas diarias que transitan con unos 20 pasajeros en promedio. Y los fines de semana la cifra se duplica.

Y por la noche Aguirre y su familia pensaban tomar el tour nocturno hacia el mirador de Bellavista, que sale cada noche desde varias operadoras del centro para brindar a los turistas la posibilidad de contemplar la cumbre encendida del volcán, además de observar espectáculos con comediantes. Pero puede ocurrir que las nubes impidan ver el volcán. “Estamos muy entusiasmados con verlo. Que salga, que salga, que salga”.

Pocas horas después, igual llamado hacían Benoit Schumacher, Naoko Yamabe y Tetsuo Mitamura en el mirador Ojos del Volcán. Aquel día no salió el Tungurahua. El manto de nubes lo cubrió durante todo el día. Pero prometieron regresar al día siguiente en una mañana transparente en que las nubes –¡entonces sí!– se apartaron de la montaña para mostrar su humeante y monumental tesoro.

 

El vigía del volcán

Baños de Agua Santa (1.820 msnm) cuenta con cinco miradores empleados por los turistas para contemplar el volcán. En el lado norte está el mirador Ojos del Volcán (2.708 msnm), donde el Municipio de Baños espera construir más facilidades para el turista.

En el lado oeste está el ubicado en el caserío de Pondoa (2.497 msnm), donde opera una hostería de turismo comunitario, en las faldas del propio volcán.

Al suroeste de la urbe está el mirador de la Virgen, que exige subir más de 400 escalones.

Por el sureste está el mirador más popular: el de Bellavista (2.100 msnm), adonde enrumban las chivas nocturnas. Más arriba en la zona de Runtún está el conocido como la Casa del Árbol (2.630 msnm), que tiene efectivamente una pequeña casa levantada sobre un árbol de unos 20 m de altura.

Pero lo más característico de ese sitio es la presencia de don Carlos Sánchez, propietario de ese terreno, donde el Instituto Geofísico ha instalado sensores para medir la actividad del volcán. Sánchez es conocido como el vigía del Tungurahua, actividad que realiza como voluntario.

“Cuando regresé de la evacuación de 1999 le agradecí a Dios y le prometí que me dedicaría a servir a Baños y al turismo”, indica este exmilitar y campesino que se dedica a vigilar la actividad del volcán, “ya que los equipos técnicos registran cierta información, pero es necesario tener a alguien que observe el volumen de material descargado o las explosiones”.

Sánchez considera que es su responsabilidad estar pendiente de la actividad del volcán para alertar oportunamente a los baneños si existe alguna explosión.

El mayor experto en volcanes en el país es Hugo Yepes, director del Instituto Geofísico, quien no observa cambios drásticos en el volcán a corto o mediano plazo, por lo que propone manejar el turismo con prevención.

El presidente Rafael Correa pasó con su familia en este cantón con motivo de su cumpleaños, el 6 de abril.

 

 

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