Romanticismo o amor real

14 de Febrero de 2016

Las definiciones que vienen en tarjetas como las de la caricaturista neozelandesa Kim Casali, que se volvieron populares a fines de la década de 1960, son puestas a prueba. ¿Qué es el amor en la realidad de hoy?

“Aterricen las expectativas”, es una de las primeras recomendaciones de la psicóloga clínica Glenda Pinto Guevara, al reflexionar sobre cada uno espera de la vida en pareja. “Una cosa es el amor delirante y otra es el amor real. Este último requiere tomarse el trabajo de conocer para luego decidir”.

Es también el consejo de la terapeuta y neuropsicóloga clínica Mónica Hurtado. “En una relación de pareja saludable existe autoafirmación, autovaloración, autodependencia, me hago responsable de mis necesidades y anhelos y no me siento a esperar a que el otro cargue conmigo o me resuelva la vida; sí puedo respirar y disfrutar sin el otro”.

Empiecen a ver la realidad, recomienda la psicóloga clínica Liliam Cubillos. “Es de esa realidad de la que hay que enamorarse antes de pensar en matrimonio”.

El amor per se no va a perdurar hasta que la muerte los separe, sino que “la pareja lo va construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo, por eso no se puede dejar de cuidar una relación. Muchos entran en depresión después de la luna de miel. '¡Tú no eras así cuando éramos novios!'”. El éxito, dice la especialista, no viene por juntar a dos que se gustan, sino por un proceso de comunicación. No aceptar que la relación es una transformación continua es la fuente de muchos descontentos.

¿Para qué sirve el romanticismo?

Para Pinto, lo que se conoce como amor romántico, totalmente desinteresado e incondicional, está sobrevalorado y “se le adjudica demasiada responsabilidad respecto de si le va bien o le va mal a alguien en su relación. Está idealizado más allá de lo posible. Se piensa que el otro debe disculpar todo y aceptarnos con todos los defectos y limitaciones, pero el amor sano tiene ciertos límites y no debe sobrepasarlos, por lo menos aquellos que tienen que ver con el autorrespeto y los principios personales”.

Al estar demasiado lleno de connotaciones 'bonitas', explica Pinto, el amor se aleja de la realidad. “Creamos expectativas falsas, que llevan a decepción y desilusión”.
El romanticismo es un ingrediente importante para cultivar el amor, concede Cubillos. “Pero el exceso tiende a esconder manipulaciones emocionales. Ser romántico no es amar. A través del romanticismo se puede manipular, controlar y engañar. Se compra a la pareja a través del romanticismo. Pero eso no da cuenta de cómo está estructurada la relación interpersonal de estos dos seres humanos”.

Hurtado pide no pensar en el amor como romanticismo puro, sino redefinir este último como un elemento para mantener la relación en acción. “Desde mi perspectiva, consiste en traer energía a casa para invitar, conversar, planificar, hacer un punto aparte en la rutina por lo menos una vez a la semana”.

Amor es, caricatura de Kim Casali.

El amor sí tiene límites

Las fronteras, dice Pinto, son el respeto a la otra persona y el respeto a uno mismo. “No puedo, en nombre del amor, ir más allá. Eso sería delirio, lo cual no es sano”.

Para Cubillos, el límite del amor es la insatisfacción. “Si me siento solo al lado de él o de ella, si dependemos de los amigos para estar juntos, si no aguantamos estar en la casa, si huimos, evitamos, ponemos excusas, vale hacerse unas preguntas que propone Walter Riso en Los límites del amor saludable: '¿Está contento con su relación de pareja y la vida que lleva? Si pudiera cambiar el pasado, ¿repetiría con la misma persona?'. Y si no se ha comprometido formalmente y no ha hecho una familia, es momento de buscar un espacio de reflexión”.

El sentimiento real es, en palabras de Pinto, el de dos personas adultas, maduras, que se aceptan como son dentro de las limitaciones, que reconocen en el otro algo semejante a su naturaleza. “Si es muy diferente a mí, si tiene otras concepciones, puede que me sea muy encantador, pero no es mi pareja. Hay que estar claros en eso, y aquí está la gran dificultad”, considera. “La mayoría de las consultas son por problemas de comunicación graves. Justamente por la idea rosa de un amor sin límites, las parejas se consideran como un castigo, karma o cruz a la cual no queda más opción que llevar”.

En el sentimiento real, la persona se respeta y es lo suficientemente asertiva para decir: 'De esta manera no está bien para mí. Si ese es tu estilo, tendré que considerar que tú y yo no vamos'. “Si no me gusta que me maltraten, pero lo permito porque es mi novio y debo aceptarlo como es, no estoy frente a un amor sano”.

Un tema importante es la madurez emocional, dice Cubillos. La gente crece físicamente, económicamente, académicamente, pero puede conservar la capacidad emocional de la adolescencia, sin desarrollar tolerancia a la frustración. “Cuando no hemos superado esa etapa y nos casamos o juntamos, armamos el berrinche apenas no nos dan gusto. Si algo sale mal, nos descontrolamos. Empieza el discurso de: ‘Se supone que tienes que hacer esto y darme esto, porque así lo hacían en mi casa’”.

Sería ideal que esta pareja busque ayuda a los primeros síntomas, expresa la psicóloga, porque eso les va a permitir ampliar el panorama de lo que significa tener una relación. “Puedes tener una casa y dos títulos, pero si no tienes ese soporte emocional ni valores personales, la pareja no va a ninguna parte”.

Polos opuestos y medias naranjas

Hay mucha confusión con creencias populares como aquella de que los polos opuestos se atraen. “¡Por supuesto que me va a atraer!”, señala Pinto. “Pero aquí la cuestión es: ¿quiero empezar una relación con esa persona? Quizá al principio haya tolerancia, porque la idea disfuncional de 'mi amor lo va a cambiar'. Esto es delirante, estoy operando sobre una base falsa, cuando la realidad me dice otra cosa: que tenemos naturalezas y deseos diferentes. No digo que no se pueda”, aclara, “pero es un anuncio de dificultades”.

Otras creencias arraigadas son la de buscar 'la media naranja'. “Suena romántico”, admite Pinto, “pero también evidencia que me siento incompleto. Si yo busco que me completen, voy a elegir desde mis déficits, y supuestamente esta persona va a hacer el gran favor de suplirme”. Si hay una ruptura, vienen grandes dolores emocionales. 'No puedo vivir sin él o sin ella. La vida no tiene sentido'. Un duelo que podría ser normal se convierte en el fin de la vida.

Esto es a lo que Pinto llama sobredimensionar el amor: culparlo de las cosas que tienen que ver la persona y no con el sentimiento. “El amor sano es una construcción de afecto hacia otra persona, que me ayuda a crecer. Elijo desde mi plenitud, necesito a alguien que vaya bien conmigo en aquellos aspectos de la vida que son importantes para mí. Ojo: necesito saber cuáles son esos aspectos. Tengo que tener claro lo que me gusta, lo que prefiero y lo que quiero, y buscar alguien afín a mí. Las diferencias de principios, a la larga, dañan la relación de pareja”.

“En nuestra cultura”, opina Cubillos, “el manejo de la relación antes de una convivencia no es de profundidad, sino de periferia. No hay conciencia de descubrir cómo es el otro, qué quiere en la vida. De ahí expresiones como 'el matrimonio es una lotería'. Uno puede, hoy, preocuparse de conocer intrapsíquicamente al otro, las convenciones sociales lo permiten. Pero no se siente la necesidad de desgastarse en en eso porque es más fácil llegar antes al placer. Las personas no están preparadas para entender la individualidad del otro”.

Comunicación y libertad

Hay tres dimensiones importantes, detalla Pinto, en una relación. El eros, que está relacionado con el deseo por el otro; la filia, que tiene que ver con la amistad y la empatía; y finalmente el ágape o necesidad de hacer proyectos en común, de sentirse cerca para crecer juntos. “La pareja es un plus a la propia vida. No viene a quitar sino a añadir”.

“Creo que es vital entender que las parejas no existen”, sostiene Liliam Cubillos, y especifica: “Lo que hay son dos seres humanos que deciden, por atracción inicial, entendimiento, comprensión e intereses afines, compartir una experiencia afectiva. 

La pareja es un sistema que se define por la relación de comunicación que tienen los dos. Cómo yo me dirijo a él, cómo él se dirige a mí. No bastan dos para hacer una pareja. Lo que importa es la comunicación que tienen. Cómo cada uno usa el lenguaje, corporal y verbal, para identificarse ante el otro. Las parejas se separan porque no se pueden entender, y no se entienden porque no se pueden comunicar. Lo decisivo es cómo nos conectamos, interdependemos e interactuamos”.

Depende mucho de la historia personal de cada uno. Si la comunicación no es clara y los sentimientos están mezclados con dependencia, apego, obsesión, tendencia a controlar, violencia o adicción, no puede construirse una relación sana. Y para que esos elementos se presenten, el otro tiene que estar dispuesto a entrar en una relación excesiva.

“El amor sano es libre, como dice el poeta Tagore: poder ofrecerte mi corazón liberado”, cita Cubillos. “No perder la individualidad. A medida que pasan los años y la relación crece, el amor va cambiando de traje. Pero cuando uno de los dos le empieza a quitar la esencia al otro, cuando uno se diluye por el otro, equivale a quitarse los ropajes emocionales sanos para vestirse de la parte patológica dominante. Esto nos lleva a creer, por ejemplo, que no importa cómo nos traten. Cuando vivo según los parámetros del otro, me pongo a su disposición y renuncio a mi individualidad, ya no hay amor ni pareja”.

En la terapia se oye: No nos entendemos, peleamos todo el tiempo. “Pero no dicen: No sabemos comunicarnos”, comenta Cubillos. “No usan ese término, ni siquiera se lo plantean”. En cambio, se cita con facilidad la ‘incompatibilidad de caracteres', que para Cubillos es un cliché para justificar el no haberse ocupado de conocerse mutuamente.
Sucede, continúa Cubillos, que casi ninguna pareja construye un proyecto matrimonial. “El proyecto es la boda, el vestido de novia, la luna de miel. Algunos tienen la mala suerte de que les regalen la casa y el carro. Allí no hay pareja”.

‘Como a ti mismo’

La primera condición para vivir la experiencia del amor saludable, indica Hurtado, “es estar enamorado de uno mismo, disfrutar de los espacios personales y de los momentos de soledad. Cuando se es capaz de unirse a otro para compartir, no para ponerle la carga de hacernos felices, se está listo para vivir una plena experiencia de amor. La secuencia sería: me amo, te amo, nos amamos”.

“Si me enamoro de mí de una manera sana, voy a buscar a alguien que me haga bien, que me ayude a aumentar ese amor”, afirma Pinto. “Es importante que aquel a quien yo admiro me pueda admirar. Así comienza el amor real”. 

Indicadores del desamor

Estar siempre rodeados de hijos, familia, amigos, pues no pueden estar los dos a solas. Se ha agotado lo que se pueden dar, pero mantienen el formato de pareja vacía, por apego o comodidad. “Un gran error es no comprar un seguro para parejas. ¿Cuántas veces al mes salen? ¿Qué espacios tienen para los dos?” (Liliam Cubillos).

• Sentirse poco libres de pensar, de decir, de actuar, vivir con limitaciones. “El amor asertivo dirá: ‘Te quiero, pero esto no está bien para mí’. El amor no aparecerá mágicamente en alguien que con sus actos demuestra que no ama. Esa relación se construyó mal desde el principio”. (Glenda Pinto).

• Detectar un problema en la relación y que la pareja se oponga a buscar ayuda es un indicador de que, por lo menos en esos aspectos, usted anda solo.

• Adoptar roles inadecuados: querer salvar al otro, mantenerse a pesar de la violencia física y psicológica por pensar que lo merece o que no hay más opciones. (Mónica Hurtado).

• Controlar. “Es muy común la clonación del WhatsApp, el correo, el teléfono, activar en el smartphone el GPS del celular de la pareja. Estas acciones exacerban la inseguridad existente, pero se ejecutan creyendo que generarán paz”.

• Manipular. “En el momento que detecte la incomodidad de hacer algo que no quiere, active la alerta de peligro, tal vez esa no es la persona que usted desea para su vida”.

Amor en igualdad de condiciones

Pareja significa igualdad de obligaciones y derechos, opina Pinto. Cada quien tiene razón en esperar ciertas cosas del otro. Y es de esas cosas que hay que hablar al inicio de la relación. Son los acuerdos previos.

Si eso no está claro, con el tiempo, las presiones y las creencias producen desniveles. Por ejemplo, cuando uno de los dos queda por debajo del otro, se crea una relación paterno-filial, no adecuada. “Primero, el dependiente se convierte en un peso para el que asume el papel paternal y protector: segundo, deja vacío su lugar de pareja. Lo que va a pasar”, dice Pinto, “es que el dominante va a llenar ese espacio invitando a otra persona a la relación”.

Además, incidirá en la manera en que los hijos tratan al padre o a la madre dependiente. ¿Lo ven como a un superior o como a un igual? “Esos son los casos en que uno de los padres se lamenta de que los hijos le contestan, no lo respetan, y de que la pareja lo desautoriza y empeora la siuación”. Los hijos perciben al padre dependiente como un hermano más, una hermana más. Estoy hay que desemtramparlo, indica Pinto. A los padres no les conviene esa relación y a los hijos tampoco.

“Es necesario trabajar en la filiación, llegar a la confianza psicológica en la que puedo decir lo que pienso y lo que siento, sin ambages, adornos o pretextos. Este soy yo y esto es lo que espero. Y desde ese ángulo, sí puedo esperar que el otro, una vez que sabe como soy, me acepte”.

“El compañero de vida es”, dice Hurtado, “un individuo que tiene propios anhelos y que se une a mí para encontrarnos en un proyecto común sin empujarnos, obligarnos o arrastrarnos. Cuando nuestra historia personal ha estado marcada por inseguridades, abandonos, pérdidas, maltrato, y esto no fue superado, empezamos a afectar a la pareja con estos temas, recreando de manera inconsciente aquellas emociones negativas que nos acompañaron en nuestro crecimiento”.

Autoconocimiento

Pocas personas, dice Pinto, empiezan una relación teniendo muy claro lo que quieren. “Lo que encontramos con frecuencia son individuos que han fracasado en relaciones anteriores y cuando emprenden otra, van llenos de miedo”, precisamente porque sus expectativas anteriores resultaron insatisfechas.

¿De qué manera aterrizarlas? Fijándose en aspectos como la afinidad. “¿Pueden mantener una conversación de temas importantes por mucho tiempo? Baje la dosis de temor y los filtros de las experiencias anteriores. Los filtros deben servir, no para detenernos, sino para elegir mejor. Profundice en cómo es el otro, cómo ve la relación de pareja, tomando en cuenta que nadie da de entrada esa información”. Pero primero, sepa con claridad qué es lo que usted necesita, así al interactuar percibirá si les va a ir bien o no.

“Si ha tenido desencantos fuertes y usted quiere ser responsable con su vida anímica, su deber es analizarlo. Qué estuvo mal. En qué falló. Por qué llegó a esta situación. Y qué hará para que no vuelva a suceder”. Pinto no descarta la opción de una 'huelga afectiva'. “No trate de buscar una relación nueva, sino ábrase a la posibilidad de conocerse a usted mismo, de estar libre, de estar solo (lo cual asusta a muchos), de disfrutar y descubrir qué le gusta, qué está dispuesto a aceptar y qué no, qué quiere para su vida, sin la trampa de las ataduras culturales”. Muchos no pueden experimentar esta etapa autodescubrimiento porque su entorno les recuerda que tienen tal edad y sin pareja, sin hijos o con uno solo. “Acepte que no es posible conformar a todo el mundo y es necesario tener creencias propias, no adoptar las de los demás”.

El amor del siglo XXI

Entre los jóvenes, dice Cubillos, la tendencia es que todo lo que sea contrario a un compromiso es lo que funciona. Disponen de una amplia gama de formas de relacionarse dependiendo del grado de contacto físico y de las recompensas por dicho contacto. “La transparencia de la modernidad dice que si te mantienes con el marco axiológico previo, no tienes aceptación. La mujer joven (20-30 años) se ha endurecido y pragmatizado. La parte emocional y sentimental ha pasado a un segundo nivel. No se involucra tanto en la relación”. (D. V.) (F)

 

  Deja tu comentario