¿Qué nos pasó?

Por Ángela Marulanda
18 de Agosto de 2013

Hoy no solamente estamos viviendo un cambio de era sino una era de grandes cambios, y si bien hoy hay muchas cosas mejores, también hay otras tantas peores. Hemos ido adoptando una posición de apertura a todo, incluido todo lo malo, aun cuando vaya en contra de lo sano, lo bueno, los principios y los valores, como por ejemplo…

Los adultos quieren seguir pareciendo jóvenes, mientras que los niños maduran tempranamente porque viven como adultos.

La juventud ha sido glorificada a tal punto que hoy los ancianos ya no son venerados por su sabiduría sino menospreciados por sus arrugas.

Muchos padres y madres divorciados conviven con sus “marinovios” y muchos hijos o hijas pasan la noche con sus “amigobios”.

Los humildes a menudo son despreciados, los malvados son justificados, los bondadosos son ridiculizados y los íntegros son repudiados.

Lo que ahora más se admira en una persona es la fortuna que amase, no la honestidad con que la haya logrado ni la generosidad con que la comparta.

La mejor credencial es tener mucho dinero, como quiera que se haya ganado, y la peor es tener poco por ser honrado.

El maltrato se volvió una entretención, la infidelidad se justifica, la impunidad se glorifica, el vocabulario soez se considera gracioso y la vulgaridad se celebra como divertida.

Las personas sencillas son despreciadas como nerdos, mientras que los ostentosos son reverenciados como héroes.

La gente que defiende los principios éticos y morales a menudo es tachada de puritana o anticuada, mientras que la liberada (de toda norma moral) es admirada y elogiada como de “avanzada”.

¿Qué nos pasó? ¿A qué horas lo positivo se volvió negativo y lo malo se volvió bueno?

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