Romántico paraíso: No dejen de visitarlo

Por Epicuro
15 de Noviembre de 2015

“El ambiente natural es fascinante, la tranquilidad pasmosa. Un detalle simpático: muchos grupos de mujeres acuden allí”.

No sabía que en Plaza Navona (km 5 de la av. Samborondón) se escondía Lola Lolita, un rinconcito tan acogedor al que volveré con absoluta seguridad. Dos argentinos jóvenes, emprendedores, decidieron conservar como eje del lugar un árbol frondoso magnífico que ha de tener por lo menos unos cincuenta años.

Así como hubo tres famosos Pablos (Neruda, Casals, Picasso) Lolita nació con dos Pablos, el uno se llama Quintana y el otro Adán (apellido muy adecuado para este nuevo paraíso). El uno oficia en la cocina, el otro administra. La brisa nocturna es riquísima, estamos al pie del río, nos sentimos en otro mundo, podría ser en cualquier país. Una fuente luminosa con luces azules da la bienvenida, me atrevería a decir que es el lugar más poético y hermoso que tenemos para la más agradable velada, un sitio para relajarse.

Empecé la noche con una caipiriña helada servida en la copa adecuada (aguardiente de caña: la famosa cachaza, jugo de limón, azúcar), pero podría haber sido un mojito, una piña colada, un daiquirí, cualquier otro coctel clásico (entre $ 8 y $ 9).

El ambiente natural es fascinante, la tranquilidad pasmosa. Un detalle simpático: muchos grupos de mujeres acuden allí entre lunes y jueves sin duda alguna por la hermosura del río vecino, la absoluta seguridad, la serenidad que todos buscamos después de una jornada de trabajo. El personal ha sido adecuadamente formado: Andrea la anfitriona recibe con amabilidad a los comensales, ustedes podrán escoger una mesa justo al pie del río bajo el árbol lo que yo preferí. Hay dieciséis tipos de piqueos, entre $ 12 y $ 26 sean de salmón, cerdo, pulpo marinado, pollo, chorizos, atún, fondue de quesos.

El plato fuerte que recomiendo es el salmón rosado con mantequilla de almendras ($ 26) porque guarda un sabor discreto, no invasivo, luce delicado más podría ser un lomo fino importado en crocante de chimichurri ($ 22), que me cocinaron en el punto de un cuarto, la más sabrosa forma aunque no muy adoptada por la mayoría de los clientes.

No vayan con apuro, es un sitio para disfrutarlo, esperen que traigan su pedido, mientras tanto beban un gin tonic de frutas rojas ($8), un dry Martini, un pisco sour, el delicioso pisco de primavera con fresas y leche condensada.

La carta de vinos es bastante variada, pero los precios me parecieron algo elevados (entre $ 35 y $ 70). Evidentemente si les atrae un vino Premium como mi predilecto de Angélica Zapata les costará $ 120, pero hay noches o compañías que merecen esas locuras. Les propongo el excelente malbec de Doña Paula ($ 50) o el Errázuriz Estate. Si desean ajustarse un poco más a su presupuesto, una copa de espumante les costará solamente $ 8.

Volviendo a los platos fuertes, pueden dejarse tentar por la corvina de roca en salsa cítrica ($20), las mollejas crocantes con provoleta ahumada y portobello asado ($ 16); tienen pastas italianas, pollo matambrito de cerdo –por favor cambien los cuchillos, pues no son adecuados para cortar un bife–, propongan un vaso de agua bien fría apenas estén sentados sus huéspedes, pregunten si quieren agua natural o con gas.

En conclusión, les digo con todo corazón que disfruté inmensamente la poesía nocturna de aquel acogedor sitio, a veces con luna incluida. El expreso fue un Bondolfi muy concentrado (muchos restaurantes han adoptado aquella pequeña máquina que resulta ser la más económica y sabrosa. Epicuro tiene una en casa. (O)

epicuro44@gmail.com

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