Sufriendo de lo lindo: ¿Luego del terremoto?

Por Mr. Smith
12 de Febrero de 2017

“La Trinity tiene algo que aprender de dramas más serios... O ser más graciosa para que igual nos riamos”.

Para esta dosis de realidad, las tragedias y el sufrimiento son de los componentes más fuertes que nos empatizan con los personajes en pantalla y otros medios. Ver el dolor en un entorno de ficción despierta nuestra compasión cuando no se supera, nos inspira cuando se conquista, o nos regala una carcajada sanadora.

En diciembre pasado La Trinity de Ecuavisa terminó con un controversial terremoto en el que sus personajes fueron victimizados por la realidad que se vivió en Ecuador. Y bueno, ¿por qué la polémica de la aparición del terremoto en la serie? Más allá de la sensibilidad con el tema, el motivo principal es que La Trinity no estaba preparada para esta dosis de realidad. Descrita como telenovela de drama y comedia, creo que deja que desear en ambos departamentos.

La comedia para mí es su punto débil, seguramente porque mi humor “sofisticado” de crítico todavía no supera al Chavo del Ocho. En el drama la novela estaba tibia y apenitas calentándose, pues cuando exploraba afuera de sus rígidos estereotipos, no dejaba de lado la sobreactuación de la mayoría de sus actores.

No puede ser que la música te haga sentir más que la cara o el tono de voz de los afectados en la escena, pero así sucedía. Las tragedias personales han tenido impacto como plot twists, que nos dejan la curiosidad del “¿qué pasará ahora?”, mucho más que como generadores de ira, tristeza o desesperación acerca de lo que está pasando, con pocas excepciones.

En el espectro opuesto y sin pretensión de risa, ¡qué placer masoquista ha sido ver Maldita tentación! Esta serie mexicana se estrenó en TC Mi Canal el 10 de enero en prime time y con un nombre tan sutil como la música que utiliza para exagerar el dramatismo de sus escenas, no me hubiese esperado quedar genuinamente enganchado.

La trama gira alrededor de Fernando Bonilla, cuya vida cae en espiral desde que se involucra con una mujer que se hace llamar Estefanía Braun. Lo que empieza con la típica infidelidad marital termina en un asesinato, y entre chantajes y encubrimientos, va manchando las manos de sus allegados a medida que se van sumando los episodios.

El logro de esta teleserie radica en la exposición de personalidades que en su rango de virtudes y defectos parecen ordinarias, pero que van degenerándose con acciones que en su cotidianidad hubieran considerado moralmente impensables.

Por supuesto, si bien los personajes están construidos para sentirse tridimensionales, una mala actuación siempre puede aplanarlos. Este no es el caso aquí. El actor Valentino Lanús hace una convincente interpretación de Fernando Bonilla en su constante conflicto interno de impotencia, culpa, ira y desesperación.

Por más disímiles que sean estas dos producciones, creo que La Trinity tiene algo que aprender de dramas más serios como Maldita tentación, y va a necesitar encarnar de forma más real ese dolor que afectó a la nación para que no sintamos que la burla es hacia nosotros... o ser más graciosa para que igual nos riamos.

La Trinity vuelve en marzo y el elenco tiene una oportunidad de demostrar que están a la altura de su decisión y hacer que me muerda la lengua por equivocado. ¡Y qué rico que sería eso! (O)

ojosecos@gmail.com

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