Niño, ya no te quiero: Formación actoral

Por Mercucio
21 de Mayo de 2017

“La formación en teatro de cada uno de ellos es exclusivamente en teatro, con alguna salvedad en televisión.  Re-formarse, de-formarse, trans-formarse es obligación...”.

El Teatro Sánchez Aguilar inició su temporada 2017 apostando por la obra Te quiero, Muñeca, jugándose incluso el festejo de su quinto año de trabajo por el teatro y la cultura en general en esta ciudad. Celebración que merece de mi parte las más sinceras felicitaciones y deseos que continúen. Pero también recordándoles la famosa frase que alborotó a los científicos en el siglo XX: “Dios no juega a los dados”, dicha por Einstein, pensando en que corrieron un riesgo grande al dar apertura a su año teatral con esta obra, aunque también considerando que siempre es difícil una buena primera impresión... y esta vez la lograron.

Ernesto Caballero, quien es un reconocido dramaturgo, director de escena, ganador de premios y de gran recorrido en el teatro español, es el autor de Te quiero, Muñeca, estrenada en Madrid hace diecisiete años. Además de haber escrito una veintena de obras, ¿cuál fue el criterio del cuerpo teatral para elegir esta obra y no preferir Eco y Narciso, Brecht cumple cien años o En esta vida todo es verdad y todo es mentira? Te quiero, Muñeca tiene un guion importante, sin embargo estuvieron muy cerca de hacerla pop. La –muy buena– dirección estuvo a cargo de Wilson García y las actuaciones por Shany Nadan (La Muñeca y Eva), Santiago Carpio (Andrés), Rosymar Gonzales (la brillante científica Alba), Carolina Piechestein (Rosa, la vecina) y Pepe Sánchez (Ramón, el vecino).

Andrés, un crítico de cine que vive muy bien por cierto, no ha tenido suerte con las mujeres en toda su vida, por lo que le encarga a la doctora Alba, una chica que tenga todo lo que él desea tener en una mujer. Aparece Nora la muñeca, cumpliendo las exigencias de su amo, pero que a la primera imperfección Andrés no sabe qué hacer y la devuelve para reprogramarla, y poder satisfacer otra vez sus deseos.

Las interpretaciones fueron sobresalientes con especial atención en Shany.

Los actores destacaron en proyección de voz y transmisión del contenido a través del cuerpo, algo que a Santiago, con mucho cariño digo, le faltó.

La formación en teatro de cada uno de ellos es exclusivamente en teatro, con alguna salvedad en televisión. Re-formarse, de-formarse, trans-formarse es obligación de todo aquel que hace teatro. Los institutos que forman actores para televisión deben advertir que no forman actores para las tablas. Carpio era el mismo Max de Nuestras mujeres y Te quiero, Muñeca no es una de esas obras en las que el casting es porque “la personalidad del actor se parece a la del personaje”; el actor tiene que actuar y Santiago Carpio puede hacerlo mejor. Ejemplo a seguir es el trabajo corporal donde relucieron Nadan y Sánchez, notándose a leguas su preparación.

Es imposible no vincular esta obra como referencia a la obra dramática de Henrik Ibsen, Casa de muñecas, cuya protagonista lleva el mismo nombre del personaje principal de acá: Nora, quien vivía en una burbuja de felicidad siendo el objeto de su esposo. Para Andrés, el hombre perfeccionista –inmaduro más bien–, cualquier anomalía en la mujer, su objeto, lo descoloca y tiene que tomar “el control” ¿como sea? Esa anomalía es el deseo que puede tener una persona (la mujer), que va en opuesto al deseo en la imaginaria omnipotencia del hombre. La ciencia no puede resolverlo todo y “la ciencia es bastante poco moral”, dice la doctora Alba. Aunque a veces en el experimento científico, tal como sucede en La novia de Frankenstein, es que despertamos y nos damos cuenta de que nuestra pareja es un monstruo. (O)

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@_Mercucio_

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