Relatos de Cino

Por Clara Medina
07 de Agosto de 2016

En su libro de poemas Cuerpos guardados, de 2009, la escritora Maritza Cino introdujo varios cuentos. Fue una señal de que su palabra se estaba abriendo a otros registros de escritura. Ahora, la autora guayaquileña y catedrática universitaria, entrega un libro de narrativa, titulado Días frívolos, que ve la luz con el sello Cadáver exquisito, dirigido por María Paulina Briones, quien se ha encargado de la edición de esta nueva obra, que muestra a una Maritza Cino narradora de historias cortas, pobladas de poesía: “La última vez que se miraron, la luna descendió como en los viejos tiempos. Los lugares comunes humedecieron el cielo y el mar se recogió para celebrar el pacto”.

Es una obra de 60 páginas, con cuentos cortos, de apenas unas líneas, y otros más extensos, de dos o tres páginas. El diseño interior del libro hace pensar en un tono de recuerdos y evocaciones. No puede decirse, con rotundidad, que es un volumen autobiográfico, aunque sí tiene aires de familia. En las últimas páginas trae una especie de álbum: la tía de la escritora, los abuelos, paisajes italianos, unas maletas.

Cino, nacida en Ecuador, pertenece a una familia de inmigrantes italianos, que se asentaron en Guayaquil. En algunos de los cuentos hay referencias a ello. En el cuento Al sur, por ejemplo, se cuentan dos historias: la de un viaje a Italia, a la tierra de los ancestros, y los días en familia en Guayaquil, cuando la abuela preparaba polenta los domingos y todos juntos celebraban la vida. Poco a poco la “dinastía empezó a desintegrarse”, se narra, y ahora solo hay recuerdos. “Mi cuerpo detenido con anécdotas que había escuchado desde niña, apenas pudo recogerse, comprimirse y esperar en la velocidad del tren. En ese estado hipnótico que me acompañó durante mi viaje me quedé enganchada en el sonido del mar y las laderas, reinventando rostros que sostuvieron mi infancia”.

Del conjunto de cuentos, Al sur es uno de mis preferidos, por la hondura que logra en las evocaciones, por el sentido de nostalgia. Tanquecitos de mi padre tiene, asimismo, ese talante y vuelve a referirse a la dinastía en extinción. Pero no todos los relatos van por ese camino. En algunos, la autora escoge otros senderos. En los más cortos se halla a una narradora suspicaz, con una elegante ironía y un cierto humor, ingredientes que se convierten en la clave de cuentos como Mar sepia y Voyeur. En otras historias aparecen personajes como Judit, la mujer del cuento Días frívolos 2, que en Navidad huye del gentío y se recluye en un hotel; o Rut, la periodista de Necesitaba otra historia.

Uno de los personajes de este libro dice: “todos jugamos a ser lo que no somos y a tener lo que nos falta”. Maritza Cino juega a escribir narrativa y en ese juego subvierte la frase de su personaje, puesto que si bien a lo mejor no se sabía narradora, sus cuentos demuestran que conoce los artilugios y los artificios del buen contar. Ella, por tanto, juega a ser lo que es. (O)

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