Las borracheras y los circuitos cerebrales

12 de Julio de 2015

Según un estudio, beber alcohol en exceso afecta las conexiones cerebrales de los adolescentes.

En España se conoce como botellones la costumbre de consumir grandes cantidades de bebidas alcohólicas en la vía pública, especialmente por los adolescentes. De allí que diferentes estudios han demostrado que las personas que tienen problemas con el alcohol presentan alteraciones cerebrales, en comparación con quienes no lo consumen. Por primera vez, un equipo de investigadores, con participación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha analizado cómo es la conectividad neuronal en jóvenes que toman bebidas alcohólicas en exceso pero de forma puntual, como ocurre en los botellones.

“Nuestro estudio prueba una diferente configuración de ciertos circuitos cerebrales en adolescentes y jóvenes que consumen alcohol de manera excesiva comparados con los que no lo hacen”, afirma Luis Miguel García-Moreno, investigador del departamento de Psicobiología de la UCM y coautor del trabajo.

Los autores analizaron mediante magnetoencefalografías la actividad cerebral de 73 estudiantes que empezaban la universidad. De ellos, 35 (17 chicos y 18 chicas) admitieron tener borracheras ocasionales y 38 (21 chicos y 17 chicas) apenas bebían. Se considera un consumo excesivo de alcohol cuando se llega a los 60/40 gramos de alcohol concentrados en una única sesión.

Los jóvenes no pudieron beber ningún líquido alcohólico las 24 horas antes de la prueba cerebral. Las diferencias registradas en cuanto a conectividad neuronal entre uno y otro grupo tuvieron lugar en estado de reposo, sin que los participantes realizaran ninguna tarea cognitiva. “Cuanto más temprano sea el inicio del consumo, más probabilidades hay de que el daño sea mayor”, alerta el científico.

Aunque falta por procesar gran parte de los datos obtenidos para saber cómo afectan estas alteraciones a los jóvenes, los autores adelantan algunos resultados. “A nivel conductual y cognitivo se observaron algunas dificultades en atención y velocidad de procesamiento, problemas de memoria o perfiles de conducta caracterizados por la impulsividad”, dice el investigador.

También destacan la búsqueda de sensaciones o la atracción por el riesgo, aunque los científicos desconocen si el alcohol en este caso es causa o más bien efecto de estos perfiles. “Podríamos asistir a un desarrollo anómalo de las conexiones cerebrales durante el desarrollo, con consecuencias neurocognitivas futuras”, sugiere García-Moreno, quien recalca que resulta complicado establecer vinculaciones precisas, a falta de más investigaciones.

En el trabajo, publicado en International Journal of Neural Systems, participan la Universidad de Santiago de Compostela y el Centro de Tecnología Biomédica (Madrid). (F)

Fuente: www.agenciasinc.es

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