Comunidad con los hombres

Por Paulo Coelho
08 de Octubre de 2017

El título de esta columna es también el de un hexagrama del I Ching, el libro chino de las mutaciones humanas: la comunidad con los hombres siempre trae buena fortuna. Aquí algunas historias.

Bajar del carruaje
El rabino Elimelekh había dado un bello sermón en aquella ciudad y se disponía a volver a su tierra natal. Con el fin de homenajearlo y mostrarle gratitud, los fieles decidieron seguir el carruaje de Elimelekh hasta las puertas de la ciudad.
En un momento dado, el rabino detuvo el carruaje, pidió al cochero que siguiera adelante sin él, y se puso a caminar junto al pueblo.
“Hermoso ejemplo de humildad”, dijo uno de los fieles a su lado.
“No hay humildad alguna en mi gesto”, respondió Elimelekh. “Estáis aquí vosotros haciendo ejercicio, cantando, bebiendo vino, confraternizando los unos con los otros, conociendo nuevos amigos... todo por un viejo rabino que vino a hablar sobre el arte de la vida. Así que dejemos que mis teorías sigan en aquel carruaje, porque yo quiero participar de la acción”.

El bosque y sus árboles
“Todos los maestros dicen que el tesoro espiritual es un descubrimiento solitario. Entonces, ¿por qué estamos juntos?”, preguntó uno de los discípulos.
“Estáis juntos porque un bosque es siempre más fuerte que un árbol solitario”, respondió el maestro. “El bosque mantiene la humedad, resiste mejor frente a un huracán, ayuda al suelo a ser fértil”.
“Pero lo que hace fuerte al árbol es su raíz. Y la raíz de una planta no puede ayudar a otra planta a crecer”.
“Estar juntos en la misma aspiración y dejar que cada uno crezca a su manera, este es el camino de los que desean comulgar con Dios”.
La tradición oral
Un capitán de la Marina Británica comentó con un sabio sufí:
“Es peligroso transmitir una tradición religiosa solamente a través de historias. Cada persona puede entender de manera diferente el mismo texto”.
“Gracias a Dios que es así”, respondió el sabio. “Porque de esta forma podemos mostrar que la verdad tiene muchas caras”.
“Pero, ¿no temes que puedan interpretar de manera errada tus enseñanzas?”, insistió el capitán.
“Una taza puede contener vino, agua o leche, y seguirá siendo la misma taza. Se puede utilizar un plato para servir carne, frutas o queso, y seguirá siendo el mismo plato. Una historia será siempre la misma historia, la interpreten o no de forma errada.
“Jesús también utilizó este método con sabiduría, y consiguió que su mensaje resistiera el paso del tiempo y el mal uso de algunas generaciones”.

La soledad del espantapájaros
Una vez paseando por un campo, un hombre vio un espantapájaros y dijo: “Debes de estar cansado de estar así en este campo solitario, sin nada que hacer”.
El espantapájaros respondió: “El placer de apartar el peligro es muy grande, y yo jamás me canso de hacer esto”.
“Sí, yo también actúo de esa manera, con buenos resultados”, admitió el hombre.
Y dijo el espantapájaros: “Pero solo vive espantando cosas aquel que está lleno de paja por dentro”.
El hombre tardó años en entender la respuesta: quien tiene sangre y carne en su cuerpo tiene que aceptar algunas cosas que no esperaba. Pero quien no tiene nada dentro vive apartando todo lo que se acerca, y ni siquiera las bendiciones de Dios consiguen acercarse. (O)

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