El historiador de nuestro: Mundo montubio

25 de Enero de 2015
Texto y fotos: Jorge Martillo Monserrate

La pasión ancestral de Sergio Cedeño, un guayaquileño fascinado por nuestro mágico campo costeño.

Sergio Cedeño en la hacienda Cañas junto a una mata de cacao.Él nació bajo una mata de cacao. “Tú ya eres el cronista del campo”, le aseguró Rodolfo Pérez Pimentel cuando lo invitó a formar parte de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Se lo dijo a Sergio Cedeño Amador, quien hace 63 años nació en Guayaquil, pero que desde su infancia ha vivido en el campo costeño entre montubios.

Ese mediodía conversamos en la hacienda Cañas –adentro de Puerto Inca, a 70 kilómetros de Guayaquil–, después de un paseo por huertas y tendales de cacao, árboles frutales nativos en vías de extinción como caimito, níspero, guaijí, marañón, pomarrosa y otros. Las semillas y plantas de esas frutas, Cedeño –como lo hacía su abuelo– las regala a los visitantes para que las siembren. También hay frutos exóticos traídos del extranjero.

Un sombrero fino de paja toquilla da sombra al rostro, pero no a sus historias y experiencias montubias que fluyen luminosas.

Desde niño se crio en la hacienda El Retiro, de su abuelo César Amador Baquerizo, ubicada en Naranjal. “Por eso digo que nací bajo una mata de cacao –dice entre el canto de los pájaros–, fui creciendo en Naranjal y estudiando en Guayaquil. Yo era el único nieto que lo acompañaba, conversando en las hamacas aprendí, poco a poco, parte del folclore, de la tradición oral, de las vicisitudes, alegrías y problemas del cultivo del cacao en esa época. Esa es la vida que me marcó para adorar y apasionarme por el campo y la agricultura”.

Tanto que estudió Agronomía en la Universidad del Zamorano de Honduras. A su regreso trabajó como administrador de la Angélica, en la zona entre Samborondón y Baba, una hacienda con 3.500 cabezas de ganado y 100 hectáreas de arroz. “Pasé cinco años viviendo con los montubios, aprendí a querer estas tradiciones, estas costumbres, estos recuerdos, estas leyendas y los amorfinos”. Con cierta nostalgia recuerda esas noches que a bordo de lanchas o canoas asistía tanto a fiestas como a velorios. Mágicos eventos de vida y muerte. “Los velorios eran al son de la música de Julio Jaramillo y servían arroz de gallina, seco de pato y café pasado”.

Los tesoros montubios

Nació bajo una legendaria mata de cacao porque su tatarabuelo don Serafín Baquerizo fue quien comenzó esos cultivos en 1860. Y las primeras plantas de cacao de la variedad CCN51 –Colección Castro Naranjal 51– según cuenta fueron

creadas en la hacienda de su abuelo César por el agrónomo ambateño Homero Castro. Comenta que desde los años 70-80 hasta ahora, el 90% del cacao que se siembra en el Ecuador es de esa variedad que produce hasta 50 quintales por hectárea.

Sobre la gastronomía típica de la zona montubia, Cedeño dice que el ayampaco de pescado es de Babahoyo y Vinces; el pescado soasado en canuto de caña es típico de Vernaza; que el seco de pato es más común que el de gallina en Palestina, Santa Lucía, Daule, Balzar. Con pesar expresa que peces de agua dulce, como dicas, guaijas, guanchiche, la dama, el ratón, están desapareciendo porque los ríos están contaminados. En honor a esos peces montubios, dice un amorfino: “Yo soy montubio de nación/ Me gusta el caldo de guanchiche/ Y el café con un bolón”. Es cuando evoca a inspirados amorfineros, legítimos poetas montubios, como Pacomio Morán, Terencio Martínez, Manuel Jumbo, Ausencio Avilés. Todos ellos han muerto, se han ido con sus versos a cuestas. Aunque nos quedan don Alfredo Goya en Palestina y algunos poetas montubios en otros pueblos.

Después de un delicioso sorbo de jugo de mazorca de cacao evoca al guaraguo, el rey de los gallinazos, y con admiración me cuenta que ahí, en Cañas, trabaja Eduardo Bajaña: “Es el único montubio que puede decirme cuántas mazorcas tiene esa mata de cacao o cuándo va a llover. Él me dice: Hoy día no va a llover. Y yo le pregunto: ¿Y por qué? Me responde: Porque no pasó el chagüi”.

Todas las historias que cuenta Cedeño Amador se las escuchó a su abuelo o las fue aprendiendo y viviendo en carne propia en sus recorridos por asuntos de trabajo o buscando plantas. Siempre le ha gustado conversar con montubios ancianos y visitar bares, salones y cementerios, en estos últimos, a los guardianes les indaga por difuntos históricos que ya ni sus parientes visitan.

“Un día estoy en Ventanas o Puebloviejo, Baba o Palestina, en Colimes, llevo 25 años deambulando por el campo, voy aprendiendo, tomando fotos y preguntando siempre a los viejos, para que me cuenten sus historias y poco a poco publicar estas memorias del campo, que son parte de la identidad del pueblo de la Costa, que no se pueden dejar perder, por eso creamos la Fundación de Cultura Montubia, en diciembre del 2001”, comenta mientras me convida otro jugo de cacao que lamentablemente casi nadie prepara en nuestra Costa.

Me informa que la fundación nació gracias a amantes del folclore montubio: Germán Arteta, Marigloria Cornejo, Guido Garay, Hugo Mata, Wilman Ordóñez, Esteban Quirola, Rodolfo Pérez, Robespierre Rivas y otros. Durante el verano se organizan eventos, charlas y festivales en torno al folclore en colegios, universidades y hacienda Cañas.

Fue el 5 de agosto del 2014 que Sergio Cedeño Amador se incorporó oficialmente a la Academia Nacional de Historia del Ecuador, capítulo Guayaquil, lo hizo con su discurso Origen e historia del cacao.

Tesoros montubios es título de la obra que desde años atrás el historiador Sergio Cedeño investiga, recopila, clasifica y redacta. “Son varios volúmenes, por eso me estoy demorando, como en una enciclopedia tiene distintos capítulos, por ejemplo, de los pájaros montubios, los mamíferos montubios, los árboles frutales montubios, de las leyendas, amorfinos, y el capítulo del vocabulario será bastante extenso porque lo he ido recogiendo en todos estos años, con las vivencias, con los amigos y por la tradición oral”, dice meciéndose en una hamaca de mocora.

Sergio Cedeño Amador, el historiador de nuestro mundo montubio, nació bajo una mata de cacao. (I)

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