Instruidos y estancados: Generación ‘Limbo’

23 de Octubre de 2011
  • Sarah Weinstein, graduada de Boston University, administra un bar.
  • Ben Shore,quien se graduó de la carrera de Negocios en Universidad de Maryland.
  • Stephanie Morales, una graduada de Artes del Colegio Dartmouth.
Jennifer 8. Lee The New York Times News

Cuando Stephanie Kelly, egresada en el 2009 de la Universidad de Florida, buscó empleo en el campo de su elección, la publicidad encontró pocas posibilidades y aun menos interesados. Así es que ahora tiene dos empleos: “secretaria sénior” de medio tiempo en el Museo de Historia Natural de Florida en Gainesville y redactora independiente en Elfster.com, un sitio web “secreto de Santa”.

¿Acaso Kelly está estresada por no poder forjarse una carrera para la cual pasó cuatro años preparándose? Para nada. Más bien ha llegado a apreciar su vida.

“Puedo cocinar y escribir a mi propio ritmo”, señaló. “Eso me gusta de mi vida”.

Asimismo, Amy Klein, quien se graduó de Harvard en el 2007, de la licenciatura en Literatura Inglesa, no pudo encontrar trabajo en editoriales. En un momento presentó una solicitud para el trabajo de asistente editorial en la revista Gourmet.

Menos de dos semanas después, Conde Nast canceló esa revista de 68 años de antigüedad. “Hasta allí llegó la solicitud de empleo”, comentó Klein, hoy con 26 años.

Una noche se topó con un amigo que le pidió que se integrara a Titus Andronicus, una banda de rock punk, como guitarrista. Otrora eso se habría considerado suicidio profesional. Sin embargo, ponderado contra un aburrido empleo principal, repentinamente, la música tenía atractivo considerable. Así que la primavera pasada subarrendó su habitación en Brooklyn, Nueva York, y recorrió el país en una vieja miniván Chevy. “Estoy logrando mis objetivos artísticos”, dijo Klein.

Conozcan a los integrantes de la que podría denominarse la Generación Limbo: gente de veintitantos años, altamente instruida, cuya carrera está estancada en neutro, adaptándose a trabajos sin futuro y lánguidas perspectivas.

Así que esperan: que repunte la economía, se materialicen buenos empleos, un golpe de suerte.

Algunos lo hacen con amargura, frustrados porque se descarriaron sus carreras bien pensadas.

Otros lo hacen con ansiedad, preguntándose cómo pagarán la renta, los créditos educativos, el costo de la vida; a veces, recurriendo a lo que fuera impensable, las dádivas gubernamentales.

“Hicimos todo lo que se suponía que teníamos que hacer”, notó Stephanie Morales, de 23 años, graduada del Colegio Dartmouth en el 2009 con la esperanza de trabajar en las artes.

En cambio, terminó atendiendo mesas en el restaurante Chart House en Weehawken, Nueva Jersey, con salario de $ 2,17 la hora más propinas, para pagar los créditos educativos. “¿Qué sentido tuvo trabajar tan duro durante 22 años, si no había nada después?”, preguntó Morales, quien ahora es técnica legal y planea estudiar derecho.

Algunos de los compañeros de clase de Morales reciben asistencia social. “No esperas que alguien que acaba de pasar cuatro años en las mejores universidades privadas viva de estampillas para comida”, expresó Morales, quien estima que media docena de sus amigos está en el Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria.

Unos cuantos, incluso, ayudan a estudiantes de licenciatura jóvenes a averiguar cómo presentar solicitudes. “Estamos pasando estas tradiciones sobre cómo trabajar en el mundo adulto como pobres que trabajan”, señaló Morales.

“Inoportunidades”

Sin embargo, también están las personas como Kelly y Klein que se inclinan más al liberalismo.

Debido a que el mercado laboral todavía es débil, su lema bien podría ser: “¿No tiene una carrera? ¿No tiene prospectos? ¡No se preocupe!” (Bueno, al menos por el momento).

Después de todo, gran parte de la situación está fuera de su control, como víctimas de la inoportunidad.

Kelley comparó a sus compañeros de Harvard con los de su hermana mayor, Lauren, quien se graduó de la misma universidad siete años antes. Esos graduados, dijo, estaban obsesionados con hacer carrera, y, ayudados por una economía fuerte, buscaron agresivamente empleos de alto nivel justo al terminar (Lauren es catedrática en la Universidad Estatal de Georgia).

En comparación, Kelly dijo que sus compañeros parecían resignados a esperar el cambio de las corrientes económicas.

“Bastantes personas trabajan en librerías y tienen empleos administrativos con bajos salarios, aunque tienen títulos de Harvard”, agregó. “Piensan más en términos de crearse su propia vida, que les interese, en lugar de seguir una idea convencional de éxito y seguridad en el empleo”.

Los números no son alentadores. Cerca del 14% de los graduados de universidades entre el 2006 y 2010 busca trabajo de tiempo completo, ya sea porque está desempleado o porque solo tiene empleo de medio tiempo, según una encuesta levantada entre 571 graduados universitarios dada a conocer en mayo por el Centro Heldrich en Rutgers.

Y también está el segmento de graduados efectivamente subempleados, que utilizan el título universitario para tener cargos que no lo requieren o para apenas arreglárselas trabajando en centros de servicios telefónicos, bares o tiendas de suministros para el arte.

“Son una generación pospuesta”, expresó Cliff Zukin, un autor del estudio del Centro Heldrich. Notó que pareciera que los graduados recientes viven más tiempo con los padres y les lleva más tiempo tener seguridad financiera. El viaje por el camino de la vida, para muchos, está, esencialmente, estancado”.

El estudio Heldrich también encontró que una parte de los graduados que describió su primer empleo como “una carrera” cayó de 30%, si egresaron antes de la crisis económica del 2008 (en 2006 y 2007) al 22%, si lo hicieron después (en el 2009 y 2010).

Como signo ominoso, esas cifras no cambiaron mucho en los segundos empleos, agregó Zukin, e indicó que los graduados recientes dan tumbos de una esfera a otra.

En efecto, Till Marco von Wachter, un catedrático de Economía en la Universidad de Columbia, quien ha estudiado el impacto de las recesiones sobre los trabajadores jóvenes, dijo que el debilitamiento del efecto sobre los ingresos se llevó cerca de una década.

Entre tanto, los empleos modestos significan vidas modestas. Benjamin Shore, de 23 años, egresó de la Universidad de Maryland el año pasado con un título en negocios y planeaba ejercer como consultor.

En cambio, se mudó de regreso a casa de sus padres en Cherry Hill, Nueva Jersey, y pasó los días buscando trabajo en internet.

Sin embargo, cuando sus padres empezaron a cobrarle $ 500 mensuales de renta, se mudó a una habitación sin ventanas en una casa en Baltimore y aceptó un trabajo de $ 12 la hora en un centro de servicios telefónicos en Baltimore haciendo llamadas de parte de una universidad para alentar a candidatos a volver a estudiar.

“No tiene sentido ser diplomá tico: es horrible”, dijo Shore.

“Tengo formación universitaria que siento estoy desperdiciando al estar ahí”, agregó. “Se supone que debo hacer algo interesante, algo con mi cerebro”.

Shore operó por un tiempo LongevityDrugstore.com, una droguería minorista en la red que él inició, pero no llegó a ninguna parte. Para hacer rendir el salario, hizo fréjoles y arroz en su casa y conducía despacio para ahorrar gasolina. Al final, renunció, consiguió trabajo de estibador y ahora piensa en estudiar Medicina.

Voluntariado

Quizá no sorprenda, pero el voluntariado se ha convertido en algo popular para una generación que busca significado en su trabajo.

Sarah Weinstein, de 25 años, graduada en el 2008 de la Universidad de Boston, administra un bar en Austin porque no pudo encontrar empleo en publicidad. En su tiempo libre es voluntaria estableciendo relaciones con los medios informativos para Austin Pets Alive, un refugio para animales rescatados.

“Sería bueno ganar más dinero”, dijo Weinstein, pero “prefiero esta forma porque tengo tiempo extra para ser voluntaria y buscar otras cosas”.

El voluntariado, no obstante, llega hasta cierto punto. Después de tres años sin un empleo en publicidad, ahora presentó solicitud para ingresar a la licenciatura y actualizar su currículum.

Entre tanto, las personas obligadas a abandonar la carrera de locos están reconsiderando sus valores y buscando satisfacción en otra parte.

“Tienen que revisar las ideas de lo que buscan”, indicó Kenneth Jedding, el autor de Educación superior: sobre la vida, encontrar empleo y todo lo demás que no te enseñaron en la universidad.

Para Geo Wyeth, de 27 años, quien egresó de Yale en el 2007, eso significa adoptar un enfoque de hágalo usted mismo para su carrera. Después de la universidad trabajó en una tienda Apple en Nueva York como vendedor y capacitador, mientras avanzaba en su carrera como músico en una banda de rock experimental.

Ha observado, dijo, un cambio entre sus pares, que se alejan del carril corporativo y adoptan una mentalidad más artística.

“'Tienes que crear las oportunidades tú mismo, y creo que muchos de mis compañeros no pensaban de esa forma”, señaló. “Es el equivalente a montar tu propio puesto de limonada”.

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