Walter Ayoví: Su gran oportunidad

15 de Diciembre de 2013

El esmeraldeño Walter Ayoví Corozo cumplió su gran propósito: salir de la pobreza para convertirse en jugador profesional. Ahora, ya pensando en su retiro, está cerca de jugar su primer Mundial.

Los ecuatorianos aficionados al fútbol reconocen en Walter Orlando Ayoví Corozo a un futbolista con un potente disparo de zurda.

Pero a la edad de 10 años, este esmeraldeño nacido en la parroquia Camarones, cantón Eloy Alfaro, recuerda que otros disparos marcaron su infancia.

“Crecí en el barrio Nueva Esperanza (cantón Esmeraldas), que tenía mucha delincuencia. Había pandilleros que se repartían bala mañana, tarde y noche. Era bala todos los días, como si fuera película del salvaje oeste”, indica el deportista sobre esos años en que asomado por la ventana de su casa solía observar a los delincuentes revoloteando por la zona, pero también miraba con entusiasmo infantil la cancha de indor fútbol al frente de su vivienda esquinera.

En ese campo de cemento comenzó a cumplir sus primeros sueños junto a otros amigos del barrio. “Había un señor con discapacidad que organizaba torneos de fútbol. El Sr. Alcívar (no recuerda el nombre) se preocupaba por la niñez del barrio, nos aconsejaba. A pesar de que no podía caminar, él era la persona más feliz, siempre optimista. Cargaba a sus hijos en una bicicleta, porque no tenía silla de ruedas. Sin duda rescató a muchos niños”, comenta, aunque también recuerda a dos pequeños amigos que murieron en balaceras por haberse unido a las pandillas.

Walter siempre fue un niño tranquilo cuya única ilusión era convertirse en jugador profesional para ayudar económicamente a su familia. “Mis padres se separaron cuando yo tenía 3 o 4 años de edad. Tengo muy buena relación con mi papá, pero mi mamá fue quien mayormente nos crió...”, indica refiriéndose a sus nueve hermanos: Yelin, el mayor, con 53 años de edad, Dayra, Yolina, Yóber, Libio, Marlen, Paola, Alfredo y Merecio. Walter es el menor, quien el 11 de agosto cumplió 34 años.

Rumbo a Guayaquil

Walter recuerda sus memorias durante una visita que realizó hace dos semanas a Guayaquil para ver a su mamá, Olga Corozo, a quien hace siete años le compró una casa en la avenida principal del barrio Samanes 6, en donde vive con un sobrino y tres nietos.

“Walter suele venir a verme y yo lo he visitado allá en México; conozco Monterrey, pero me falta viajar a Pachucha; a nosotros nos emociona que le vaya muy bien”, indica ella con orgullo, quien lo recuerda en sus años de infancia como un niño que a veces se le escapaba de la casa para jugar su gran deporte.

Así también lo confesó Walter durante su paso por esta ciudad, ya que lo encontramos en la sede de la Federación Ecuatoriana de Fútbol para contarnos cómo se convirtió en el número 10 de la selección ecuatoriana.

Todo comenzó cuando a la edad de 15 años su hermana Paola lo llevó a Guayaquil para que siguiera con sus estudios y también aproximarlo a los clubes de fútbol de la urbe porteña.

En aquel primer propósito no le fue muy bien, ya que tras aprobar el tercer año en el colegio Vicente León, Walter abandonó su vida académica para intentar destacarse como jugador del equipo de la Cemento Nacional, lo cual logró porque fue llamado a la selección sub-17 del Ecuador y luego integró la selección sub-23 que compitió en un torneo preolímpico.

Su buena actuación motivó al Emelec a contratarlo después de haber jugado cinco años en la Cemento Nacional.

Allí ocurrió un momento vital en la carrera de Walter: motivado por el director técnico, dejó de jugar como volante para ubicarse como un lateral izquierdo que haga goles.

Y así sucedió. Walter abandonó su clásica posición defensiva para mostrarse como un atacante más que castigaba a los porteros rivales con su disparo de pierna izquierda. “Debía destacarme en esa posición porque la selección de mayores carecía de un lateral izquierdo, y yo podría ocupar ese puesto”, comenta sobre ese momento en el cual también recibió el apoyo del directivo Omar Quintana.

El Emelec de Walter Ayoví quedó bicampeón nacional en los años 2001 y 2002, compartiendo camerino con jugadores como Carlos Alberto Juárez, Daniel Viteri, Augusto Poroso, Otilino Tenorio (+), Wellington Sánchez, Moisés Candelario, Moisés Cuero, Wilson Carabalí, entre otros.

Mirando al exterior

“Mi gran ilusión era jugar en el extranjero…”, así que se sorprendió cuando su representante lo telefoneó para decirle que había cerrado el contrato de compra con Barcelona, en el cual jugó por dos años (2003 y 2004) hasta que fue fichado por el club Al-Wasl de Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

Parecía que por fin Walter cruzaba las fronteras con éxito. Los petrodólares llevaron al jugador al Medio Oriente, donde asegura haberse sentido cómodo, tras lo cual volvió al club Barcelona, para la temporada del 2005. Pero ese regreso lo puso a soñar nuevamente con el mercado extranjero.

Walter ya era un jugador maduro. Tenía 26 años, edad más que suficiente para sobresalir en el fútbol internacional. Pero aún su destino seguiría aferrándolo a los equipos ecuatorianos.

Así llegó al equipo más ecuatoriano de todos: El Nacional, en el cual llegó a encontrarse con el primer director técnico con quien no mantuvo un buena relación: el uruguayo Ever Hugo Almeida.

“No me hacía jugar. Me metía a la cancha. Me sacaba. A veces ni siquiera me llamaba para el banco de suplentes”, recuerda sobre ese duro año 2006 que lo hizo sentirse rechazado por el profesor Almeida.

“Yo siempre he sido muy respetuoso con todos. Así que con mucho respeto le dije que no pensara que allí acabaría mi carrera”, recuerda.

Por fin, su oportunidad

Después de tres años de jugar en El Nacional, Walter Ayoví tenía 29 años. El tiempo corría y, junto a él, un jugador de fútbol suele observar alejarse sus oportunidades de ser contratado por un equipo extranjero.

Pero Walter tenía mucho para ofrecer como refuerzo foráneo, y llegó a demostrarlo cuando como seleccionado del Ecuador jugó un partido amistoso contra México, el 12 de noviembre del 2008 en Phoenix (Arizona, EE.UU.), en el cual el equipo azteca se impuso por dos goles a uno.

Sin embargo, la buena actuación de Ayoví provocó su inmediata contratación para el equipo Monterrey, al cual llegó el 2 de enero del 2009 para enfrentar su gran oportunidad de triunfar en México, siguiendo el camino de jugadores como Álex Aguinaga, Iván Hurtado, Agustín Delgado y Édison Méndez, entre otros.

“Inmediatamente me sentí como en casa. La gente me acogió muy bien. Debuté con un gol contra Estudiantes Tecos, con un tiro de unos 30 metros de distancia, eso me dio confianza desde el inicio”, recuerda sobre sus inicios en un torneo en el cual ha sido campeón con el Monterrey en los torneos apertura 2009 y 2010 y campeón en el torneo internacional Concacaf Liga de Campeones en los años 2010, 2012 y 2013, el cual es el máximo certamen de clubes de la región norteamericana, centroamericana y caribeña.

Y en este año 2013 fichó para el club Pachuca, en donde Walter ahora trabaja por incluso superar sus logros con el Monterrey.

Walter Ayoví se ha colgado repetidamente el cartel de campeón en México, y ahora busca consagrarse en su carrera al jugar su primer campeonato del mundo.

Esto porque a pesar de que integró la selección del 2002 en Japón-Corea, él nunca saltó a la cancha. Tampoco fue considerado en la nómina que jugó en Alemania 2006. Y a Sudáfrica 2010, Ecuador no clasificó.

“Será mi última oportunidad”, destaca el jugador esmeraldeño, quien si el 15 de junio del año próximo salta a la cancha en Brasilia, cuando Ecuador debute frente a Suiza, seguramente recordará que ha recorrido un largo camino para finalmente representar al Ecuador en un torneo de tremenda importancia.

Será así que sus potentes disparos de zurda habrán confirmado que sí les ganaron en potencia a aquellas balas pandilleras que detonaron en su niñez, pero que nunca mataron aquellos sueños infantiles que ahora observa convertidos en realidad. (M.P.)

Fuentes de apoyo: Tricolores (Teleamazonas), Ecuatorianos por el mundo (Ecuador TV), diario La Hora (Esmeraldas).

 

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