Domingo, 07 de Febrero de 2010
Como la mayoría de las muchachas de 16 años que se enamoran y se deslumbran por alguien mayor, yo cometí el error de involucrarme con alguien así, él me llevaba diez años. Al principio me decía que me amaba y me pedía que creyera en él, ya que mis padres estaban en desacuerdo con esta relación. Me decían que él lo que buscaría en mí es llevarme a la cama y burlarse de mi inocencia. Yo discutía con mis padres y les decía que no era así. Pero la verdad es que tuvieron razón.
Mi novio poco a poco se iba acercando a mí y me daba cada día más regalitos. Llegó a convencerme de su amor que caí en sus brazos. Al principio todo marchaba bien, pero después de tres meses de haber tenido relaciones sexuales me dijo que se había dado cuenta de que no me amaba y que no quería hacerme daño. Con esa noticia quedé destrozada, me sentía culpable por haber sido una gran tonta, por haberle creído a él y no a mis padres. Comencé a tener malas notas, no me importaban mis estudios y me deprimí. Por eso escribí a El Especialista, hace tres años, y la psicóloga clínica que respondió mi carta me hizo ver que la vida continúa, que debía valorarme mucho y que no debía descuidar mis estudios.
Decidí llamarla para agradecer sus palabras de consuelo y muy amablemente me atendió vía telefónica y se puso a las órdenes, sin costo alguno, para darme apoyo. Con ella salí adelante y ahora que estoy en la universidad me siento feliz porque me va muy bien y encontré a un chico maravilloso.
Roxana,
Guayaquil