Mi vida sentimental era un caos constante por la falta de comunicación que tenía con mi esposa. Si ella cometía una imprudencia, callaba; si ella me ofendía, callaba; si le pedía de favor participación en asuntos de la casa y me ignoraba, callaba. Así fue durante tres años de matrimonio en los que iban creciendo el resentimiento y la falta de afecto hacia mi pareja. Las peleas eran frecuentes y por detalles absurdos, todo por no dialogar.