Dom - 09 May
Escrito por Ángela Marulanda
No hay duda de que ser padres es un compromiso de gran envergadura que, en el mejor de los casos, implica enormes responsabilidades y no menos contrariedades. Los hijos están ahí para que los amemos … y amarlos es una experiencia que nos exige mucho. Los bebés se orinan y lloran con frecuencia; los pequeños nunca se están quietos y agarran todo; los niños hacen ruido, pelean y no obedecen; los adolescentes no estudian, hacen mala cara y nos mantienen desvelados; y los adultos jóvenes siguen exigiendo mucho y dando muy poco. La inversión financiera que hacemos en su crianza es inmensa … pero la emocional es aún más cuantiosa. Entonces, ¿cómo es que a alguien, en su sano juicio, se le ocurre tener hijos cuando el precio y el esfuerzo son tan altos?