Dom - 15 Ago
Escrito por Ángela Marulanda
Qué pesar que este anuncio solo se encuentre en los hospitales… y no en todas partes, porque buena falta hace. En el agite de la vida actual, el ruido se ha convertido en un compañero constante. En las calles nos aturde la bulla del tráfico; en las tiendas, la música a todo volumen; en las salas de espera y cafeterías, los televisores, los videojuegos, los gritos de la gente, y en todas partes (incluidas las iglesias) nos tortura el continuo repicar de los celulares, y el clic, clic de los mensajes de texto.