Tom Ford, diseñador, modelo, fotógrafo y ahora dirige películas.
Portada de Vanity Fair (Feb. 8, 2006) muestra a Scarlett Johansson (abajo), Keira Knightley y Tom Ford.
Elegantes y actuales son los diseños masculinos de Ford.
En el Festival de Venecia: Tom Ford, Julianne Moore, Colin Firth, Nicholas Hoult y Matthew Goode.
El diseñador se ha pasado al cine y su debut como cineasta, A single man, protagonizado por Colin Firth, ha tenido una gran acogida.
Es una lástima que Tom Ford, el ex director creativo de Gucci e Yves Saint Laurent, que convirtió la sensualidad de mal gusto en moda de altos vuelos en los noventa, no intentara probarse en la dirección cinematográfica antes.
En un miércoles, Ford cruzó un patio en el Beverly Hills Hotel para reunirse con una invitada a almorzar. Su andar era deliberado, con los brazos ligeramente doblados para enmarcar su torso rígido. Mientras se acercaba a la mesa, se quitó los lentes oscuros color té. Olía a granos de vainilla. Cuando se deslizaba a su asiento, Ford inclinó la barbilla hacia su hombro izquierdo, un gesto consciente para destacar su mejor lado, dijo después. Ronroneó un ‘hola’.
Interpretado para tener impacto visual, fue un momento muy similar a su debut como director, A single man (Un hombre soltero), donde el personaje principal, George Falconer, arregla meticulosamente un traje y una corbata para usar en un funeral.
La creación más fascinante de Ford –más que los ajustados pantalones a la cadera que introdujo en 1994 o el anuncio del perfume Opium del 2001 que presentaba a una desnuda y serpenteante Sophie Dahl– es su personaje público. Tanto así, dijo Ford, que sus amigos le han dicho recientemente que les sorprende encontrar a alguien tan aparentemente calculador haciendo una cinta tan conmovedora.
Ford no es alguien que demuestre sentimientos dolorosos. “Pienso en mí mismo como un producto”, dijo mientras ajustaba la colocación de su cuchillo y tenedor. Pero evidentemente esos desaires duelen.
“Tenía un amigo que había conocido por 15 años que dijo: ‘Siempre te he considerado como una hermosa caja laqueada negra con una agarradera de platino de los años veinte, pero nunca supe que había algo dentro de la caja’”, dice Ford. “Pensé: ¿Has sido mi amigo y no sabías que había algo más debajo de la superficie?”.
A single man ha recibido elogios de los críticos, particularmente por el sensible retrato de Colin Firth que hace George, un profesor homosexual de los años sesenta que contempla el suicidio después de que su compañero de muchos años muere en un accidente.
Esos elogios son una especie de triunfo para Ford, que se vio forzado a financiar el proyecto de casi 7 millones de dólares con su propio dinero después de dejar Gucci en el 2004 y anunciar que se convertiría en autor de películas. Fue una transición que algunos en la moda consideraron tenía mucho sentido dada su meticulosa atención a la superficie; y otros pensaron que estaba condenado al fracaso, por la misma razón. El filme no tenía distribuidor hasta que la Weinstein Company la acogió en septiembre, A single man durante el Festival Cinematográfico Internacional de Toronto.
Pero ese tipo de amor recorre solo cierta distancia en Hollywood. Para que Ford tenga un éxito auténtico, la película debe atraer a un público lo más amplio posible, como lo hizo Brokeback mountain en el 2005 (esa película recolectó 83 millones de dólares en las taquillas estadounidenses).
A single man ha conseguido la nominación al Oscar para Colin Firth. También la atención pudiera propulsar a Ford al papel familiar de árbitro cultural. Cuando se le preguntó al respecto, fue demasiado cauteloso para hacer una predicción. Pero es un papel que lo ha eludido desde que dejó Gucci.
En los noventa se puede decir que Ford era el diseñador de moda más influyente de su generación, reimaginando la elegancia de los setenta con un atractivo sexual poco sutil. Bajo su guía, las casas de Gucci y, posteriormente, Yves Saint Laurent florecieron, con Ford supervisando todos los aspectos creativos –moda, publicidad, incluso diseño de tiendas– y volviendo imprescindibles a las marcas. Pero después de una rencorosa disputa con sus jefes, dejó Gucci y se unió a las filas de los otrora poderosos, ahora desempleados.
Al anunciar que su siguiente acto sería la dirección cinematográfica, empezó a pasar más tiempo en Los Ángeles, donde tiene una casa con su compañero de toda la vida, Richard Buckley. “Fue algo así como ¡bueno, películas!”, dijo Lisa Eisner, una editora de libros que ha conocido a Ford durante dos décadas.
Ahora de 48 años, Ford admitió que no estaba preparado para la transición. Su abogado le dijo que se tomara algún tiempo antes de saltar a otro proyecto de alto perfil. Pero Ford se negó. “Pensaba para mí mismo: Voy a enloquecer”, dijo. “Ya no tenía una voz en la cultura contemporánea”.
Como muchos ejecutivos que enfrentan una crisis profesional, Ford lidiaba con su propia identidad. Dijo que luchó contra la depresión y encontró significado espiritual en los escritos de Eckhart Tolle. La cinematografía también resultó humillante. “Pensaba: ¿quién necesita una película de Tom Ford?”, dijo. En Gucci, era una superestrella diseñando 16 colecciones al año. Pero en Hollywood era solo otro cineasta primerizo, aunque con amigos bien conectados.
Como lo expresó Eisner: “Eres el rey del mundo, y luego no lo eres. Para él fue mucha inactividad, y él no tiene inactividad”.
En el 2006, Ford compró los derechos de A single man, la novela de 1964 escrita por Christopher Isherwood, junto con un guión de David Scearce, el cual Ford decidió reescribir. Para prepararse, leyó libros, incluido On directing film, de David Mamet.
Mostró un primer borrador a un ejecutivo de estudio cinematográfico, quien le dijo que contratara a un profesional. Trató de colaborar con un guionista, pero no estuvieron de acuerdo. En general, Ford dijo que revisó el guión 15 veces en menos de dos años.
La historia seria –suicidio, muerte, romance trágico– fue una desviación del Tom Ford de Gucci a quien le gustaba provocar (en uno de sus anuncios de Gucci más polémicos, una mujer tira de sus pantaletas para revelar una parte de cabello con la forma de una G).
“Cuando me enseñó por primera vez el guión, quedé consternada”, dijo Arianne Phillips, la diseñadora de vestuario de la película. “Si esta era la película que Tom Ford el director quería hacer, no conocía a Tom Ford la persona. Cuando la gente piensa en Tom, piensa que tiene relaciones sexuales un millón de veces al día”, dijo.
El tema, además, hizo difícil que Ford consiguiera un estudio que financiara su película. Sus amigos le dijeron que creara una cinta corta para demostrar lo que podía hacer. Ford dijo que tuvo un acuerdo verbal con dos inversionistas el año pasado pero el acuerdo se frustró después de que la bolsa de valores tambaleó.
Sus agentes, comentó, le sugirieron que no pagara él mismo la producción de la cinta. Pero Ford ganó mucho dinero en Gucci, y decidió hacerlo. Además, le permitía algo que aprecia mucho: el control creativo total.
En una escena, el contenido del cajón de medicinas de George está acomodado en una rejilla de manera muy similar al cajón en casa de Ford. “Impuse mi estilo a todo. Cada cosa es como yo”, comentó.
En otra escena, Charley, la amiga cercana y ex amante de George, interpretada por Julianne Moore, se maquilla antes de cenar, con un ojo al desnudo, el otro elaboradamente pintado. “Fue artístico y un artificio a la vez. Fue cuidadoso sobre lo que quería comunicar”, dijo Moore.
Pero hay paralelos más oscuros también. Cuando George se prepara para suicidarse, se arrastra al interior de una bolsa de dormir, con una pistola en la mano, para así no manchar la sábana blanca.
Ford dijo que un familiar suyo murió así, incluso preparó las prendas para su funeral, como hace George en la película.
Por supuesto, dirigir actores es diferente de hacer posar a modelos en anuncios o en la pasarela; los actores hablan y, a menudo, responden. Lo que podría sorprender más a los espectadores sobre la cinta son las actuaciones ricamente humanas que Ford provocó; o, al menos, permitió.
Con una breve filmación de 21 días, el director y actores discutieron en gran medida los personajes con anticipación, o, si Ford quería algo específico, fue descrito en el guión. “Nunca intervine para decirles cómo pronunciar una frase”, dijo. Dio a Moore y Firth su libertad. “En cierto momento empecé a murmurar y mover los hombros”, dijo Moore de la escena donde Charley se aplica el maquillaje. “No estaba en el guión, pero se sintió bien. No habría podido hacerlo si Tom hubiera estado sobre mí diciéndome qué hacer”.
Dicho eso, añadió, “Tom tiene completa y totalmente el control todo el tiempo”.
El 14 de septiembre, el Isabel Bader Theater en el Festival Cinematográfico de Toronto estaba lleno de ejecutivos de estudios, directores, agentes de talento y espectadores curiosos que querían ver lo que le llevó a Ford cinco años de producción. La cinta había sido calurosamente recibida días antes en el Festival Cinematográfico de Venecia, donde Firth ganó como mejor actor. Y aunque también fue aplaudido en Toronto, solo surgió un comprador: la Weinstein Company, que pagó dos millones de dólares por derechos de distribución en Estados Unidos y Alemania, según personas informadas de la oferta.
El problema, dijo un ejecutivo en un estudio rival que decidió no hacer una oferta, no fue la dirección de Ford. La película es difícil de comercializar. Aun ahora, la Weinstein Company ha sido criticada por cortar el tráiler original de Ford, retirando un beso entre George y su pareja. Ford dijo que estaba de acuerdo con los cambios en el avance solo para que pudiera ser mostrado a un público más amplio.
Ford ha pasado tanto tiempo de su vida forjando su personaje público, que eso lo lleva a uno a preguntarse si esta película es otro intento de renombrar a Tom Ford, el productor. Insistió: “Sería la última cosa calculada que hiciera”.


