Mádaba. Mosaico en la iglesia de la Virgen María.
Detalle de Jerusalén en el mosaico de Tierra Santa. La técnica utiliza piedra o cerámica.
Trabajos en un almacén en Mádaba, llamada la Ciudad del Mosaico.
La piedra reclama ambiciosos propósitos estéticos en Mádaba, a 45 kilómetros al sur de Amán, capital de Jordania. Diseños geométricos, figuras humanas, paisajes, detalles de la naturaleza o mapas se asoman en las obras que actualmente constituyen el mayor trofeo artístico de una visita a ese poblado asiático. Pero la justicia histórica exige para tales trabajos mayor importancia que la de un simple souvenir.
Jordania se jacta de haber conservado numerosos mosaicos bizantinos, realizados mayormente en el siglo VI por artistas locales que crearon una escuela que hoy constituye un orgullo nacional. El mosaico más famoso es el antiguo mapa de Tierra Santa (Egipto, Siria, Israel y región de Palestina), exhibido en el piso de la iglesia de San Jorge, de Mádaba, como documento único que detalla la ubicación de 150 lugares, entre ellos el río Jordán, el mar Muerto, el río Nilo, Jerusalén y Belén. También se destacan los mosaicos bizantinos que adornan la iglesia de la Virgen María y el suelo de las construcciones del monte Nebo, en cuya cumbre, según la tradición cristiana, Dios le mostró a Moisés la tierra prometida que disfrutarían sus descendientes.
Las antiguas civilizaciones helenística y romana, entre otras, también rindieron culto a este arte que servía para decorar los muros, columnas, pisos y fachadas de los edificios más importantes como muestra de lujo.
Hoy, el gobierno de Jordania mantiene un programa para preservar esta disciplina a través de una escuela artística que enseña la elaboración de este trabajo, el cual suele ser transmitido a personas con discapacidades (y mucho talento) para proveerles de una actividad económica. Esas piezas son luego expendidas a los habitantes y turistas como una manera de afianzar local e internacionalmente su posición como pueblo que protege su pasado histórico.




