Dom - 07 Mar
Escrito por Leopoldo Brizuela
Las ciudades son eternas, dicen. Sin embargo, todo viejo siente que ‘su ciudad’ ya no existe. Aun en los barrios más antiguos de Lisboa, que conservan su atmósfera por interés turístico y cierta dejadez, se los ve, a los viejos, siempre abstraídos y solos, librando como pueden un combate constante contra las callecitas impracticables, los peldaños desgastados y las barandas endebles, las resbalosas vereditas de basalto, y esos tirabuzones crujientes de madera que suben a sus casas y que un día ellos ya no bajan, vencidos para siempre por el hartazgo, el temor o la artrosis.