Salir al extranjero provoca episodios inolvidables, pero también riesgos. Aunque un turista prevenido puede evitarlos. Mencionamos cuatro situaciones reales que pueden ocurrir en cualquier destino.
París
Caminar por la avenida Campos Elíseos es una de las experiencias obligatorias para cualquier visitante en la capital francesa, por eso, el guayaquileño Ernesto Carrera lo hizo con un grupo de amigos sin pensar lo que le esperaba. “Queríamos tomarnos una cerveza en algún bar de esa famosa avenida. Entramos a un local y el mesero nos preguntó qué deseábamos tomar. Sé algo de francés, así que le pedí las cervezas, pero a los pocos minutos apareció el hombre con una botella de champaña que procedió a destapar inmediatamente, sin darnos tiempo a decir nada”, comenta.
El desenlace es fácil de imaginar. El mesero les exigió que pagaran como cien euros por la champaña, lo cual tuvieron que hacer porque comenzaron a rodearlos unas personas robustas y malencaradas, probablemente de la seguridad del local. “Fue ver cómo un sueño se convertía en pesadilla, pero aún así disfrutamos de las bellezas de la hermosa París”, detalla.
Roma
La página web Tima2 relata que en las afueras del famoso Coliseo Romano, joya de la capital italiana, en ocasiones operan unos estafadores disfrazados de gladiadores, quienes invitan “amablemente” a los ingenuos turistas de la zona para que se hagan una foto con ellos. Lógicamente, muchos aceptaban pensando que la gráfica será un hermoso recuerdo que llevarán a sus hogares. Sin embargo, la historia no termina agradablemente, porque al final de la espontánea sesión con los ataviados modelos los turistas son obligados a pagar 10 euros por cada foto sacada, dinero que los gladiadores intentan cobrar -casi espada en mano- con modales bastante más rudos que los empleados para conquistar a sus víctimas. Este tipo de timos no es exclusivo de Roma, por supuesto, de hecho suele ocurrir en muchas grandes ciudades turísticas donde los gladiadores pasan a ser toreros, estatuas, payasos o cualquier disfraz que sirva para tal propósito.
Tumbes
El cruce fronterizo entre Huaquillas (Ecuador) y Aguas Verdes (Perú) resulta un área para estar alerta, según Carlos Vergara. “Venía de Máncora y me quedé en Tumbes para tomar un bus que me lleve a Guayaquil, pero al llegar al centro de esa urbe, a eso de las 18:00, me enteré de que no habría transporte hasta la mañana siguiente. Como era domingo yo necesitaba viajar esa misma noche porque debía trabajar.”. Fue entonces que lo abordó un taxista que le ofreció llevarlo a Huaquillas por $ 80, tarifa que también incluía el pasaje en furgoneta desde esa población a Guayaquil. “Acepté, pero cuando llegamos a Aguas Verdes me llevó a un gran parqueadero. Allí me dijo que debía pagar un impuesto de cruce de $ 40 extras, el cual me negué a cancelar”. Todo esto mientras aparecía el guardia del garaje, armado con cartuchera, exigiendo también que se pague el impuesto. “Reclamé, pero me forzaron a págar. Luego me dejó abandonado en Huaquillas”.
El Faro
Esta rústica población portuguesa, enclavada en la frontera con España, resultó el escenario donde Charlie Pérez, español radicado en Guayaquil, fue víctima junto con su esposa y un amigo de una mala experiencia. “Llegamos a un restaurante donde se exhibía un letreto que decía: ‘parrillada de mariscos a 30 euros’. El plato se veía lo suficientemente grande para los cuatro, así que tras confirmar el precio solicitamos que nos lo sirvieran”. El mozo les llevó abundantes porciones de comida que los turistas asumieron era parte de la parrillada, ya que en Barcelona, considerado un destino caro, se sirvieron un plato similar por una tarifa parecida. Pero luego se dieron cuenta de que en El Faro la situación era distinta.
“Al final del banquete nos llegó una cuenta de 130 euros. Reclamamos pero de todas maneras tuvimos que pagar la cuenta”. Luego averiguaron que esa táctica era común en ese balneario y en otros destinos donde sorprenden a los turistas.
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