Los padres deben enseñar a sus hijos desde temprana edad lo que significa ejercer una actividad laboral, para que cuando crezcan no sean renuentes a realizarlas. Cuando los hijos salen de la escuela o colegio es común inscribirlos en una actividad lúdica y didáctica en un vacacional. Pero llega un momento en donde son tantas actividades en las que se los involucra que impide a los padres disfrutar de ellos, conocerlos más y comunicarse mejor.
Una buena opción para que ambos se integren y que al mismo tiempo, los niños y adolescentes, puedan descubrir sus capacidades, potencialidades de gestión y relación con el mundo real, es mediante el ejercicio laboral en vacaciones, según Miriam Rojas, asesora Integral en Comunicación para el Desarrollo.
¿A qué edad empezar? El psicólogo Samuel Merlano cree que los niños deben comenzar a participar en temas de colaboración y trabajo en equipo, en su propia casa, desde los seis años de edad porque hasta los 9 o 10 años se forma el 80% de la personalidad, tiempo adecuado en que se fortalece esta actividad.
No obstante, si en la etapa infantil no se establecen los hábitos laborales, cuando lleguen a la adolescencia serán renuentes, resistentes y no adaptados a una vida de trabajo. “Actualmente los chicos no tienen una aptitud hacia este”, dice Merlano. Primero por el contramensaje que algunos padres y la sociedad les transmiten como que el trabajo es un sacrificio, doloroso, cansado, no es bien remunerado y, sobre todo, por las concepciones religiosas se lo ve como un castigo. Segundo, porque no se motiva a los niños a hacer actividades correspondientes a su propia edad que sean divertidas, de bajo esfuerzo y de poca responsabilidad.
Experiencias con éxito
La psicóloga clínica Balbina Salazar de Thoret dice que cuando a los hijos se les enseña a trabajar desde niños se crían más independientes, afianzan su autoestima, adquieren más seguridad en ellos mismos y se sienten capaces de realizar sus metas a temprana edad. Y por todo ese aprendizaje a través del tiempo son más tenaces, su capacidad mental es más elevada, disfrutan de un nivel socioeconómico más alto, suelen llegar a ser líderes y personas muy populares, porque aprenden a manejar mejor su comportamiento y ciertas actitudes que no tienen los jóvenes que no han logrado trabajar desde muy temprano.
“Mis hijos, ahora 30 y 28 y 25 años, empezaron a trabajar en el negocio familiar como entrenadores de natación desde que tenían doce años. Su abuelo Gastón Thoret Marcos fue quien los incentivó para que cuando crecieran aprendan a ganarse su propio dinero, a tener decisiones propias, a manejar presupuestos y conocer la diferencia entre gustos y necesidades. Ellos recibían una mesada semanal por el trabajo. Más bien era un valor simbólico que les dio iniciativa para el ahorro y cuando crecieron aprendieron a valorar el dinero y les dio una mejor solidez en su educación integral”, asegura Salazar.
Marlene González, de 57 años, hizo lo mismo. Es partidaria de que a los hijos se le debe enseñar a trabajar desde muy pequeños. Ella acostumbró a sus cincos hijos (38, 37, 33, 26 y 18) desde que tenían dos años de edad que debían recoger sus juguetes y dejarlos en su lugar y a medida que fueron creciendo les distribuyó a cada uno una tarea como obligación ya sea: arreglar la cama, limpiar el cuarto, lavar los platos o botar la basura, entre otras. “Incluso como siempre se desempeñó en ventas los integró a su trabajo para que vayan aprendiendo el negocio”, dice.
Su hijo menor, Hernán García, asegura que el haber tenido desde pequeño responsabilidades en la casa fue excelente, para su desarrollo emocional y la adquisición de responsabilidades. “Los jóvenes ahora viven en un mundo ficticio: todo es salir, disfrutar, beber, y no tienen idea del concepto de la familia y del valor del trabajo. A mis 16 empecé hacer pasantías en una empresa y a los 18 fue contratado como asistente contable”, asegura.
Vocación hacia el futuro
Cuando los chicos son adolescentes, entre los 12 y 18 años, y se los ha incentivado a realizar una actividad laboral, Merlano dice que tendrán más claro su vocación hacia el futuro y su decisión por su carrera profesional debido a que con las experiencias previas van identificando mejor su talento y habilidades. Incluso, señala Rojas, los hijos descubrirán sus propios valores y verán los de sus progenitores. Aprenderán, además, la importancia de ser puntuales, disciplinados, honestos, honrados y lo que es ser un profesional, entre otras.
También, agrega, van a socializar y a desarrollar seguridad. Se enfrentarán al mundo real y descubrirán su utilidad. Asimismo podrán autoevaluar sus propios conocimientos, actitudes y habilidades, para hacer las cosas que el entorno les exige, tales como el uso profesional de los medios tecnológicos (teléfonos, internet o fax). En el aspecto económico van a valorar la relación tiempo-dinero. Sentirán lo fácil o difícil que es ganarse la vida, aún más por sus propios esfuerzos. Lograrán comprender que para llegar a lo que deseamos debemos comenzar, muchas veces, desde las posiciones menos deseadas.
Asimismo, dice Rojas, comprenderán que todo trabajo y cualquier posición que sea, es importante y tiene un impacto en la sociedad.
Y en lo familiar, dice Merlano, los chicos van a contribuir de una manera más formal y responsable en los gastos familiares y empezarán a ser buenos administradores de sus propios recursos; es decir sabrán controlar sus propios gastos a nivel familiar y personal.
También tendrán una mejor proyección de futuro como adquirir bienes, desarrollar negocios o se pagarán sus estudios. Por último, socialmente serán emprendedores y productivos. Esto conlleva a que cuando sean adultos sean generadores de trabajo, crecimiento económico e innovación social.
Comentarios (1)

Escribir comentario





espirituales son importantes en el desarrollo moral y ético del adolecente, enseñarles a orar y que sepan como se llama DIOS, (Jehová) leer la bÍblia para saber que espera DIOS de nosotros, para que Él (DIOS)se sienta bien y que nos tenga misericordia por tantos pecados que cometemos a diario. El amor y el respeto al prójimo es importante en el diario vivír, por que así no tendrá problemas y cultivará buenas amistades y será respetado y aceptado en cualquier vínculo social. Creo que esa es la clave para que nuestros hijos sean hombres de bien en el futuro y la sociedad tenga buenos profecionales, buenos representantes, dignos gobernadores, honestos administradores, no la política podrida actúal que nos tiene oprimidos y desesperados.Pero esos, ya tienen su castigo y Dios les tenga misericordia.
GRACIAS A USTEDES........ROBERTO ROSERO