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Yendo a la iglesia, haciendo labor social, farreando y sin creer en lo tradicional cinco personajes celebran la Navidad a su manera.
Más allá de la fe
Apesar de ser ateo y humanista, David Castillo, arquitecto de 36 años, también disfruta junto a su novia y su familia de la época navideña. “Si bien nosotros no compartimos el carácter religioso ni el comercial, sabemos que la gente que nos rodea sí está esperando algo. Por eso, mi enamorada y yo hemos optado por divertirnos haciendo galletas y dado que las personas esperan un regalo comercial, se las obsequiamos, como muestra de nuestro aprecio”, dice. “La Navidad pierde ese significado especial cuando la vives todos los días. Y así es como debería ser”.
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‘No soy un Grinch
Andrés Pelaccini, presentador del programa ‘Cómplices’ de Canal Uno, no se considera un ‘Grinch’. Simplemente le da a la Navidad otro sentido, el cual “despertó” cuando tenía 21 años. Se dijo: “Hay tanta gente que no tiene cómo festejar Navidad y llega a amargarse por esa razón, ¿ese es el fin de esta festividad? No”. Para Andrés, el 24 y el 25 de diciembre “lamentablemente son días comerciales”, por lo que esta fecha simplemente se reúne con su familia y ve cómo esta la celebra. No se amarga, pero no comparte sus creencias. No obstante, ahora que va a ser papá dice que no le va a quitar la ilusión a su hijo de tener “navidades normales”. Es más, le dará su respectivo obsequio. Pero cuando tenga la edad suficiente para discernir los conocimientos le piensa transmitir su verdad.
Él se farrea la Navidad
Por obligaciones académicas casi nunca Santiago Santos, estudiante de 22 años, ha podido reunirse con su familia en la isla Puná en Navidad. Pero él no se complica, llama a sus mejores amigos para reunirse el 24 muy temprano en alguna de sus casas a cocinar “lo que se pueda”, y de ahí ir a “festejar como se debe”.
A las once de la noche ya están listos con sus mejores trajes para ir a la disco del momento. Y a las doce él y sus aliados farreros ya están en la pista de baile esperando desearse una ¡Feliz Navidad! Lo único que le resulta “un poco melancólico” es saber que todas esas personas que en ese momento están con él no están con sus seres queridos. Pero no es algo que lo bajonee. “Compartimos el dolor y lo transformamos en alegría. Esa es la clave”, concluye Santiago.
Fiel a la tradición
Desde que era una niña vive con intensidad esta fecha. María Auxiliadora Alvarado recuerda cómo año a año iba con toda su familia a misa de gallo y cantaba con sus primos villancicos. Cuando se casó se fue a vivir con sus suegros, pero ellos no festejaban la Navidad como ella. Sin embargo, esto no impidió que su nueva familia se acoplara a su sentir navideño.
Año tras año colocaba el árbol, el nacimiento y cocinaba la cena. Pero esto no era lo más importante, son “cosas superficiales”, manifiesta. El propósito era inculcar en sus hijos el verdadero significado de la Navidad: “Estar en comunión con Dios, transmitir paz y, sobre todo, orar para que las personas se acerquen más al Creador”.
Ahora organiza las novenas para la gente de su barrio, en la ciudadela Huancavilca. Es la líder de un grupo de personas católicas que quieren festejar el nacimiento de Jesús.
Narices que arrancan sonrisas
Aunque no necesitan una fecha específica para llenar de alegría los lugares que visitan, los clowns de la Fundación Narices Rojas no dejan pasar la época navideña para compartir con los niños y cualquier persona a quien puedan arrancarle una sonrisa o un abrazo. “Todos los días que vamos a algún lugar vulnerable, a algún hospital, es un día especial para nosotros”, cuenta Cecilia Salazar, coordinadora de la Fundación y del Voluntariad, mejor conocida en el mundo clown como la Dra. Chechi Lo-Cura. “En cada una de las visitas cada clown aporta mucho de sí y cada dupla que entra a una sala vive su momento mágico”. Pero esto no termina allí. Chechi asegura que la nariz es un significado que te acompaña el resto de tu vida.
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