Qué pensaría usted de una persona que todos los días, antes de salir a la calle, se preocupa más sobre cómo llegar a salvo a su destino que sobre el propósito de su salida. O de alguien que ha tachado, por temor personal, sectores enteros de la ciudad de su lista de posibles lugares adonde ir. O que, al leer el diario, siente que las noticias de primera plana se refieren a temas sumamente extraños, bizarros, como si se tratara de gente de otro mundo con otros intereses, otra realidad muy lejana a su naturaleza y su entorno natural. Como que todo anduviera al revés, con las prioridades alteradas y sintiendo impotencia, vulnerabilidad e indefensión.
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