En México matan periodistas. Los narcos los llaman a las redacciones a decirles qué escribir y qué no.Las cifras son de escándalo: 11 periodistas muertos en el 2009; 57 desde el 2000. La situación del periodismo en México es “más que dramática”, según lo denunció hace poco la organización Reporteros Sin Fronteras. El narcotráfico y el poder detrás de ese negocio de terror ha desembocado en un proceso crítico para los comunicadores de este país, sobre todo en las zonas con mayor influencia de los carteles de la droga.
“Tú solo tienes que informar. Ni investigas, ni opinas ni editorializas”. La amenaza la escucha Juan Cuevas, al otro lado de la línea telefónica, según recoge la AFP. Él, director de un diario del estado de Guerrero, sabe muy bien lo que es el que un narcotraficante lo llame y le quiera dar directrices. Como Cuevas hay decenas de reportes de periódicos pequeños en los que el periodismo de investigación, a punta de una advertencia que dibuja una pistola en la cabeza, ha desaparecido.
Los informes hablan de redacciones de ciudades en las que la autocensura campea, de cadáveres de periodistas que un día pueden aparecer con un cartel que dice: “Esto me pasó por escribir lo que no se debe”, o de periodistas que deciden abandonar el oficio.
La situación parece inverosímil cuando uno se detiene a reflexionar hasta qué punto el asunto es inmanejable cuando la Procuraduría General de la República ha creado una Fiscalía Especializada en Delitos contra Periodistas. O cuando se lee que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó solicitar casi $ 800.000 para montar este 2010 un programa de protección a periodistas que incluye crear una casa refugio para comunicadores amenazados y en riesgo.
¿Qué llevó a México a este doloroso trance? ¿Qué llevó a una parte de la sociedad mexicana a privarse de la posibilidad de una prensa libre que la informe sobre las podredumbres que la acechan? Me saltan estas dudas y me pongo a pensar en Ecuador, un país hasta hace muy poco vía de tránsito de la droga, pero que hoy, tras operativos policiales, ha demostrado ya visos de ser un productor de coca con laboratorios que ya no solo están en la frontera con Colombia, sino que llegan hasta el área urbana de Guayaquil, algo impensado en el pasado reciente (la Policía decomisó casi 70 toneladas de droga Ecuador Inmediato (audio de entrevista a Director Nacional de Antinarcóticos) en el 2009, mientras que en el 2008 fueron 30).
Hay que mirarse en el espejo de México. La droga trae todo un proceso sufrido en Colombia, vigente en México (delincuencia organizada, extorsión, lavado, secuestro, sicariato...). Y también vomita amenazas a la prensa que quiere informar de ello con seriedad, analizando los procesos, tratando de entender el bosque en medio de las ramas.
Yo me pregunto por todos esos periodistas que están ajenos a los centros de poder tradicionales de Quito y Guayaquil. Todos esos reporteros que trabajan para medios pequeños que en algún momento intentarán tocar los temas espinosos. ¿Tienen alguna posibilidad real de ejercer, con la seguridad que debe garantizarles el Estado, un periodismo que hurgue en esos entresijos?
Miremos ese espejo mexicano. Ellos, algún día, tuvieron los atisbos de que algo grave se les venía. Y su clase política, aquella que ejecuta las políticas de seguridad, no reaccionó. O no quiso reaccionar.
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