Up in the air: sicarios laborales de dos generaciones, Anna Kendrick y George Clooney.
¿Convertir en comedia la recesión de un imperio? El director Jason Reitman hace un honorable intento.
Ha habido antecedentes en la época dorada de Hollywood (¿alguna vez no lo fue?). En plena debacle de Wall Street, a fines de los años veinte, las pantallas se inundaron de comedias donde lo que menos se veía eran las pavorosas filas de gente esperando entrega de cupones para la comida diaria en las oficinas de ayuda social.
El público mundial se inundó con musicales, historias de gánsteres y grandes melodramas, con leyendas como Greta Garbo, Norma Shearer y otras divas legendarias. Hubo excepciones, pero allí no me quedaría espacio para lo que nos trae Up in the air ahora. En español debería ser En las alturas, pero no: aquí es Amor sin escalas.
La experiencia de la producción de esta película fue un “antes y después” para su joven creador, Jason Reitman, realizador de Juno, quien escribió el guión en el 2002, mucho antes de la terrible crisis financiera del 2007, cuando comenzó la producción del filme. Ese detalle parece haberse infiltrado sutilmente en la trama.
Queremos reírnos en algunas de las situaciones, pero el asunto es tremendamente amargo. El protagonista es un sicario laboral. Un simpático ejecutivo en una empresa que se dedica a hacer el trabajo sucio que no quieren hacer los clientes: botar a gente de su trabajo sin tener que entrar en el descalabro que eso significa para sus administraciones.
Y si el hombre es George Clooney, las cosas se pintan hasta glamorosas. Eso parece al principio, cuando seguimos la vida aviatoria –el hombre se pasa en aviones por su oficio para llegar a diversas ciudades del país– en aeropuertos, hoteles y bares, donde los encuentros casuales se dan constantemente, especialmente el de Álex (la estupenda actriz Vera Farmiga), que tiene una vida “en el aire” muy parecida a la de él.
Alrededor de Bingham (Clooney) también advertimos otra realidad: las caras de las personas que reciben las terribles noticias de su despido. Allí la película entra en dimensiones inesperadas.
Reitman usa a gente real y no actores en estas escenas, personas que habían sufrido exactamente lo que cuentan en la película. Estas vidas trastornadas inesperadamente por un sistema capitalista llevado a sus abismos más recónditos comienzan a minar lo que parecía una comedia del montón.
Cuando el jefe de Bingham contrata a una chica de otra generación (Anna Kendrick, una revelación) para un proyecto todavía más drástico –terminación laboral vía internet–, la película da otro giro.
Cuando ya ni siquiera importa el acercamiento humano en tan dolorosas condiciones, el protagonista comienza a cuestionarse algunas cosas. Entonces en el filme sí hay escalas, porque las lecciones parecen aflorar. Digo “parecen”.
Up in the air nos deja un sabor agrio, como cuando hacemos una visita a un lugar donde el calorcillo de los seres humanos se ha esfumado y lo único que importa son los beneficios inmediatos de vidas plastificadas, literalmente.
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Comentarios (1)

escrito por Jessica Quintana , febrero 02, 2010
Me gustan los comentarios de Carlos Ycaza, revisa las películas desde distintos ángulos. Interesante relacionar esta película, entretenida, pero sin mayor trascendencia (a mi criterio) con la situación del mundo. chévere! Ojalá comentara la película La vida de los Otros.
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