Escrito por Carlos A. Ycaza
Todos los tiempos conviven o fluyen”, decía Roberto Bolaño. Especialmente en grandes obras artísticas, uno se sumerge en universos desconocidos, pero que al terminar de descubrirlos ya son parte de nuestra propia vida. Esto me ha sucedido con algunas películas, pero es difícil explicarles lo que uno siente ante la misteriosa seducción de un filme como Blow-Up (Deseo de una mañana de verano le puso la MGM en América Latina a su estreno en 1966). Y si uno lo ve acompañado de veinteañeros ajenos a las películas del director italiano Michelangelo Antonioni, la experiencia se podría tornar más peculiar.