Escrito por Carlos A. Ycaza
Para un mono que vivió en Quito durante un tiempo, regresar a la capital siempre ofrece novedades que van de la mano con algo de “pica” por lo que los costeños nos perdemos. A pesar de un tráfico de pesadilla y la constatación de que zonas céntricas en horas oscuras se convierten en zona roja, esta capital es única en América Latina, especialmente por su inmenso Centro Histórico, que es imposible de comparar a ningún otro. Allí, además de viejos palacetes convertidos en hoteles-boutique, se encuentran los registros de la memoria colonial del país en edificios, museos y monumentos, todo en medio de una barriada extraordinariamente activa que se desenvuelve sobre piedras y adoquines de hace varios siglos.