"Parte fundamental de nuestra función como padres es tener el valor para alimentar en los hijos los dones que precisan promover la amabilidad en sus relaciones".
Es cierto que los niños, en todas las épocas han sido, a veces, crueles con sus compañeros, pero hoy la agresividad y la deslealtad entre ellos ha llegado a extremos insospechados, y la crueldad es cada vez más frecuente en sus relaciones. Por eso, urge más que nunca fomentar buenos sentimientos en nuestros hijos.
Como la bondad de las personas emana del corazón y los padres somos quienes ocupamos el primer lugar en el de los hijos, nosotros estamos en la mejor posición para cultivarles las virtudes que los conducirá a actuar en forma bondadosa.
Cuenta una leyenda que un buen día un viejo cacique Cherokee le explicaba a su nieto la batalla que libramos los seres humanos para acoger el bien y rechazar el mal, con el siguiente relato: “Hijo, todas las personas enfrentamos constantemente una lucha entre dos fuerzas: una que nos anima a obrar bien y otra que nos impulsa a actuar mal. Es como si dentro de nosotros viviesen dos lobos que pelean ferozmente. Uno malo y feo, que vive lleno de ira, envidia, resentimiento, soberbia… por lo que odia y hace daño a los demás. Pero no logra nada provechoso.
Y otro lobo que es bueno y bello: alegre, generoso, honrado, amoroso… Vive en armonía con el mundo y es bondadoso con todos. Solo se defiende cuando hace falta y en la forma apropiada.
A menudo es muy duro vivir con estos dos lobos dentro de nosotros, porque ambos tratan de dominar nuestro espíritu”, terminó diciendo el abuelo.
El niño pensó por un momento y luego miró a su abuelo a los ojos para preguntarle: “¿Y cuál de los dos gana?”.
El anciano le respondió: “¡Aquel al que más alimentes!”.
Parte fundamental de nuestra función como padres es tener el valor para alimentar en los hijos los dones que precisan promover la amabilidad en sus relaciones. Es en el seno de nuestra familia donde ellos desarrollan la fortaleza espiritual para enfrentar un mundo difícil y hacer la diferencia cuando más se precisa. Recordemos que nuestros hijos son el legado que le dejamos al mundo y, en esta medida, son el testimonio vivo de la grandeza de nuestra dedicación y amor por ellos.






